viernes, 29 de septiembre de 2023
sábado, 29 de abril de 2023
Feminista y utópica en el siglo XV
'El mundo resplandeciente': ciencia ficción escrita por una pionera del siglo XVII
Su autora, Margaret Cavendish, fue una pensadora ecléctica que publicó una decena de ensayos, cerca de veinte obras de teatro y una muestra muy temprana de literatura sobre aventuras extraterrestres

A lo largo de la historia de la literatura, la novela utópica ha especulado con futuros de paz social, felicidad y convivencia. Pero a menudo las nociones de utopía y distopía, las sociedades futuras de ensueño y de pesadilla, se confunden cuando se pueden observar con perspectiva histórica.
La pionera de la ciencia ficción que imaginó utopías feministas en los años 30
En el género se vuelcan anhelos, pero también límites imaginativos y prejuicios de cada época. Por ello, las utopías concebidas por escritores como H. G. Wells, Samuel Butler o Edward Bellamy incluyen algunos elementos que hoy día resultan chocantes y ofensivos (desde la atracción por la eugenesia a una expansión limitada y algo sexista de las libertades de las mujeres, pasando por el castigo de la enfermedad), aunque sus autores fuesen pensadores avanzados a su tiempo en algunos aspectos.
Margaret Cavendish, duquesa de Newcastle, también fue una mujer avanzada a su tiempo, con sus prejuicios sobre la sociedad en la que vivió. Se propuso jugar un papel activo en la vida científica y cultural, sin conformarse con el rol de oyente, mecenas u organizadora de reuniones. Evidentemente, eso generó reacciones machistas y probablemente influyó en su imagen de persona de conductas y aspecto extravagantes. Sus obras no recibieron solo condenas, sino que también fueron bien recibidas por algunos filósofos del momento como Henry More o Joseph Glanvill. Con todo, incluso Virginia Woolf destacó su personalidad excéntrica cuando la reivindicó.
Entre la obra de Cavendish destaca El mundo resplandeciente, editada en castellano por Ediciones Siruela con una amplia introducción a cargo de la historiadora Maria Antònia Martí Escayol. Se trata de una peculiar mezcla de géneros literarios publicada originalmente en el año 1666. Explica la historia de una mujer que es secuestrada, embarcada forzosamente, superviviente a un naufragio y que, después, cruza un pasaje oculto a otro mundo. Todo esto se relata a toda velocidad, en apenas dos páginas que cuestionan el tópico de los raptos presuntamente románticos.
Después viene el acercamiento a la literatura de viajes y aventuras exóticas: el descubrimiento del Mundo Resplandeciente, sus personajes y costumbres, sus seres que mezclan rasgos humanos y de otros animales. Y se relata, también, el ascenso al poder a través del matrimonio. A lo largo de las páginas del libro se despliega también una concepción de utopía que chirriará a los lectores contemporáneos.
Una rareza con trasfondo elitista
La naturaleza híbrida del libro dificulta las clasificaciones, pero a menudo se ha considerado una de las primeras novelas de ciencia ficción. Porque ciencia no le falta, y probablemente algunos lectores considerarán que le sobra. La parte central del relato, donde la autora se posiciona en multitud de debates científicos de su tiempo, puede resultar algo farragosa pero es relevante en el conjunto. Cavendish reivindica el poder de la imaginación, la vida a través de la creación artística, pero no hay que olvidar que este atípico texto fue publicado en el mismo volumen que el ensayo Observaciones sobre filosofía experimental.
Cavendish y su mundo resplandeciente parecen una parada obligada en la herstory que dimensiona el papel de las mujeres, y en toda historia de la literatura. Su propuesta se puede situar junto a un grupo reducido de muestras tempranas de literatura de aventuras en suelo extraterrestre (como El otro mundo de Cyrano de Bergerac y sus exploraciones del Sol, la Luna y sus habitantes). En paralelo a su reputación como obra pionera, la propuesta de la duquesa de Newcastle ha dado lugar a interpretaciones en clave protofeministas, protoanimalistas, etcétera.
La reivindicación, eso sí, suele venir condicionada, con asteriscos incorporados. Narrativamente, nos encontramos con una obra muy libre, extrañamente construida y ajena a cualquier consideración moderna sobre el ritmo narrativo. A la manera de la primera novelística europea, se unen segmentos que pueden llegar a ser muy diversos y de extensión desigual: los pasajes de narración rápida conviven con largos debates sobre el alma humana o las causas de diversas enfermedades. Y la erudición siempre sobrevuela los chispazos fabuladores sobre paisajes insólitos, sobre seres extraterrestres que siempre evocan a realidades terrestres, sobre nuevas maneras de hacer la guerra.
El conjunto proyecta una personalidad desbordante, pero la autora no es precisamente Ursula K. Le Guin, referente contemporánea de la novela de ciencia ficción con substrato feminista, que critica el capitalismo y hace sus propias aportaciones a la superación de los rígidos binarismos de género.
Resulta difícil no estar de acuerdo con los críticos para los cuales Cavendish prioriza los intereses de clase por encima de la solidaridad feminista. Y su clase, como duquesa de Newcastle, es la clase de los poderosos. A través de los filtros de la fantasía y del debate se vislumbra una concepción de la sociedad como agrupación de compartimentos estancos, cerrados, donde las profesiones y destinos prácticamente se deciden desde la cuna. Y donde todos deben someterse a una autoridad superior para prevenir posibles desórdenes. La insistencia en preservar a la sociedad de cualquier división llega a ser asfixiante.
Podemos simpatizar con las decenas de cornadas que Cavendish dedica a la sociedad de su tiempo, ocultas entre pláticas y relatos de mundos fantásticos. Pero su visión de la utopía resulta realmente incómoda porque es explícitamente totalitaria: el mejor gobierno es una monarquía absoluta de alcance planetario. Una monarquía absoluta que puede ser liderada por una mujer, pero solo si pertenece al estrato social adecuado.
Cavendish fue una figura realmente transgresora en el contexto de su época (con posibles guiños a la bisexualidad incluidos), y aprovechó su ventajosa situación social con una valentía insólita. Pero no por ello cuestionó la visión jerárquica propia del absolutismo aristocrático, de la misma manera que Thomas More había dado por buena la esclavitud en su Utopía o que el mencionado H. G. Wells mostraría (ya en pleno siglo XX) su vertiente más elitista con A Modern Utopia.
viernes, 20 de enero de 2023
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Entrevista a Priya Sharma

El pasado mayo se publicó la edición española de Todas las bestias fabulosas (Pulpture, con traducción de Sofía Barker) de Priya Sharma, una antología de dieciséis historias muy humanas e inquietantes con el nexo común de lo animal, que fue finalista del Premio Locus, y ganadora del British Fantasy Award y el Shirley Jackson en 2019. Su autora había sido anteriormente editada en nuestro idioma en Dos pieles (también de Pulpture, y con la misma traductora), con la historia homónima Todas las bestias fabulosas, ganadora también del British Fantasy Award en 2016, y en Las escritoras de Urras con Después de Mary, una reinterpretación de la historia de Frankenstein.
Nacida y afincada en el norte del Reino Unido, se dedica a la medicina mientras lo compagina con una larga producción de relatos que se pueden encontrar en diversas antologías y revistas como Interzone, Black Static, Nightmare, y The Dark. Hemos querido hablar con ella sobre su trabajo y, sobre todo, sobre los relatos incluidos en Todas las bestias fabulosas, que desde aquí recomiendo encarecidamente.
Hasta ahora has escrito sobre todo relatos, además de la novela corta Ormeshadow (ganadora del Shirley Jackson y del British Fantasy Award en 2019). ¿Qué hace que te sientas tan cómoda con el formato corto? ¿Te has planteado explorar el formato largo?
Siempre me he peleado con el formato largo. He escrito dos novelas cortas: la primera tenía 45.000 palabras y se llamaba Gideon’s orme. Años después la recorté a novella y la envié a Tor como Ormeshadow.
La segunda era una cosa de fantasía espacial de 60.000 palabras y escribirla fue una experiencia realmente horrible. Creo que el problema era que era una historia para un formato corto y yo la estaba intentando convertir en novela. Guardo el material antiguo como si fuera un coche viejo y voy arrancándole partes para otros proyectos, pero a esta no soporto ni mirarla.
Creo que mi lugar feliz está alrededor de las 10.000-18.000 palabras. Nunca voy a ser alguien que escriba una trilogía épica, pero sí me gustaría escribir una novela en algún momento. Tengo una idea que he estado desarrollando durante mucho tiempo y que va a necesitar un poco de documentación, pero conseguiré terminarla.

En muchos de tus relatos hay elementos fantásticos, aunque la mayoría acaban virando al terror. ¿Dónde se encuentra para ti la frontera entre lo fantástico y lo terrorífico?
Todas las bestias fabulosas es una antología de más o menos la mitad de mi trabajo. La publicó originalmente Undertow Publications y mi editor Mike Kelly tenía una idea muy clara de qué historias quería meter. Limitó mucho la temática, y utilizó las historias más basadas en el terror y con argumentos que incluían animales. Sus consejos fueron buenos: fulminó una historia que yo quería incluir llamada «The firebrand». En retrospectiva, fue una buena decisión. No tenía el mismo tono o ambiente que el resto de historias. Creo que la armonía del conjunto de historias ayudó a cómo se recibió a la antología. Sin embargo, sí que distorsiona la percepción que tiene la gente de lo que escribo. Tengo toneladas de otros trabajos que son de fantasía/ciencia ficción/terror. Espero poder juntarlas algún día en un libro.
En cuanto a dónde está la línea entre terror y fantasía, cuando escribes creo que está donde la historia lo necesita. Puedes torcerla un poco, pero no puedes forzarla. Escribí para una antología de terror y la historia me llevó por su propio camino y al final el resultado fue que si hubiera aumentado los elementos de terror habría sido muy forzado. No pasó el corte para la antología, pero no me arrepiento. Tienes que mantenerte fiel a lo que la historia te pide.
También podemos encontrar elementos mitológicos e incluso retellings como el de «Perlas», donde cuentas la historia de Medusa. ¿Qué otras historias parecidas te gustaría revisitar?
Me encanta la mitología en todos sus formatos. Me publicaron una historia en Interzone magazine (nº 246) en 2013 llamada «Thesea and Astarius». Está basada en el mito del Minotauro. En vez de Teseo, príncipe de Atenas que mató al Minotauro, escribí sobre una mujer llamada Thesea que tiene una relación muy diferente con el Minotauro.
Ahora mismo estoy trabajando en una novella sobre Perséfone y Deméter que he estado desarrollando durante bastante tiempo. Es un tema rico en ideas sobre la naturaleza y renovación, que está vigente más que nunca.
Los pájaros son un elemento recurrente en algunos de tus relatos, ¿tienen algún tipo de simbolismo especial para ti?
Para mí personalmente no, pero son difíciles de ignorar porque son una parte muy importante del folklore, los cuentos de hadas y la mitología. Aparecen una y otra vez en diferentes culturas. Son mensajeros y profetizadores. Son augurios.
Creo que los pájaros son criaturas increíbles. Su estructura es una maravilla, sus variaciones asombrosas. Hay colibríes delicados con plumas iridiscentes, que pesan 2 gramos, cuyas alas pueden batir 80 veces por segundo. Cuando el halcón peregrino se lanza llega a alcanzar los 320 km/hora.
Tenemos un comedero para pájaros bien lleno y me parece muy relajante verlos: tenemos petirrojos insolentes, estorninos alborotadores, palomas gordas y urracas. Han sido muy reconfortantes durante los tumultuosos últimos años.

La mayoría de tus historias (y espero que no sea esto spoiler) tienen un final triste o agridulce. Sin embargo, «Pieles de pescado» es una de las pocas en las que podemos encontrar un final bonito aunque sombrío. ¿Qué la diferencia del resto?
De nuevo, creo que esto tiene que ver con que la antología solo es la mitad de mi trabajo.
«Pieles de pescado» es mi manera de explorar lo que pasa cuando se acaba el cuento de hadas. El amor debe sobrevivir a la vida real y al paso del tiempo. Necesita evolucionar. Necesita cuidados para sobrevivir. Hay mucho escrito sobre el primer subidón del amor, pero no de los retos de hacer una vida en común.
«La mnemotécnica del anatomista», una de las historias de Todas las bestias fabulosas, era en realidad una historia de amor con final feliz. No la pude vender tal como era, así que la cambié a una de terror sobre un fetichista.
Todas mis historias son oscuras, pero las que no están antologizadas tienden a tener finales más felices.
Desmembramientos, enfermedades, accidentes… son varias las escenas sangrientas que describes en tus historias. ¿Cuánto hay de deformación profesional y cuánto de amor por el gore?
La enfermedad y la tragedia son parte de la condición humana y me parecen interesantes tanto como lectora como autora. No soy contraria al gore, depende de lo que la historia necesite, y algunas historias necesitan una amenaza real, algo bien visceral, para hacer que el lector se involucre.
Como médico, no soy aprensiva, pero eso no significa que no encuentre la violencia o el gore impactante. Siempre es una pregunta interesante: ¿cuánto es demasiado?
Una serie que me pareció muy interesante fue Hannibal. Elevaba la violencia y el gore a arte. Era algo más que cinemático. Algunas de las puestas en escena eran como mirar un cuadro o una escultura. Era hermoso y perturbador a la vez.
A nadie le sorprende a estas alturas que la familia sea un elemento común en las historias de terror. ¿Por qué forma parte de tus historias y qué buscas explorar con ello?
La familia siempre ha sido una parte importante del drama: mencionaría la mitología, el folclore, las tragedias griegas, el Antiguo Testamento y Shakespeare. El terror es una manera de explorar la psique humana y la familia es una parte importante de cómo nos desarrollamos como personas, para bien o para mal.
Como alguien con defectos, la gente con defectos me interesa, y eso incluye las familias disfuncionales. La familia es parte de lo que nos moldea como personas. Nuestra relación con nuestros padres viene cargada de balas antes de empezar: expectativas, resentimiento, adversidad, legado, secretos y miedos, además de amor, esperanza y lealtad. Comportamientos que son heredados, sea a través de la naturaleza o de los cuidados. A veces luchamos activamente por ir en contra de los valores y creencias de nuestros padres, convirtiéndolos en algo más importante de lo que serían si los aceptáramos sin rechistar.
La familia nos forma. Puede ser por su ausencia o su presencia, por su crueldad deliberada o maltrato involuntario. El amor puede ser algo espinoso y controlador en las manos incorrectas. No todo el mundo tiene la fortuna de recibir amor incondicional.
Algunos de mis escritos sobre la familia son un exorcismo, otros son un intento de entender el pasado. Es todo muy velado, así que solo aquellos que me conocen muy bien pueden ver lo que está enterrado y dónde.
La maternidad está también muy presente en tus relatos, pero nunca desde un punto de vista «positivo» o «clásico». La visión que ofreces, ¿está más ligada a tu visión de la familia o a lo que nos pide la sociedad en general?
Que conste en acta, tengo un respeto enorme por las madres. Conozco un montón de mujeres extraordinarias que hacen malabares con la maternidad, el trabajo y cuidando a sus mayores. Ser adre es un papel complejo y exigente. Está lleno de alegrías.
Para mí personalmente, y como autora, me interesan las áreas en las que las cosas son complejas. No todo el mundo tiene una relación sana y honesta con sus madres. Algunes niñes se convierten en cuidadores emocionales de muy jóvenes. De niñes amamos de manera incondicional y no siempre nos lo devuelven.
Nos enseñan imágenes en los medios de comunicación sobre nuestros cuerpos, nuestras casas y también sobre la maternidad. Ha sido idealizada por la cultura de les famoses, las redes sociales y el mercado como un producto que vender. No hay duda sobre las dificultades alrededor de esta y la gente se siente culpable cuando luchan con ser adres.
En «El inglés» nos encontramos a un hombre indio volviendo a la India después de 25 años viviendo en Reino Unido. ¿Cuánto de autobiográfico hay en esta historia? ¿Te consideras a ti misma una escritora de la diáspora?
Mi padre es indio y mi madre anglo-india. Vinieron al Reino Unido en 1968. No me enseñaron hindi y crecí en una ciudad del norte donde éramos una anomalía siendo una de las dos únicas familias indias. Como familia hemos experimentado racismo en todas partes: éramos indios, medio-indios, no lo suficientemente indios, no blancos, no ingleses, demasiado oscuros, demasiado blancos, con el acento incorrecto… El resultado es que me he sentido dentro y fuera de todo. ¿Soy británica? Sí. ¿Soy india? Absolutamente. Me ha hecho inflexible de alguna manera. Mi hogar está donde yo estoy y la gente que considero que encaja conmigo es aquella que es empática y que me ve a mí y lo celebra.
La diáspora toca temas como la alienación, el mestizaje, la identidad y la separación. Todo son cosas de las que me gusta escribir, aunque a través de la lente de mis propias experiencias y voz. Creo que siempre he sentido que me faltaba autenticidad para escribir sobre la India excepto en «El inglés», que está basado en mi primera visita a los dieciséis. Fue un lugar vibrante e impactante para mí a esa edad. Nunca había visto tanta majestuosidad y pobreza juntas. Era bonito y complicado. También fue la primera vez que mis padres volvieron después de irse en 1968. Fue un shock para ellos. Era el país que amaban, pero reconocieron que había cambiado enormemente mientras estaban ausentes. Creo que es cuando se dieron cuenta de que no volverían a vivir ahí.
¿Soy parte de la diáspora? No lo sé. Creo que sí. Otra gente me etiqueta y se equivoca invariablemente. Una mujer india viviendo en los EEUU empezó una reseña de mi novella con el comentario «odio a los indios anglófilos». Lo que hizo que me sintiera de alguna manera deficiente como persona y como escritora.
Para acabar, ¿qué otras escritoras de terror consideras imprescindibles?
Hay muchísimes. Lucie McKnight Hardie, Cat Ward, Alison Littlewood, Andrew Michael Hurley, Carmen María Machado, Usman Malik, Paul Temblay, Stephen Graham Jones y Mariana Enríquez.
¡Muchísimas gracias por tu tiempo, Priya!
No, gracias a ti por presentarme aquí en La Nave Invisible, Clara, y por tus preguntas. Gracias también a Sofía Barker. Ella es la traductora de Todas las bestias fabulosas y de esta entrevista.
Tomada de https://lanaveinvisible.com/2021/09/14/entrevista-a-priya-sharma/
lunes, 15 de febrero de 2021
Las leyendas crean verdad
El escritor mexicano publicó "Diez planetas"
Yuri Herrera: "La ciencia ficción critica nuestro mundo presente"

Imagen: Gentileza Lisbeth Salas
La ciencia ficción libera las cadenas del pensamiento. “Todo el tiempo estamos en esquinas opuestas del universo”, dice uno de los personajes de Diez planetas (Periférica), excepcionales relatos de ciencia ficción del escritor mexicano Yuri Herrera, articulados con la convicción de que “las leyendas crean verdad, no importa qué tan mentirosas sean”. El cosmonauta que más cerca estuvo de un cometa desentraña un mapa del mundo a través de las narices de los otros: “cada nariz es la cifra de un secreto porque en cada inhalación se meten al cuerpo fragmentitos del paisaje”. Pel, después de salir de la Tierra, se encuentra con los habitantes de otro planeta, Unos y Otros. Los conquistadores (Otros) se quedaron no solo con la tierra de los Unos, sino también con su lengua.
Desde Nueva Orleans (Estados Unidos), donde da clases en la universidad de Tulane, el escritor mexicano cuenta que en la “vieja normalidad” regresaba a su país cada dos o tres meses y solía pasar también el verano. Ahora, pandemia y asuntos migratorios mediante, está varado en la capital del jazz. “No sólo extraño México, me enferma no estar allá. El contacto más importante para un escritor es con la lengua viva”, plantea Herrera en la entrevista con Página/12. Su primera novela, Trabajos del reino (2004), recibió el Premio Binacional de Novela Border of Words y en 2008, cuando se editó en España, cosechó otro reconocimiento más: el Premio Otras Voces, Otros ámbitos, a la mejor novela en castellano.
Herrera (Actopan, 1970), editor y fundador de la revista el perro, publicó también las novelas Señales que precederán al fin del mundo (2009) y La transmigración de los cuerpos (2013). Los cuentos de Diez planetas (Periférica), que se publicó en España en 2019 y está disponible en las librerías argentinas desde febrero, los escribió intentando tirar del hilo de una idea: gente que abandona el planeta y sale a explorar el universo.
--A partir de una cuestión que aparece en uno de los cuentos, surge un interrogante: ¿necesitamos el arte de los monstruos?
--Si, sin ninguna duda. ¿No vamos a volver a escuchar a Michael Jackson? ¿No vamos a volver a ver ninguna película de Harvey Weinstein? ¿Vamos a quemar todos los cuadros de Picasso? Un artista y su obra siempre estarán vinculados; la obra puede ser leída, admirada o criticada, incorporando también el mundo social y la responsabilidad del artista. El arte no tiene por qué ser una colección de obras de gente buena, ¿no? Sea lo que sea que signifique gente buena, porque tampoco hay un acuerdo universal al respecto. El arte simboliza, codifica, representa lo humano; eso incluye las partes terribles de lo humano.
--¿Por qué la cuestión de género está en varios cuentos, desde un personaje que cuestiona el binarismo, hasta el hecho de que aparecen catorce opciones para elegir?
--Esta es una época interesante porque estamos discutiendo la manera en que entendemos el género, la manera en que entendemos la lengua y cómo se corresponden entre sí. A veces me da la impresión de que esta discusión, aunque es muy necesaria, sigue estando en unos parámetros muy conservadores: quién tiene derecho a llamarse mujer, quién tiene derecho a llamarse hombre, sin cuestionar el binarismo. Una de las posibilidades que te da la ciencia ficción es repensar desde cero cualquier cosa, no tanto porque estés planteando algo probable, sino algo imaginario. Esta imaginación radical que ofrece la ciencia ficción nos sirve para ejercer una crítica sobre nuestro mundo presente, aunque parezca que estamos hablando del futuro.
--¿En qué consiste la radicalidad de la ciencia ficción hoy?
--La literatura realista no está más cercana a la realidad; está más cercana a ciertos códigos canonizados sobre cómo se habla de la realidad. En la medida en que la ciencia ficción se desembaraza de esos códigos tiene una mayor libertad para hablar de manera insolente sobre lo que está sucediendo. La virtud de la ciencia ficción es la insolencia; no es rehén de binarismos, de certezas, de rigideces, y puede hacer una observación acuciosa de nuestra sociedad imaginando radicalmente otras sociedades.
--En el cuento “Los conspiradores”, tal vez el más profundamente político del libro, se menciona una vacuna contra la insurrección. ¿Estamos en un momento político de sumisión?
---La tensión entre la obediencia y la insolencia es permanente en todas las sociedades. Esta vacuna contra la insurrección funciona de distintas maneras, manipulando las visiones del mundo. Un colega en la Universidad de Tulane, Fernando Rivera, me contó una hipótesis sobre el quechua en Perú. El quechua no era la lengua de los conquistadores Incas, sino que era la lengua de otro pueblo que estaba en esa zona y cuando llegó el conquistador Inca, avanzado militarmente, en lugar de imponerle su propia lengua, que es lo que hicieron los españoles y casi todos los conquistadores, encontraron que este pueblo tenía una estructura cultural de la cual podían servirse. Así como se apropiaron de todos los otros recursos naturales, también se apropiaron de su lengua. Este pueblo invadido olvidó que era su lengua y adoptó su propia lengua como la lengua de los conquistadores. Lo cual nos sucede una y otra vez: cómo nos quitan algo que tenemos y luego nos lo venden de manera simplificada. Podemos poner cientos de ejemplos, yo pienso en la barbarie gastronómica que sucede en los Estados Unidos con la comida mexicana; lo que ellos llaman tacos es el resultado de que se robaron la palabra, hacen una cosa absolutamente despreciable y luego pretenden vendérnoslo como si eso fuera comida mexicana. Estas son formas de control de la lengua.
--¿Cómo se resiste a esas formas de control?
--Tenemos que encontrar distintas maneras de resistir las formas de control sobre la lengua que vienen del Estado, que vienen del mercado, que vienen de instituciones intermedias que asumen que saben cómo debe hablar la gente. La literatura es una forma indisciplinada, aún cuando pertenezca a una tradición. La literatura siempre tiene que estar indisciplinándose frente a las reglas. Yo no me quejo de las redes sociales porque esta es la época en la historia de la humanidad en que la gente más ha leído y escrito; la gente lee mensajes de texto y escribe tuits, comentarios en Instagram o donde sea. Eso me parece muy bien; pero corremos el riesgo de perder la lectura de largo aliento que le hace algo distinto a la manera en la que hablamos y comprendemos. Las presiones sobre la lengua en esta época de culto a la inmediatez pueden venir no sólo de la censura estatal o del mercado, sino también de nuestros hábitos.






