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viernes, 22 de septiembre de 2023

Corpus latinoamericano de poesía CF

 En estos días me han invitado virtualmente a la Feria del libro de Cochabamba. Yo feliz en la grupa de wasap conociendo escritoris y textos. Entre elles, JP Cifuentes Palma me llega con podscard y proyecto de investigación y visibilización de la poesía de CF. Le cuento por wasap el cuento de nuestro concurso 2020 del FNA y toda la polémica. Le mando mi libro en PDF. Pesco en su muro este corpus que va armando y ya quiero leer.













martes, 18 de agosto de 2020

Dejate de llorisquear y arremangate que el canon lo hacemos entre todes

 

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Feliz, emocionada y contenta de que por fin vea la luz el primer volumen de la "Historia de la ciencia ficción latinoamericana 1. Desde los orígenes hasta la modernidad" que he editado junto a Silvia G. Kurlat Ares. En octubre estará disponible en las librerías. Publicado por la prestigiosa editorial Iberoamericana Vervuert con María Pizarro Prada como editora de mesa y con la colaboración, en este volumen, de Iván Molina Jiménez, Soledad Quereihac, Gio Rivero, Macarena Areco, Campo Ricardo Burgos López, Emily Maguire, Iván Rodrigo Mendizábal, Miguel Ángel Fernández Delgado, Hebert Benítez, Elton Honores, Lucía Leandro Hernández, Jesús Montoya y Carlos Sandoval.
Llevamos varios años trabajando en este libro y en la "Historia de la ciencia ficción latinoamericana 2. Desde la modernidad hasta la posmodernidad" con un grupo de investigadores de universidades de Estados Unidos, Costa Rica, Argentina, Chile, Bolivia, Ecuador, México, Uruguay, Perú, España y Venezuela. Podéis encontrar más información en el siguiente enlace: https://www.iberoamericana-vervuert.es/FichaLibro.aspx?P1=184342

domingo, 5 de julio de 2020

Marcas y aroma dominicano


Odilius Vlack y la narrativa de ciencia ficción dominicana

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Lo frecuente al hablar de ciencia ficción es relacionar sus producciones textuales con mundos especulativos y poblados de seres extraterrenales y paralelos, viajes a través del tiempo, androides, robótica, mutaciones de seres humanos por medios artificiales, ciudades ficticias, el futuro de las sociedades humanas, formas de vida en otros planetas, viajes al espacio infinito, guerras intergalácticas, exploraciones a zonas geográficas desconocidas, monstruos, utopías sociales, ucronías, adelantos científicos y tecnológicos futurísticos y sistemas políticos totalitarios que controlan hasta el más mínimo meneo de sus ciudadanos, entre otros tópicos.
Distinto a otros países latinoamericanos, en la literatura dominicana no hubo indicios de vincular nuestra producción narrativa de manera programática con una tradición de los momentos más notorios con el movimiento mundial de la ciencia ficción a partir de 1926. Si lo hubo lo desconozco y me declaro ignorante, porque como muy acertadamente ha escrito J. Ignacio Ferreras: “Ningún crítico lo ha leído todo, ningún crítico puede leerlo todo, ningún crítico podrá nunca leerlo todo”. Vista desde ese plano todos los que hablamos de libros o los que hacemos de críticos o comentaristas –ya sea ocasional o frecuentemente– andamos sino cojos, al menos medio cojos.
En nuestra narrativa ha imperado el efecto del reflejo condicionado al equivalente del referente empírico externo. Parecería que lo que más nos ha gustado es la fotografía cruda y sin efectos especiales. Ello se explica porque en nosotros la literatura ha tenido una función más instrumental que ninguna otra cosa, supeditada a la formación, el moralismo, la denuncia, la militancia política, el memorialismo, las luchas y las reproducciones ideológicas, las recreaciones históricas y las tensiones sociales-personales. La narrativa dominicana ha sido obsesivamente realista y social hasta lo melancólico.
Por ello en nuestra narrativa si nos vamos en fuga es a una isla o a un continente cercano, pero jamás nos marchamos a otro planeta en una nave inventada por un científico dominicano formado en la UASD o en la UNPHU. Si nos invaden son los haitianos o los americanos, jamás los de otras galaxias y mucho menos los chinos o los chiitas. Se prefiere que los pobres ilegales naufraguen en el Canal de la Mona rumbo a Puerto Rico y que sean crudamente devorados por los tiburones a que un ingeniero de minas dominicano –excomunista y graduado en Rusia– diseñe un túnel por debajo del Canal de la Mona para llegar a Puerto Rico y mucho menos encontrar a otro ingeniero oriundo de Nagua o de Miches que levante un puente portátil, con la ayuda de los militares, para cruzar ese mismo mar hambriento de desheredados.
Aunque no estoy recriminándole nada a nuestra narrativa, porque de hecho más allá de que escriban bien, no hay que exigirles nada a los escritores, reitero que el grueso de nuestra narrativa ha sido tímida en tomarse grandes riesgos espaciales, temporales y ucrónicos. Me sospecho que la mayoría de nuestros narradores han sido realistas por urgencias sociales, más muchas veces por requerimientos de una crítica autoritaria demasiado aduanera y funcionaria, aunque muchos de sus aduaneros no siempre funjan como funcionarios estatales de nada. Pero no nos confundamos: el realismo positivista y naturalista no cancelan la imaginación, necesaria para cualquier modalidad literaria que se asuma.
En cuanto a lo fantástico, lo maravilloso y el llamado realismo mágico, sí son presencias incuestionables en nuestra narrativa, como lo documenta Bruno Rosario Candelier en La imaginación insular (1983). En la línea de las ciencia ficción habría que mencionar a Enrique Tarazona, hijo (“La gloriosa fecha en que Marx fue convertido en Ganímedes”) y a Pedro Peix, específicamente con su monumental novela “El clan de los bólidos pesados” (2010) desafortunadamente poco comentada y leída como novela realista, cuando en justicia se trata de una imponente, transgresora y novedosa experimentación narrativa que muy bien se puede leer coherentemente como texto especulativo o de ciencia ficción. Ello, porque además de lo lingüístico y lo gráfico que la organizan-desorganizan morfológica y sintácticamente crean un mundo alterno de posibilidades interpretativas y significativas inmensas.
Ahora bien, en cuanto a un programa de escritura orgánico orientado a la ciencia ficción se refiere lo más representativo en lo que va de siglo XXI es el proyecto de Juan Julio Ovando Pujols (Azua, 1976) quien publica bajo el seudónimo de Odilius Vlak. Si no menciono al escritor puertorriqueño residente en Santo Domingo Pedro Cabiya es porque todavía nosotros, los cubanos, dominicanos, puertorriqueños, etc., seguimos aferrados a las identidades isleñas, cuya seña determinante sigue siendo el lugar de nacimiento. Quizás algún día esquizofrénicamente hablando seamos reconocidos como dobles, triples y otras multiplicidades y nos reconozcamos simplemente como “leños” de isleños y sin “anos” de cubanos, dominicanos y haitianos y sin “queños” de puertorriqueños.
Odilius Vlak ha asumido programáticamente una poética que se apoya en la ciencia ficción o literatura especulativa como norte y sus textos, especialmente “Descarga de meteoritos en la batalla del Diecinueve de Marzo” y “Juegoedrox platónicos”, entre otros, son el mejor ejemplo. La erudición suya, el manejo de tiempos y espacios superpuestos y la revisión de algunos mitos fundacionales del archivo de la identidad dominicana en sus conexiones con una cosmogonía-antropológica e histórica, entre otras instancias significativas, trastocan puntos claves del imaginario nacional y plantean una redefinición y actualización radical de la narrativa dominicana y de ese símbolo difuso que todavía seguimos llamando dominicanidad.
Pero muy a pesar de sus aspiraciones receptivas extraterritoriales me parece que Vlak, si muy bien por un lado cumple lo primero; la ciencia ficción que escribe no escapa paradójicamente a los matices de su dominicanidad, algo que es normal. Esto que indico fulgura en el manejo del español dominicano y el juego, a veces irónicos, con personajes y acontecimientos históricos considerados sagrados en el archivo de la identidad y la historia dominicana.“Descarga de meteóricos de la batalla del 19 de Marzo” me parece subversivo y demasiado realizado. Como lector ha sido uno de los relatos mejor logrados y provocadores a los que he tenido acceso en los últimos tiempos.
Palabras, expresiones, nombres de lugares y personajes históricos tales como “ofrézcome”, “mangulina”, “galipote”, “sancocho”, “mangú”, “a pedrá limpia”,“capicúa”, “trúcamelo”, “macuto”, “turpenes”, “chivo”, “chichigua”, “chata”, “la porra”, “gato entre macuto” “Azua de Compostela”,“Papá Liborio”, “Héctor Díaz Polanco”, “Los trinitarios”, “Antonio Sánchez Valverde”,“Eduardo Brito”, “Fradique Lizardo”, “Flérida de Nolasco”, “Antonio Duvergé”, “Pedro Santana”, “Vicente Noble”, “Junta Central Gubernativa”, “río Ozama”, “Fray Antón de Montesinos”, “Rafael Leónidas Trujillo”, “Edna Garrido de Bogg”, “Manuel Arturo Peña Batlle”, “Invasión de Cayo Confites”, “Vela Zanetti”, “Prats Ventós”, “mar Caribe”, “Av. George Washington”, “Macorís”, “cacicazgo de Maguá”, “Villa de Azua”, “cacique Caonabo”, “Batey”, “Pueblo Viejo”, “Batalla del 19 de Marzo”, entre otras referencias históricas, corroboran no solo una gustosa y amena intextualidad sino también una coherente narrativa especulativa con marcas y aroma dominicano.
Vlak quebranta y desobedece conscientemente la línea tradicional de la narrativa dominicana y se lanza a construir otro mundo posible basado únicamente en la ficción. Sus ingredientes y piezas para lograr cocinar sus narraciones evidencian que tuvo que apropiarse, a través del estudio y de muchas lecturas, de las poéticas de la ciencia ficción. En sus textos nada es casual, se trata de un diseño bien pensado y digerido sistemáticamente. Su trabajo no tiene nada de fortuito, en su praxis de escritura hay un programa y una agenda puntual.
En cuanto a la divulgación y circulación de sus textos, Vlak tuvo que recurrir en principio a la publicación digital y apostar a un lector virtual-mundial. Su primera publicación en soporte de papel (Crónicas de Ouboros) acaba de ser lanzada en Puerto Rico por la editorial La Secta de los Perros que dirige el escritor Rafael Acevedo. Es difícil saber qué recepción, si alguna, pueda tener al interior del campo crítico dominicano una obra narrativa como la que oferta Vlak.
Me temo, sin embargo, que las obras de ciencia ficción que se escriban y se publiquen en República Dominicana corran el riesgo de ser leídas por el sector de la crítica más intransigente con lo nuevo como textos alegóricos, hijos de un realismo mal asimilado, pasmado, ignorante e indigno. Ojalá me equivoque porque en contraste con la primera, al interior del campo crítico literario dominicano también hay un sector minoritario abierto a lo novedoso e innovador a tono con las manifestaciones artistas y literarias más impuras-contaminadas, diversas, retadoras y provocadoras que cada vez más demanda un mundo de mayores aperturas receptivas.
Más allá de la incipiente e ingeniosa praxis narrativa de Odilius Vlak, que es la que conozco, debemos dejar claro que el hecho de que nuestro país no tenga una tradición o un corpus narrativo de ciencia ficción eso no se traduce en que nuestra literatura sea inferior a otras literaturas. De hecho no lo es. En términos literarios lo único que esa ausencia revela es que tal vez, salvo los casos aislados, la ciencia ficción no le hizo falta hasta hace poco a la literatura dominicana. Yo no lo sé. Pero ya la tenemos y lo que nos corresponde como lectores es recibirla, consumirla y determinar su calidad. Creo que con esta experimentación programática, sistemática y metódica por parte de este talentoso joven que se ha autonombrado como Odilius Vlak y otros que se nuclean a su alrededor la narrativa dominicana entra y se expande conscientemente hacia una zona que en vez de debilitarla lo que logra más bien es diversificarla y fortalecerla.
(Compendio de la conferencia ofrecida en el Congreso de Ciencia Ficción y Literatura Fantástica en el Caribe Hispano, llevada a cabo los días 3, 4, 5 de octubre de 2014, UPR, Puerto Rico)


Ver en https://hoy.com.do/odilius-vlack-y-la-narrativa-de-ciencia-ficcion-dominicana/?fbclid=IwAR0nzBLts5JU6CIHAqwkLxeU6wlvCiNGQowyyiMnmOBuwUHfSL93d9oxioM

sábado, 9 de febrero de 2019

Afrocentrismo, por fin

Afrofuturismo: raza y ciencia ficción

Desde hace algunos años, en Estados Unidos y Canadá se aprovecha el mes de febrero para recordar la historia negra. Debido a esto, nos decidimos por una novela de Nalo HopkinsonLadrona de medianoche, para nuestra segunda lectura conjunta. Pero, personalmente, hacía tiempo que me iba cruzando con la palabra “afrofuturismo” y pensé que febrero era el mes ideal para descubrir qué tiene que ver la raza con la ciencia ficción y la Historia.
El afrofuturismo es una corriente artística y cultural multidisciplinar que podemos encontrar en música, pintura, fotografía o collage, entre otras. Pero aquí me centraré en sus representantes literarios.
En los años 90, se le otorgó el nombre y empezó una explosión creadora, pero rastreando más a fondo aparecen obras ligadas a esta corriente desde los años 50. Me he encontrado con una dificultad con la que no contaba: salvo quizás en las artes pictóricas, no hay un canon establecido de obras o artistas que representen el movimiento. Solo he podido salvar algunos nombres, hacer algunas relaciones superficiales, pero es posible que me deje obras importantes e incluso escritores porque cada fuente consultada nombra a unos artistas diferentes y con unos criterios diferentes. He intentado seleccionar según más relevante o accesible es esa obra para los países hispanoamericanos, pero no lo he hecho de manera exhaustiva ni intento crear ningún canon de referencia.
Wangechi Mutu, La mujer que se casó con una cabeza de camello, 2009, collage de técnicas mixtas en Mylar.
Wangechi Mutu, La mujer que se casó con una cabeza de camello, 2009, collage de técnicas mixtas en Mylar.
Se está de acuerdo en que uno de los primeros, si no el primer, artista en desarrollar el afrofuturismo fue Sun Ra, un músico de jazz que hacía canciones con temática espacial ligada a nombres y lugares africanos. Desde entonces, unos pocos músicos continuaron tratando temas africanos en sus canciones. Las primeras novelas aparecen alrededor de los 70 y 80, pero la época más productora para este movimiento fue la década de los 90: empieza a tratarse también en las columnas de opinión, en ensayos y en poesía, ayudada del debate social sobre el racismo e integración. La música se vuelve un medio de expresión más fuerte que nunca.
El afrofuturismo es un subgénero de la ciencia ficción que trata, como rasgo fundamental, el tema de la raza y los problemas que suelen estar ligados a ella: la identidad, la Historia, el colonialismo y la alienación. Hablamos de él como un subgénero de la ciencia ficción, pero acostumbra a mezclar con esta la fantasía, la perspectiva histórica y elementos mitológicos de culturas no occidentales.
Este género está cultivado por artistas descendientes de africanos, pero que viven en la diáspora, es decir, no en sus países de origen. El afrofuturismo tiene raíces africanas, aunque sus creadores estén viviendo fuera del continente, en contacto con otras culturas, quizás durante casi la totalidad de su vida. En literatura, los escritores más relevantes seránOctavia Butler, Samuel Delany y actualmente N. K. Jemisin o Nnedi Okorafor. En pintura o collage destacaremos a Wangechi Mutu, Ellen Gallagher o Lina Viktor, de quienes son las imágenes que acompañan el texto. En música, el precursor es Sun Ra, pero también destacan Janelle Monaé, Kamashi Washington o Shabazz Palaces. Casi todos los géneros artísticos han explorado el afrofuturismo: podemos encontrarlo en moda, cine o teatro también.
Ellen Gallagher, Pájaro en la mano, 2006, óleo, tinta, sal y pan de oro en lienzo.
Ellen Gallagher, Pájaro en la mano, 2006, óleo, tinta, sal y pan de oro en lienzo.
El afrofuturismo toma una perspectiva afrocentrista para criticar los problemas de los negros, pero también lo hace con intención de revisar, analizar y examinar la Historia desde su punto de vista. Se entiende que la Historia siempre la han contado los blancos, y gracias a la ciencia ficción, los escritores se permiten explorarla desde otros ángulos. Para esto, coge las representaciones y experiencias de los negros en el presente y en el pasado para reescribir, y así mostrar, nuevas realidades o verdades fuera de la narrativa hegemónica.
Como estamos acostumbrados a analizar el mundo desde nuestra perspectiva blanca, las novelas son un medio perfecto para contar historias a las que de otra manera no podríamos acceder. La ciencia ficción es el mejor género para ayudarnos a meternos en una piel ajena y enfrentarnos a los problemas desde su perspectiva. Así, muchas de las obras afrofuturistas nos ofrecen historias de alienígenas y del espacio como metáfora de la colonización o del enfrentamiento entre razas. Los escritores a veces se proyectan en los propios extraterrestres o en humanos que han perdido la Tierra y vagan por el espacio: son extranjeros que han perdido o les han arrebatado su hogar, que pasan por la esclavitud o tienen que defender su cultura frente a los invasores.
Muchos de los representantes del afrofuturismo son escritoras, que le añaden al género sus otras inquietudes como mujeres: el feminismo y la igualdad son temas recurrentes, así como los protagonistas femeninos. Octavia Butler, por ejemplo, escribe novelas que apoyan la diversidad de orientación e identidad sexual. Dice John Jennings: “El afrofuturismo no es solo ciencia ficción, sino también sobre imaginar diferentes espacios de pensamiento creativo y que no encierra tu identidad en una caja”. Porque el afrofuturismo también busca romper los estereotipos: no solamente los propios de los negros (segregación, criminalidad, marginalidad…) sino también los comunes a hombres y mujeres: intenta crear una nueva identidad negra, mostrar un nuevo ideal de persona, con unos valores y una integridad nuevos.
El afrofuturismo mezcla elementos del pasado (la nostalgia, la Historia o la memoria) con nuevos elementos que las generaciones actuales puedan entender y con los que se puedan identificar. Explora nuevas formas de expresión para conectar con el público: como los cómics, la tecnología y la ciencia ficción. Este género abre posibilidades narrativas de la Historia y del futuro negro: hasta ahora se han mostrado como acompañantes de los blancos, en ocasiones, un cupo a cubrir para garantizar una mínima diversidad, pero siempre como personajes pasivos. En este género ellos realizan sus historias, actúan… son personajes activos y protagonistas. Alrededor de ellos se desarrolla su Historia.
El afrofuturismo evoluciona con la cuestión identitaria negra. Ytasha Womack dice que la función del afrofuturismo es desmontar “la raza como tecnología”, es decir, desmontar los argumentos biológicos de diferencias de razas que han justificado la esclavitud y el colonialismo. De ahí la importancia de una nueva perspectiva a la Historia y de la creación de personajes que no solo nos muestren sus inquietudes, sus problemas y su cultura, sino también la inclusión de personajes activos, complejos y fuertes en nuestro canon literario, en nuestro imaginario.
 Lina Viktor, Syzygy, 2015, pintura acrílica, oro, gouache, impresión sobre lienzo
Lina Viktor, Syzygy, 2015, pintura acrílica, oro, gouache, impresión sobre lienzo.
En casi todas las disciplinas de este género las mujeres son sus mayores representantes. Pocos nombres masculinos de relevancia he encontrado. Por lo tanto, las escritoras que voy a destacar ahora no las he elegido solo porque en La Nave Invisible queramos destacar a las figuras femeninas, sino también porque son sus mayores exponentes.
Octavia Butler (EE.UU., 1947 – 2006) es una de las pioneras del género. La primera serie que escribió, Patternist(década de 1970), ya deja intuir varios rasgos que serán definitorios del afrofuturismo, como las dinámicas de poder y la esclavitud. Retomará este tema en Kindred, una novela que, a pesar de convertirse en un éxito de ventas en EE.UU., jamás se ha traducido al español. La cuestión de la raza y la Historia sigue presente en su obra hasta la última que escribió antes de morir, Fledging. Otros temas que toca de manera recurrente es la raza, la sexualidad, la necesidad de una diversidad biológica y étnica, la lucha de clases…
De Octavia Butler en español tenemos traducida la trilogía Xenogénesis, publicada por la desaparecida editorial Ultramar entre 1989 y 1990. Además, se ha traducido el relato “Hijos de la sangre”. Ninguna parte más de su bibliografía está disponible en español.
N. K. Jemisin (EE.UU., 1972) tiene más parte de su obra disponible en español que el resto de nombradas. La trilogía de Los cien mil reinos no aborda los temas que nos interesan, sin embargo, La quinta estación sí trata los temas del poder, el amor, la identidad, la raza, el sexo… En inglés ya están disponibles las dos primeras partes de esta nueva saga y el primer libro será publicado en español por Nova, a lo largo de 2017.
Nnedi Okorafor (EE.UU., 1974) está ya casi consolidada como un referente negro en la ciencia ficción. Sus primeras obras adultas, Who fears death y su precuela The book of phoenix, mezclan fantasía con ciencia ficción, un ambiente postapocalíptico con mitología africana, y exploran cuestiones como la identidad y la raza.
La trilogía Binti, empezada en el año 2015 y con su segunda entrega recién publicada, toma un ambiente espacial que explora la identidad, la colonización y el miedo a ser arrasado por una raza ajena. De momento, ninguna de sus obras está traducida al español, pero ya que está recibiendo mucha atención esperamos verlo solucionado pronto.
Wangechi Mutu, Tu historia mi maldición, 2006, técnicas mixtas en Mylar.
Wangechi Mutu, Tu historia mi maldición, 2006, técnicas mixtas en Mylar.
Estas tres escritoras han ganado premios gracias a sus obras y han sido, o son, reconocidas como relevantes en la ciencia ficción. Igual pasa con Nalo Hopkinson, Samuel Delany, Gloria Naynor, o los escritores y antólogos Bill Campbell o Sheree Thomas. Sin embargo, poco o nada se ha traducido de ellos, lo que me hace pensar que hemos tenido durante todo este tiempo el género delante, pero no le hemos dado relevancia y, por lo tanto, nos estamos perdiendo todo su potencial y significado. En inglés se han editado varias antologías que lo exploran, como Dark Matter: A Century of Speculative Fiction from the African Diaspora (2001) o Mothership: Tales from Afrofuturism and Beyond (2013).
A pesar de que la base de la corriente está teorizada porque en las artes pictóricas sí ha tenido relevancia, todavía nos hace falta un canon que nos haga accesibles las obras más representativas y los autores más importantes. No solamente en español; la mayor parte del afrofuturismo se ha desarrollado en EE.UU. y allí no lo han creado de manera que podamos traducirlo y conocerlo.
Mientras, espero haber presentado este subgénero tan interesante y localizado los suficientes nombres y obras como para engancharos a él. Y si alguna editorial está leyendo, ¡queremos más obras de estas escritoras!
Laura Huelin
Laura Huelin (Reseñas/Investigación): Licenciada en Filología harta del canon literario y los géneros sociales. Me aburren los mundos realistas y me apasiona la ciencia ficción y el apocalipsis. Me encanta investigar, aprender y conocer. Podcaster en Los cuatro navegantes.
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