martes, 1 de septiembre de 2026
Mizora
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rafalara

Rescatando a las pioneras pretende rescatar del olvido a mujeres que fueron pioneras en la lucha por la igualdad y que, además, se atrevieron a expresarla mediante la ficción especulativa. Muchas de ellas ya han aparecido en este blog: Christine de Pisan (nacida en 1374), Margaret Cavendish (nacida en 1623), Mary Shelley (1797), Catherine Helen Spence (1825), Henrietta Augusta Dugdale (1827), Rhoda Broughton (1840), Elizabeth Burgoyne Corbett (1846), Edith Nesbit (1858), Charlotte Perkins Gilman (1860), Inez Haynes Irwin (1873), Thea Von Harbou (1888), y ahora incorporamos a la estadounidense Mary E. Bradley Lane (nacida en 1844)
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Mary E. Bradley Lane nació el 3 de julio de 1844 en St. Mary’s, Ohio, y dedicó gran parte de su vida a la enseñanza y a la escritura. En 1878 contrajo matrimonio con Thomas Lane, abogado y veterano de la Guerra Civil, con quien vivió en Cincinnati y posteriormente en una granja cercana a Transit, Ohio. La pareja no tuvo hijos. Falleció en enero de 1930 en el condado de Hamilton, cerrando una vida dedicada a imaginar lo que aún no era posible.

Si bien no se conserva evidencia de una participación directa en movimientos sociales o científicos, su obra y pensamiento revelan una inquietud profunda por los temas de equidad, educación y regeneración social. Además de Mizora: A Prophecy, publicó un segundo libro titulado Escanaba en 1895, actualmente perdido, que deja entrever una voz literaria adelantada a su tiempo y comprometida con imaginar futuros posibles.
“Durante años, creí que la justicia era sólo un ideal lejano, una palabra bonita en boca de los poderosos. Pero aquí… aquí, en este mundo de luz sin sombra, la justicia respira en cada gesto. ¿Cómo puede ser real lo que parece un sueño tejido por el deseo más profundo de las mujeres libres?” — Vera Zarovitch, al llegar a Mizora
Mizora: el sueño utópico de Mary E. Bradley Lane
En pleno siglo XIX, cuando las mujeres luchaban por derechos básicos como la educación o el voto y se convirtieron en un reto incómodo para el poder establecido, Mary E. Bradley Lane se atrevió a imaginar algo radical: una civilización avanzada habitada únicamente por mujeres. Mizora: A Prophecy, publicada por entregas en 1880, es mucho más que ciencia ficción; es una puerta abierta a una utopía feminista que desafía el orden patriarcal desde la raíz. Bradley no sólo imaginó otra forma de vivir, sino otra forma de soñar.
Un refugio llamado Mizora
La historia sigue a Vera Zarovitch, una mujer rusa que, huyendo de la represión zarista y atravesando las entrañas del planeta, descubre una sociedad secreta escondida en el interior de la Tierra. En Mizora no hay hombres. Tampoco guerras, ni pobreza. Todo funciona gracias al conocimiento científico, la educación universal y el respeto mutuo. La reproducción, incluso, se realiza sin intervención masculina gracias a avances tecnológicos. En esta sociedad femenina la armonía es norma, no excepción.

La paradoja de la perfección que excluye
Pero esta visión también refleja las limitaciones de su tiempo. Porque llegados a este punto es inevitable plantearse la paradoja. Esa sociedad perfecta, ¿lo es precisamente porque no hay hombres? O, por contrario, ¿es perfecta “a pesar de que no haya hombres? Las respuestas a estas preguntas nos dejan un cierto sabor amargo que enturbia el ideal de la sociedad que se propone
Lane, por otra parte, proyecta una visión homogénea, donde todas las mujeres son rubias, de ojos claros y físicamente perfectas. La idea de «mejorar» la raza mediante la educación y la genética toca puntos sensibles hoy en día, ya que se asocia con nociones de supremacía o exclusión. Aunque su intención fuera crear una sociedad superior por medios genéticos y educativos, esa perfección uniformada cercena la riqueza de lo humano.
Feminismo antes del feminismo
Lane no usó la palabra «feminismo», pero encontramos una respiración feminista en cada página. Mizora es una crítica profunda al patriarcado —quizás la primera utopía feminista— y anticipó debates plenamente vigentes sobre la maternidad, la política sin violencia, y el conocimiento como herramienta de emancipación. Es una obra feminista por intuición, por osadía, por necesidad, pese a los límites señalados.

Eco desde el silencio
El mundo no estaba listo para Mizora en 1880, y Lane cayó en el olvido. Pero voces feministas del siglo XX la redescubrieron, reconociéndola como precursora de autoras como Charlotte Perkins Gilman. Hoy, Mizora no es sólo un texto del pasado: es una pregunta persistente sobre lo que puede llegar a ser.
Epílogo imaginado: El eco de Vera
“Ahora sé que no basta con soñar la justicia: hay que construirla, cultivarla, protegerla como si fuera un jardín secreto. Mizora me mostró que el mundo posible no está en los mapas… sino en nosotras”. — Vera Zarovitch, reflexiones al despedirse de Mizora.
Con esta última mirada, Vera nos devuelve a nuestro mundo, pero con una semilla nueva en el corazón. Mizora no fue sólo una fantasía del siglo XIX, sino una invitación permanente a cuestionar, imaginar y reescribir lo que damos por hecho. Mary E. Bradley Lane plantó una idea que aún florece, aunque el terreno siga siendo árido. Y si escuchamos con atención, quizás aún resuene el eco de Mizora en cada gesto feminista que desafía lo acostumbrado.
- Hola, donutrainyd5549b2d9d
lunes, 27 de julio de 2026
martes, 14 de julio de 2026
De cuando en cuando Saturnina
De cuando en cuando Saturnina
- GABRIELA CANEDO VÁSQUEZ
- 11/10/2022 02:42
"La Revolución será feminista o no será". Esta frase retomada en la obra De cuando en cuando Saturnina, de la antropóloga y escritora Alison Spedding, nos muestra la veta feminista que guarda la novela.
Hace algunos días se presentó en Cochabamba la tercera edición de la obra De cuando en cuando Saturnina, que forma parte de la trilogía novelesca: Manuel y Fortunato (1997), El viento de la cordillera (2000) y ahora De cuando en cuando Saturnina, que va en su tercera edición y se ha convertido en un best seller boliviano.
Esta amena obra es una historia oral de ciencia ficción sobre la Bolivia futurista y nos muestra la veta y la pluma literaria de Alison Spedding. Esta faceta, como literata, nos arroja parafraseando a Clifford Geertz, a la antropóloga como autora. Y es que en Alison la etnografía y la literatura se combinan de manera encomiable. En las primeras páginas Spedding emula a Cortázar pues al igual que Rayuela nos propone varias formas de leer y recorrer el libro. Asimismo, la novela tiene un apéndice en el que los hechos históricos tratados en ella son explicados de manera más amplia. Si bien la obra nos abre a un sinfín de abordajes y temáticas que Spedding trata, en estas líneas nos concentraremos en la vena feminista de la novela.
Estamos frente a una novela feminista, pues el personaje principal es Saturnina Mamani Guarache, conocida como la Satuka, mujer que pasa una serie de vicisitudes y periplos y son los que nos van llevando a través de las páginas. Satuka participa en la destrucción de la luna Fobos en 2079 y es la cabecilla del comando Flora Tristán. El hecho de que el comando que lidera Satuka se llame Flora Tristán no es casual, pues nos abre a la lectura de que es la mujer la que hará la revolución. Pues la obra nos trae de manera solapada a aquella filósofa y feminista del mismo nombre, quien fue una de las precursoras del movimiento feminista en Perú y Francia.
En la novela, un grupo de mujeres altamente capacitadas para explorar el espacio exterior intentará, bajo la guía de la Satuka, destruir la luna marciana de Fobos, arrasar el templo inca de la Coricancha en Perú y dejar un mensaje de liberación al resto del mundo. La novela enfatiza en que es un grupo de mujeres el portador del nuevo sujeto descolonizador.
La novela de Spedding va más allá y rompe con la idealización de la figura de la mujer en el sistema ayllu, pues cuestiona el chachawarmi, y al pie de la letra dice “Nos cagamos en esas babeadas de chachawarmi, qué hay de complementariedad si al fin los hombres siguen copando los puestos directivos”, asegura la Satuka, denunciando así la falsedad de un sistema que se pretende modélico, pero que no ha modificado las desigualdades de género aun siendo que las mujeres son quienes disponen del conocimiento y la tecnología para explorar el espacio exterior.
Especialmente en las conversaciones que se dan entre Fortunata y Satuka se perfila la figura feminista que representa la Satuka: “¿El enemigo son los hombres o el sistema?”, pregunta Fortunata, a lo que Satuka responde: “Ambos pues, el sistema se expresa a través de los hombres y también a través de muchas mujeres, incluyendo toda las que conviven con los hombres porque al final no terminas sino planchando sus camisas (…). También habría que apoderarse de la tecnología, campo tradicional de los varones”.
Satuka, el comando Flora Tristán y las misiones que las mujeres realizan quieren desequilibrar el poder patriarcal y occidental. Algunas mujeres del comando Flora Tristán “buscamos otro modelo decían. No el Nuevo Poder, sino el Contra-Poder”. Entre líneas, la autora apunta a que las mujeres serán el bastión para trastocar el sistema patriarcal y serán artífices de una verdadera descolonización y, ojo, apuesta no por la toma del poder sino por contrarrestar al poder establecido y por la importancia del constante cuestionamiento al mismo. Por tanto, es una novela antisistema: antisistema patriarcal, antisistema neoliberal y antisistema de dominación.
Podríamos leer que De cuando en Cuando Saturnina realiza una crítica a la conformación de un Estado aymara anticapitalisa y descolonizado y considera vital destruir concepciones coloniales que el Estado y todo su andamiaje institucional reproducen, y esta vez Spedding nos invita a pensar en estas temáticas desde la literatura y de forma entretenida y provocadora.
Desde la sonrisa irónica del humor de Spedding, entendemos al leer De cuando en cuando Saturnina que el mundo y la manera de mirarlo pueden ser distintos a la imagen preestablecida que teníamos de él. Y comulgamos con la irreverencia de Saturnina y su utopía de que las mujeres podemos hacer otro mundo posible.”
*es socióloga y antropóloga







































