martes, 10 de septiembre de 2019

2do Ansible: CF feminista


Mariano Villarreal González está con Maielis González Fernández y 5 personas más.
Minicrónica del Ansiblefest 2019
Versión corta: ¡Estuvo GENIAL, estoy deseando repetir el año que viene!
Versión larga: (personal e intrasferible, avisado/a/e quedas) 
Durante los días 6 y 7 de septiembre tuvo lugar AnsibleFest 2019, segunda edición de este festival de ciencia ficción feminista, en esta ocasión celebrado en la Fundación BilbaoArte, un centro de producción artística dependiente del Área de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Bilbao. El evento contó con charlas, talleres, proyecciones, música, feria editorial y otras actividades, y como siempre la entrada fue gratuita.
Ciertamente, llevábamos muchos años deseando contar con un festival de ciencia ficción en el Botxo, y al fin lo tenemos, pero además es feminista, reivindicativo, festivo y con diversos actos en euskera. ¿Se puede pedir más?
El evento dio comienzo el viernes a las 16h con una feria editorial en la que participaron, entre otros, los sellos Crononauta, Pulpture, Cazador, Cerbero, Antipersona, Café con Leche, La máquina que hace Ping!, la revista Supersonic, la librería Joker que trajo cómics de Astiberri y una asociación de autores autoeditados (lamento no recordar más, que los hubo).
Los actos en sí dieron comienzo a las 17:30 con una mesa redonda sobre videojuegos, con Darkor_LF e Ilargi Blasko Ochoa, y una charla en euskera sobre la figura de Ursula K. Le Guin, con Ana Isabel Morales, Arrate Hidalgo e Iban Zaldua. Tenía curiosidad por escuchar a Iban Zaldua, conocido escritor vasco quien también ha cultivado el género en su novela satírica 'Si Sabino viviría' y me sorprendió su conocimiento de la temática, aunque su falta de referentes modernos me hace sospechar que, como en el caso de tantos intelectuales, Le Guin pueda tratarse de una autora descubierta en su juventud y que no siga mucho las novedades del género ni los/as nuevos/as autores/as. Ana Isabel y Arrate oso ondo, beti bezala 
Ah, y buenas noticias: pronto podremos leer 'Los desposeídos' (Ezjabetuak) euskeraz.
Siguió la mesa redonda «Iniciativas de visibilización de mujeres en el género», con Laura S. Maquilón (La Nave Invisible), Darkor_LF (Todas Gamers) y la chilena Pamela Rojas (La Ventana del Sur), que me perdí por un compromiso personal ineludible (¿alguien ha sido invitado alguna vez a una reboda?), así como el resto de actos de la tarde: taller de cómic feminista en euskera, con Garazi Albizua e Irati F.G., una proyección Vid-party y Bertso Saioa con Danele Sarriugarte (gai-jartzailea), Uxue Alberdi, Eli Pagola, Oihana Bartra y Miren Artetxe.
El sábado 7 empezó realmente potente: la mesa redonda «Ciencia ficción y (anti)fascismo», con Layla Martínez (editora de Antipersona) e Irati Jiménez fue, para mí, uno de los momentos cumbre por su nivel dialéctico y compromiso social. De lo mucho que se dijo (ojalá se grabase) os dejo una sola idea: las distopías fueron necesarias en su día pero ya es hora de dejarlas atrás y plantear escenarios más optimistas (como el hopepunk o el solarpunk, añadiría yo), entre otras razones porque está empezando a calar la idea de que si el futuro es tan distópico, el presente no es tan malo y pierde así fuerza las ganas de renovar la sociedad para conseguir un mundo más justo e igualitario.
A ella siguió una interesante mesa redonda sobre «Literatura fantástica y post-ciencia ficción en la literatura latinoamericana escrita por mujeres», donde la escritora cubana Maielis González y la chilena Pamela Rojas destacaron la obra de varias importantes autoras de Chile y Argentina. A la salida aproveché para conocer personalmente y charlar un ratito con Pamela Rojas, resaltar nuestra mutua admiracion por Elena Aldunate y ojear algunos libros chilenos. Ojalá haya pronto una LatinoCon donde conocer más autor@s del otro lado del charco.
A resultas de lo anterior, llegué bastante tarde a la mesa redonda «Lo LGTB+ en la ciencia ficción», con Almijara Barbero y Andrés Bigorra, en la sala anexa a la principal, que estaba tan petada de gente que opté por salir y escuchar la mesa redonda sobre el universo Warhammer 40K titulada «Señoras del M41, tías grimdark hablando de Warhammer 40K», con Teresa Álvarez, Alicia Fachal y Lucía Prieto. Aunque no soy muy de videojuegos, lo cierto es que la charla fue muy amena y el apoyo audiovisual ayudó bastante lo pasé bien.
El último acto al que asistí en la mañana fue la mesa redonda «La mujer robot en el cine, videojuegos y cómic», con las especialistas Paula Itfish, Marta Trivi y Elisa McCausland. El repaso del cine estuvo realmente bien (aunque IMHO faltó hablar de la serie Westworld), en videojuego y cómic me confieso un neófito, pero quedó claro la evolución del tema a lo largo del tiempo. Muy bien.
Me perdí (había que escoger, snif) la mesa redonda «Las nuevas Prometeas: mitología y arquetipos en el universo Marvel», con Virginia Buedo y Andrea Penalva; «Mujeres, hackers y ciencia ficción», con Mónica López del Consuelo e Irene Martínez (FemDevs); y el taller de escritura creativa colectiva de Quantic Sisters
La tarde comenzó para mí con la mesa redonda «La especulación lingüística en la ciencia ficción», con Felicidad Martínez, Almijara Barbero y Arrate Hidalgo; dinámica e interesante, no esperaba menos de estas tres cracks. Al término apenas tuve unos minutos para charlar entre actos con Rodolfo Martínez (seguiremos hablando de tu novela, jeje) y Pablo Loperena (quien pronto publica un libro en Insólita que merece mucho la pena) porque no me quería perder el «Encuentro más allá del espejo», que fue otro de los momentos álgidos del Ansible, pues al fin pude conocer la obra de la galardonada autora de cómic Emma Ríos de la mano de la gran experta en el tema Elisa McCausland; también disfruté de la obra de la argentina Sole Otero.
La sorpresa del Ansible fue, en mi caso, la mesa redonda «Mujeres compositoras en la ciencia-ficción», donde Blanca Rego y Natalia Piñuel repasaron con rigor, detalle y gran amenidad el trabajo de algunas compositoras, totalmente desconocidas para mí pero de gran relevancia en el cine de género, en películas tan señeras como Planeta Prohibido, La naranja mecánica, El resplandor, etc. Se habló de bandas sonoras, trucos de sonido, y mucho más. Y creo que unos cuantos descubrimos un instrumento tan alienígena como el Theremin (buscad, buscad cómo se toca y, sobre todo, cómo suena) 
El evento finalizó para mí (debía coger un bus para regresar a mi ciudad, so pena de que mi familia me deshauciara) con el simpático Encuentro transatlántico-virtual entre la cubana Maielis González y las mexicanas Libia Brenda (finalista de los premios Hugo 2019 en la categoría Best Related Work) y Gabriela Damián Miravete (ganadora del premio James Tiptree Jr. en 2019). Se comentó la situación de las autoras de género en México y se estrecharon lazos.
De nuevo, hube de perderme algunos actos: «Buztinezko Etorkizuna», lectura con música en directo, a cargo de Itxaro Borda e Ibon Rodriguez; Editatona de Wikipedia, con Eider Burgos; la mesa redonda «Juegos de rol y feminismo» con Alba-Nerea Nieto (Arcana Nocte) y Rocío Vega; el taller «Traducuir: la traducción de géneros diversos», con Carla Bataller y Javier Pérez Alarcón; Rol en vivo, con Arcana Nocte y, como colofón, concierto «Orion» (Música + Video DJ Liben Svaart.
¿Qué más puedo añadir? El Ansible es un evento multimedia de ciencia ficción feminista que posee una gran carga intelectual, reivindicativa y lúdica, y solo por eso no os lo deberíais perder. Si el año pasado se respiró ilusión, fraternidad y trabajo bien hecho, este año ha sido el de su (espero) definitiva consolidación. El edificio y sus salas se quedaron pequeñas en algunos momentos, y eso es un handicap; tampoco había zona de bares cercana apropiada para una BarraCon... pero es que, en mi opinión, este festival se mueve en otras coordenadas y conviene no perderse actos, charlar en pasillos y hacer constantes incursiones a la feria editorial antes que tomarse unas cañas con amiguetes, que para eso están las comidas y cenas entre actos. En fin, personalmente he disfrutado mucho y aprendido un montón, y descubierto grandes autoras que hacen cosas interesantes en el género o fueron pioneras.
Agradecer el currazo a las organizadoras (Arrate Hidalgo, Laura Lazcano y Laura Huelin), voluntarias y organismos implicados
Hasta el año que viene. Ciao 

domingo, 8 de septiembre de 2019

Mi ponencia en el Friki: Distopías antipatriarcales en El cuento de la criada y La puerta de Margaret Atwood

“No mires en la última habitación, la más pequeña, oh querido, mejor no mires”: Distopías antipatriarcales en El cuento de la criada y La puerta de Margaret Atwood



Paula Irupé Salmoiraghi

Para Frikiloquio 2019



La novela y el libro de poemas de Margaret Atwood que nos ocupan hoy me permiten retomar, sostener y ampliar un modelo teórico que vengo explorando desde hace ya diez o doce años. Se trata de lo que he llamado, presa del binarismo sexogenérico del patriarcado y de mi militancia en debates donde la violencia del lenguaje es mi única defensa, “el no-camino de la heroína”. Este mismo espacio de jornadas en años anteriores me ha visto aplicarlo a personajes femeninos o masculinos, sociabilizados como varones o mujeres, de Angélica Gorodischer, Liliana Bodoc o George Martin. Se trata de un modelo superador del mítico camino del héroe: Si aquel, según estudios clásicos de Joseph Campbell, partía del hogar hacia el lugar de la aventura, atravesaba pruebas y obstáculos, vencía adversarios y retornaba para ser coronado, premiado u obtener la mano de su dama, necesité decir, con mi modelo de heroína, que hay, en todas nuestras narraciones, otras formas heroicas. No son lineales sino circulares o elípticas, no avanzan ni conquistan sino que engordan y se expanden sin abandonar su centro, no se caracterizan por la fuerza, la valentía, la inteligencia o la individualidad irrepetible y potente de todo héroe sino por cualidades que todas las comunidades reconocen como valiosas pero no dan el nombre de heroicas: hablo de la curiosidad, la unión con otres más allá de cuerpas y especies, la solidaridad, la capacidad de comunicación, ronda, grito y canto, el poder de la memoria, la narración y la alegría. Y digo que la heroína, se encarne en el cuerpo que se encarne, no conquista ni vence en combate a monstruos y oponentes, sino que se deja atravesar por realidades adversas y las diluye, ofrece su cuerpo múltiple para ser penetrado y reproducir, a través de sí misma, cuerpos, textos o verdades que son valiosas para la comunidad.

Te muestro una muchacha fugitiva, de noche
entre árboles que no la aman
y sombras de muchos padres

que no le indican el sendero” (2009, 189),

comienza diciendo la yo lírica del poema “La esencia del gótico” en La puerta, libro de Atwood publicado por primera vez en 2007. Esta voz, que se define a sí misma como “la vieja/ que aparece siempre en cuentos como éste” puede leerse en paralelo con la narradora de El cuento de la criada, ya que ambas sostienen heroicamente la denuncia del presente distópico y la fe sagrada en el pasado sumergido por las jerarquías patriarcales que aflorará irremediablemente en un futuro utópico y liberador para las múltiples formas de vida no violentas que no se adaptan ni quieren adaptarse a las máquinas de las guerras y los poderes de la humanidad viril.
Por otro lado, el título de este trabajo replica otro de los versos de La puerta que me permite clarificar que el sistema patriarcal somete y tortura todo cuerpo no funcional leído como no hegemónico o normalizado: “No mires en la última habitación, la más pequeña, oh querido, mejor no mires” (2009, 127) dice el poema “Palacio de hielo” en el que el sujeto amoroso masculino, “querido”, ocupa el clásico lugar de la sin nombre “esposa número x de Barbazul”, aquella entre tantas que debía ocultar su curiosidad, cuidarse de no conocer los secretos del poder que la domina y del espacio que habita sin ser libre.
La poesía de Atwood comparte con su novela la descripción de los efectos dolorosos del presente y los modos en que las heroínas reconstruyen mediante la esperanza sus cuerpos y sus espacios. En el poema “Europa con cinco dólares al día”:

Me he desconectado.
Puedo sentir el lugar
al que estaba unida.
Está en carne viva, como cuando te cortas
un dedo con un rallador. Es un revoltijo
de imágenes hechas añicos. Me duele.
¿Pero en qué parte de mí
está exactamente el tallo arrancado?
A veces aquí, a veces allá.

Mientras tanto, la otra muchacha,
la que tiene memoria,
se acerca cada vez más.
Me alcanza, arrastra tras ella, como humo rojo,
la cuerda que nos une. (2009, 21)

La heroína es múltiple, no se trata de sujeto individual desdoblado o esquizofrénico, ni de espejamiento egocentrado sino de comunidad y población multicorporal. Lo que podría leerse como desdoblamiento entre voz lírica y sujeto lírico, o Defred y June, cuerpo que añora el pasado y cuerpo que sufre el presente, no es división sino suma. Ante el dolor de la separación del lugar al que está unida, ante el corte, la carne viva, el revoltijo, el tallo arrancado, la heroína apela a la memoria y a la cuerda y el humo que la une con otres como ella. De más está decir que las estrategias patriarcales siempre son de división, silencio y olvido y que los estereotipos de unidad, univocidad y coherencia lineal suelen impedirnos ver estos movimientos de duplicación y multiplicación como heroicos.
Dentro de este esquema, la figura de la casa familiar, de lo cotidiano, de “la mujer” como “ángel del hogar”, de su dulzura y paciencia como única función en relación con el retorno del guerrero y su felicidad final aparecen tematizados en Atwood en ambos libros. En el poema “La resurrección de la casa de muñecas”, por ejemplo:

(…) ahora es un hogar.
Brilla desde adentro.
El felpudo dice Bienvenidos.
Sin embargo, estamos preocupados
por cuitas cotidianas.
¿Cómo hacer que sea seguro?
Hay tanto de lo que defenderse.
Podrían padecer enfermedades o emitir lamentos,
o encontrar una tortuga muerta.
Podrían tener pesadillas.
Tendrían suerte, si es sólo una tostada
lo que arde.

Madeleine sólo tiene tres años
pero ya sabe
que el bebé es demasiado grande para el cochecito.
Por mucho que te esfuerces en meterlo dentro,
un día, mientras duerme,
se deslizará por un hueco de tu memoria
y logrará escapar. (2009, 31-33)

En oposición a la figura de la perfección familiar del patriarcado, Atwood nos ofrece muestras del desborde que implican las vidas y las cuerpas heroicas: los miedos radican en los sueños de cada quien, en los contagios entre seres enfermos, en afectos animales perdidos, en productos reproductivos como el bebé (cuerpo que ha crecido en nuestro cuerpo o fetiche reproducido para entretenernos) que escapan irremediablemente a través de uno de los grandes focos de empoderamiento de toda heroína: la memoria. No se trata de un acervo humano simplemente, de un resguardo de valores canonizados y solidificados por el poder sino de un humus vivo en el que los aportes múltiples incluyen y centralizan como sagrados los devenires vegetales y animales. La memoria feminista engorda y prolifera en lo salvaje.
En “Luto por los gatos”, se decide que lloramos por los gatos porque tenemos frío sin su pelo y porque, igual que las doncellas focas de la leyenda nórdica, al desaparecer ellos, “hemos perdido/ nuestra segunda piel, encubierta/ a la que nos mudábamos,/ cuando queríamos divertirnos, / cuando queríamos matar/ sin pensarlo dos veces, /cuando deseábamos despojarnos del insufrible peso/ de ser humanos.” (2009, 41).
En “Mariposa”, el padre logra su momento epifánico al ver una mariposa en un tronco río abajo, visión que lo sacará de la vida lineal de héroe viril y lo llevará a buscar meandros y fluires que lo devuelvan al mundo integrado que añora.
En “Grillos”, Atwood retoma y corrige la tradición aceptada en las fábulas tradicionales:

La hormiga y el saltamontes tienen
su lugar en nuestros bestiarios:
la primera atesora riqueza, el segundo
gasta. Estamos en el término medio: aprobamos a
la hormiga (lo dice la razón); amamos
al saltamontes (el corazón);
emulamos a los dos: ¿por qué elegir?
si podemos acopiar y jugar.

Pero los grillos han sufrido
nuestra censura: No tenemos
grillos en nuestros hogares. No tenemos hogares.

No obstante, nos despiertan
en las frías noches,
vocecitas tímidas que no podemos situar,
relojitos haciendo tictac,
relojes baratos, pequeños recuerdos de lata:
tic, tic, tic;
en algún lugar de las sábanas,
en los muelles, en la oreja,
aquellas hordas de muertos famélicos
regresan siempre, igual que nuestro pulso. (2009, 55-57)

La metáfora del grillo le sirve a Atwood para señalar aquellos rasgos humanos animales que el patriarcado ha castigado y que la heroína reivindica como cualidades valiosas para nuestra supervivencia. El pulso, el latido, el tictac del tiempo vuelve cíclicamente, irrenunciablemente y une a los vivos con los muertos, los muertos famélicos porque no son alimentados por lo sagrado sino olvidados por las hormigas razonables y racionales que el patriarcado quiere que seamos. La idea de totalidad y de circularidad es central para romper la linealidad, la especificidad, el espejismo e, incluso, los binarismos dentro de los que seguimos viviendo y teorizando.
La narración y la poesía tienen papeles deslumbrantes en el devenir utópico que movilizan las heroínas. No en vano el título de la novela es “el cuento de la criada” en referencia a las historias que ella misma se narra como sostén en medio del desastre. Y “cuento” nunca será opuesto a “verdad” o a “historia” sino que serán los modos en que la palabra y su belleza nos sirven como bálsamo, escudo y argamasa originaria, todo a la vez.
En el poema “El regreso del poeta” vemos, exactamente, el recorrido del poeta-héroe hacia su destino de poeta-heroína:

El poeta ha vuelto a ser poeta
tras décadas en el papel de virtuoso.

¿No puedes ser las dos cosas?
No. En público, no.

Antes, sí se podía,
cuando Dios era aún venganza aterradora

y disfrutaba del olor de la sangre,
sin llegar a otorgar su perdón resbaladizo.

Esparcías entonces incienso y alabanzas,
luciendo en la garganta tu collar de serpiente,

y cantabas himnos a los hundidos cráneos de tus rivales,
himnos que terminaban en un pío estribillo.

Sin sonreir de modo deferente, sin preparar galletas,
sin tener que decir Soy, en realidad, una persona amable.

Me alegro de que vuelvas, querido mío.
Ha llegado la hora de reanudar nuestra vigilia,

hora de abrir la puerta de tu sótano,
hora de recordarnos a nosotros mismos

que el dios de los poetas tiene dos manos:
la una es diestra y, la otra, siniestra. (2009, 61-63)

Este mismo poema nos permite entrar de lleno en el tema de la novela de Atwood como premonición, advertencia o denuncia. Son recurrentes en El C de la C las referencias a “antes” o a “aquellos tiempos” en oposición a “ahora”. En el poema anterior, también se marcan dos planos temporales: un presente distópico que ubicamos en tiempos del patriarcado y sus sistemas jerárquicos de dominio de los cuerpos y la vida y un tiempo anterior, salvaje, libre, que debe ser retomado, recuperado, recordado. Metáforas como el sótano o “reanudar la vigilia” indican que, igual que Defred, el poeta no ha abandonado su lugar sino que ha sostenido su tarea en momentos adversos y es quien se ocupará de empoderar la utopía. “Cantar es un credo/al que no podemos renunciar” dice otro poema titulado “Búho y gatita, algunos años después”, mientras la heroína de El c de la C escribe su relato confiando en lectores ideales:

...todavía nos queda
una tarea por hacer, o al menos
tiempo por pasar; por ejemplo, podríamos
celebrar la belleza interior, los jardines,
el amor y el deseo, la lujuria, los hijos, la justicia
social de varias clases, incluso el miedo y la guerra.
Podríamos escribir lo que es estar cansado. Ahora
estamos llegando ahí. ¡Pero somos demasiado
pesimistas! ¡Eh, nos tenemos
el uno al otro, y un techo, y desayunamos
todos los días!¡Nata y ratones! Para

la gente como nosotros, en otros lugares, suele ser peor:
una bota levantada, carne envenenada, o los arrastran
por las alas o la cola a alguna pared
o trinchera, o los obligan a arrodillarse
y les vuelan los cesos, salpicando
esta Naturaleza que nos gusta tanto
(...)
El mundo se vuelve
una enorme y grave vocal de horror
mientras, detrás de esas banderas mohosas, los esloganes
que siempre riman con la palabra muerte,
reunen a unos cuantos vejestorios adinerados. Así que
sinceramente, ¿quién quiere escucharlo?
(...)
bueno, querido, nuestra gujereada
góndola de cartón nos ha traído hasta esta orilla,
a nosotros y a nuestra guitarra de papel.
Sin ser ya semiinmortales, sino búho
desplumado y gatita artrítica, remamos
más allá de la última duna, hacia el salobre
mar abierto, hacia la puerta de las cabezas de perro,
y después el olvido.
Pero canta, sigue
cantando, quizás alguien te escuche,
además de mí. El pez, por ejemplo.
Sea como sea, amado mío,
siempre nos quedará la luna. (2009, 83-85)

Narrar la distopía se vuelve necesidad y valor del testimonio de la heroína que denuncia el sistema viril de las guerras y las jerarquías. Cantar la utopía es reunir pasado y futuro por encima y por debajo del presente patriarcal, apostar a la totalidad de lo vegetal y lo animal, al poder de lo cíclico, de lo blando, lo penetrable, lo fértil. Atwood se hace cargo de la tarea en “Otra visita al oráculo”:

¿No hay esperanza?
lo preguntan una y otra vez. Aunque el cielo está azul como siempre,
y las flores tan floridas,
aguardan ahí con la boca abierta,
los brazos les cuelgan inútiles
como si la tierra fuera a desmoronarse,
como si no hubiera un refugio seguro.
Por supuesto, les digo.
Odio decepcionarlos.
Por supuesto que hay esperanza.
Está ahí, en aquel pozo.
Hay un suministro inagotable.
Inclínate sobre el borde, la verás
ahí abajo.
(...)
Empieza a cavar la madriguera,
a donde reptarás
para hibernar.

Llama al oso que tienes dentro,
está en ti, lo estás viendo. (2009, 207-209)


.

domingo, 11 de agosto de 2019

Mi triste relectura de La mano izquierda de la oscuridad


Ahora te copio y pego los comentarios que fui poniendo en feis.
Al final algo me reconcilié con la historia que cobra un poco de interés con la narración del exilio, el cautiverio y la huída. Pero aún así... Tantos años oyendo citar esta novela como precursora de los planteos de género y nada: todo un planeta donde no existe la división binaria de la humanidad y eso no se tematiza, apenas es un dato de esa realidad y el resultado general es un mundo de puros "hombres". Qué tristeza para esta lectora.


Estoy releyendo La mano izquierda de la Oscuridad (la había leído a los 16 años y no me acordaba nada de ná) y me está causando muchos conflictos. Si el narrador se refiere a todes les personajes como "hombres" ¿dónde está lo no binario.? Si lo comparo con Doquier de Angélica Gorodischer, creo que el efecto estaba mucho mejor logrado porque evitaba durante toda la novela referirse al personaje tanto en masculino como en femenino. Me parece que Le Guin plantea una cosa a nivel universo que no puede plasmar a nivel lingüístico.

Me gusta lo que dice respecto de la civilización, el progreso y la guerra como único modo de formar naciones pero no sé... Me embola mucho todo el desarrollo, no veo nudo ni conflicto potente y lo que me interesaría está minimizado.


¿Cómo el narrador terrestre es hombre percibe a todes como hombres? En algunos momentos en que se habla del kemmer y los kemmerantes se alude a la sexualizacion como estado perverso. O no estoy entendiendo una teta, o la novela ha envejecido terriblemente, o el feminismo de la Le Guin era más un masculinismo.


Voy por una parte en que el rey está embarazado y todes se cagan de risa porque está viejo. No se cuenta mucho más, no es conflicto ni hecho central para la narración. Se sigue hablando de economía y comercio como si eso fuese más relevante y yo me aburro sobremanera.


¿Cómo el narrador terrestre es hombre sólo narra conflictos políticos y económicos? ¿Entonces sí hay temas de y para mujeres y eliminar el binarismo implica olvidar esos temas?


Me resulta aburrida, sin desarrollo de lo que me interesa como visión no binaria de la sexualidad y, encima, me jode mucho que todos los personajes sean tratados como "hombres". Eliminar el binarismo genérico es eliminar todo lo femenino que no sé que carajo es pero lo extraño?



sábado, 29 de junio de 2019

Un mundo mayoritariamente femenino

El desprecio al fanfic: ¿una forma de misoginia?

¿Cuántas veces hemos leído críticas y desprecios contra los fanfics? ¿A cuántas lectoras les avergüenza reconocer que los leen? ¿Y cuántas escritoras dicen con la boca pequeña que los escribían «pero solo en la adolescencia, cuando eran jóvenes e inocentes»? ¿Os habéis planteado alguna vez el motivo de ese odio desmedido hacia esta práctica? Porque yo sí, y estoy convencida que buena parte de ese desprecio se debe a que se trata de un fenómeno mayoritariamente femenino y, como todo aquello que está ligado a la mujer, genera rechazo y burlas ante una sociedad que sigue desprestigiando todo lo que venga de ella y, en especial, de la mujer joven.

¿Qué es el fanfic?

Para aquellos que no estén familiarizados con él, fanfiction es un término inglés que se refiere a las obras escritas basadas en otra obra previamente existente y de la que no se tienen los derechos. También se conocen como fanfics o, simplemente, fics. Estas creaciones nacen en su gran mayoría dentro del fandom, que es el nombre que reciben el conjunto de aficionados de algún pasatiempo, persona o fenómeno (fans).
Según defiende Constance Grady en su artículo «Why we’re terrified of fanfiction», en el fandom hay dos tipos de aficionados: los curativos, que se centran en recolectar información, y los transformativos, que son los que crean para transformar el canon, produciendo, entre otras obras artísticas o transformativas, los fanfics.
En este punto quizás sería bueno preguntarse qué es realmente un fanfic. Si nos ceñimos a la definición genérica, nos encontrarnos con que hay mucha producción literaria que se podría considerar como tal, como por ejemplo, las revisiones de mitos, las reescrituras de clásicos o las obras relacionadas, como ocurrió con las aventuras de Sherlock Homes. Según la Wikipedia, la diferencia entre estas obras y las que pertenecen al fenómeno fanfic son las pretensiones artísticas o económicas que las motivan. Lo que nos llevaría a preguntarnos: si alguien escribe un fanfic con clara intención artística, ¿deja de ser un fanfic y pasa a ser una obra literaria? ¿Y quién marca esa línea? ¿El mercado editorial? ¿El canon literario? ¿Los críticos? Pero eso daría para otro debate y por ahora lo vamos a dejar ahí.

¿De dónde sale el fanfic?

Si nos centramos en el fanfic como «fenómeno de masas», podemos decir que este nace a finales de los 60 y a lo largo de los 70, gracias a la serie Star Trek.
El capitán Kirk y el señor Spock, en una imagen de la serie original de Star Trek, emitida a finales de los 60.
Como contaba la autora Joanna Russ en el artículo «Pornography by women for women, with love», escrito en 1985 y en el que analizaba el fenómeno fanfic, Star Trek trajo un gran número de mujeres al fandom de la ciencia ficción, que hasta el momento había sido un nicho prácticamente masculino. Esto se tradujo en una gran producción de fanfics, en especial del tiposlash (también conocidos como yaoi, por el término japonés, y que relatan relaciones homoeróticas entre hombres). Una explicación al porqué de esa producción lo encontramos en el artículo «Spock among the women», escrito por la académica y experta en el fandom Camille Bacon-Smith en 1986, en el que también analizaba el papel de la mujer en el fenómeno fanfic deStar Trek y su relación con el fandom.
Bacon-Smith defendía que la incorporación de las mujeres alfandom de la ciencia ficción derivó en la producción de fanfics como una manera de representar sus preferencias estéticas y en la búsqueda de un modo de reflejar sus fantasías sexuales y de poder. Esas mujeres no estaban satisfechas con el modo en que la ficción que consumían las representaba y por eso querían transformarla para incluir sus propias perspectivas. De ese modo, podemos afirmar que el fanfic nace cuando la mujer se incorpora al fandom y siente la necesidad de verse reflejada en las obras de las que es seguidora, y que en la mayoría de casos están creadas por y para hombres, sin dejarle espacio a ella.

¿Cuántas mujeres hay en el fanfic?

Como ya hemos visto, el nacimiento del fanfic es cosa de mujeres. Pero también lo es su evolución y su desarrollo. Así, si analizamos las cifras de uso de tres de los principales portales de lectura y escritura de fanfic(1) en Internet, nos encontramos con lo siguiente:
  • Wattpad: es la red más importante de lectura social y autopublicación entre jóvenes escritores.
    • 65 millones de usuarios (2018)
    • El 70% de sus usuarios son mujeres (2018)
  • Archive Of Our Own (AO3): es un software de código abierto y sin ánimo de lucro para el almacenaje de fanfics.
    • Un millón de usuarios (2016)
    • El 80% de sus usuarios son mujeres (2013)
  • Fanfiction.net: es el mayor archivo de fanfic de Internet.
    • Más de 10 millones de cuentas registradas (2017)
    • No he encontrado datos más actualizados, pero en 2002 el 80% de sus usuarios eran mujeres
Viendo todos estos datos podemos afirmar que, a día de hoy, el fanfic sigue siendo un mundo mayoritariamente producido y consumido por mujeres.

¿Qué buscan las mujeres al escribir fanfic?

Todo esto nos lleva a plantearnos la pregunta del millón: ¿por qué escriben fanfic las mujeres?
A grandes rasgos, podríamos agrupar los motivos principales en los siguientes grupos:
  • Les permite explorar la historia en sí, desarrollar el subtexto, completar aquellas partes que no están definidas en el canon o incluso darle una continuación. Escribir fanfics para desarrollar las tramas incompletas o aquello que la obra no muestra de forma específica es una manera para las autoras de demostrar su pasión por las obras originales y de intentar comprenderlas mejor.
  • Les permite el acceso a temáticas que han estado vedadas a las mujeres durante mucho tiempo, como la ciencia ficción o la fantasía, y aportar su propia visión sobre las mismas. Como ya hemos visto, el propio origen del fanfic tiene que ver con el hecho de que la mujer se introdujera en el mundo de la ciencia ficción y empezara a escribir historias en busca de la propia representación y también de la manera en que esas historias reflejaban su concepción de ese género literario. En ese aspecto, creo que es importante destacar el artículo «Does fanfiction promote pacifism?» en el que su autora, Lady Geek Girl, reflexiona sobre el modo en que muchos fanfics exploraran diferentes formas de resolver los conflictos héroe/villano de la ciencia ficción y las fantasía más clásicas, y que se alejan de las batallas entre el bien y el mal en las que el malo muere y el bueno se lleva la gloria. Como apunta Lady Geek Girl, muchas de esas escritoras no quieren que los personajes arreglen sus diferencias de forma violenta, sino que prefieren soluciones adultas y dialogadas, creando así narrativas que plantean un entendimiento, incluso en aquellos casos en los que reflejan la propia violencia y la muestran como algo no deseable.
  • Las ayuda a crear comunidad. Muchas de las escritoras de fanfic resaltan que uno de los motivos que las ha llevado a este mundo es la idea de sentirse parte de una comunidad. En muchos casos, leer fanfics o escribirlos es la manera más sencilla que tienen de acceder al fandom, donde no siempre son bienvenidas por sus ideas o teorías, pues en muchas ocasiones las mujeres fans son menospreciadas por sus compañeros varones. Asimismo, ofrece a las mujeres más jóvenes un espacio seguro donde explorar identidades, algo muy importante dentro de una sociedad que ridiculiza todo aquello que tenga que ver con la mujer y, en especial, con las adolescentes.
«DIOS MÍO ME ENCANTA STAR WARS. Solo ha visto El despertar de la fuerza.» Estos son el tipo de comentarios que muchas fans tienen que aguantar dentro del fandom.
  • Les da libertad para buscar lo que ellas quieren ver reflejado en una historia, porque no hay restricción por parte de la moral, la crítica, ni los editores. El hecho de que el mundo del fanfic se mueva al margen del mercado editorial les da una gran libertad a las escritoras para abordar todos aquellos temas que realmente les interesan y los enfoques que ellas prefieren. Les permite cuestionarse lo que está mal en las narrativas ya existentes y crear historias alternativas para subsanar esos desajustes. Por otro lado, muchas de las autoras de fanfics no quieren sacar beneficio económico de sus obras y las producen solo por el disfrute de pertenecer alfandom. También hay algunas autoras que tienen una concepción anticapitalista del arte, basada en la colaboración y el intercambio, que se aleja de la concepción mercantilista que rodea al mercado editorial convencional.
  • Las ayuda a explorar la propia sexualidad y la igualdad de género. Muchas escritoras discuten a menudo sobre lo queer, el constructo social del género y las políticas alrededor de la sexualidad, la igualdad y el hecho de ser mujer en la sociedad actual. Por eso es normal que si se dedican al fanfic exporten allí esos temas.

El fanfic y el sexo

Pienso que el último punto es lo suficientemente importante como para dedicarle un apartado propio y desarrollarlo con más detalle.
Despectivamente, al mundo del fanfic se lo conoce también como «porno para mujeres». No es algo que se aleje mucho de la realidad, pues es cierto que existen muchísimas obras de este tipo (que no todas, tengamos eso claro). Como explica Libertad Borda en su artículo «Fanfiction: entre el desvío y el límite», el fanfic suele ser, en muchos casos, unareescritura en clave romántica de géneros tradicionalmente ligados a lo masculino (aventuras, ciencia ficción y fantasía), de manera que tienden a ensalzar puntos que en estos géneros están descuidados o se convierten en aspectos marginales, como son las relaciones afectivas entre los personajes.
Sin embargo, lejos de tratarse de algo negativo, conviene analizar el porqué de este fenómeno.
Jess Joho apunta en su artículo «Why erotic fanfiction is a bastion for women’s sexual exploration» que los fanfics son un vehículo para poner un trasfondo de sentimientos y relación al porno, puesto que para las mujeres esos elementos son importantes sexualmente hablando. Se trata de subjetivar a los personajes, en vez de objetivarlos, pues conocer su historia y su evolución hace que el posterior desarrollo sexual excite aún más a las lectoras. Es una manera de crear porno que les guste consumir, ya que el habitual no las satisface.
A pesar de las muchas excepciones a esto, el fanfic es uno de los grandes cultivos de desarrollo de la representación del consentimiento en ficción como parte de un proceso erótico. Y aunque son muchas las que denuncian que todavía hay demasiados fanfics que reproducen comportamientos patriarcales y de sumisión de la mujer y lo femenino, también debemos destacar que muchos otros se decantan por explorar los límites sexuales, el consentimiento y el respeto por la pareja. Así, muchas mujeres jóvenes que participan en los fandoms aprenden sobre sexualidad, consentimiento y kink a través de los fanfics.
Imagen de Pictoline sobre los ships más populares de 2018.
En cuanto a la gran cantidad de slash, como ya defendía Russ en los 80, en realidad este no trata sobre hombres gais en la mayoría de casos, sino sobre fantasías socio-sexuales de las mujeres, que valiéndose de personajes masculinos reflejan las relaciones hombre-mujer que querrían tener. En muchas de estas obras se suelen encontrar personajes con igual poder dentro de la pareja y con narrativas fluidas entre los dos géneros, lo que puede tomarse como una forma que tienen las autoras de escribir sobre ellas mismas, sobre sus deseos y sus aspiraciones, buscando a través del rol del hombre un papel que ellas mismas querrían poseer. Y aunque el slash tiene una presencia mayor dentro del mundo del fanfic, también existe el femslash (fanfics con temática homoerótica entre mujeres) y bastantes autoras escriben historias de lesbianas con final feliz con el objetivo de desmitificar el bollodrama. De hecho, hay indicios que apuntan a que el femslash, y en especial los fanfics de Xena, la princesa guerrera, son el origen del lesfic, la industria editorial de literatura lésbica(2).

¿Qué opinan las autoras sobre el fanfic?

La posición de las autoras frente a este fenómeno comprende gran variedad de posturas, aunque, en general, se suelen dividir entre partidarias y detractoras.
De entre las autoras que no permiten que se escriban fanfics de sus historias encontramos a Anne Rice, tal como mencionó en su web, o Robin Hobb, como mencionó en un artículo titulado «The Fan Fiction Rant». Ambas defienden que los personajes son suyos y que les molesta que otras personas los usen en sus historias y les den una visión que ellas no comparten.
Otra postura sería la de autoras como J. K. Rowling, que, aunque permiten la escritura de fanfics de sus obras, no aprueban que estos sean de contenido sexual, llegando incluso a los tribunales. En una posición parecida tenemos el caso de Anne McCaffrey, que pasó de no permitir la publicación de arte basado en sus historias a hacerlo bajo unasnormas concretas. Por otro lado, también tenemos a aquellas autoras que, de algún modo u otro, están relacionas con creación de fanfics. Algunos ejemplos son:
    • Cassandra Clare: ella misma fue una escritora de fanfics, antes de empezar a publicar Cazadores de Sombras. De hecho, se rumorea que esta saga parte de uno de sus fics basados en el mundo de Harry Potter, The Draco Trilogy.
    • Rainbow Rowell: escribió una novela dedicada al mundo del fanfic, Fangirl, y después una novela protagonizada por los personajes del fanfic que aparecían en dicha novela, Simon y Baz, que a su vez estaban basados en la saga Harry Potter.
Portadas en inglés de los libros Fangirl y Carry On, de Rainbow Rowell
En general, la posición más habitual frente a este tema es que a la mayoría de autoras no les molesta (o al menos lo toleran como algo que va con el oficio), siempre y cuando se haga con fines no lucrativos.

Entonces, ¿por qué ese odio hacia el fanfic?

Del fanfic se suele decir que indica la falta de originalidad, que es solo porno para mujeres, que promueve comportamientos tóxicos o que está mal escrito. Y esto ocurre porque el fanfic es un mundo mayoritariamente femenino y, como tal, está desvalorado porque contiene puntos de vista ligados a la mujer, donde los sentimientos y las relaciones suelen tener un peso importante y porque, además, representa una forma de hacer alejada de la producción mercantilista.
A pesar de todo, las autoras de fanfics siguen escribiendo, y portales como Fanfiction.net, Wattpad o AO3 no dejan de ganar usuarias y de recibir nuevas producciones. ¿Por qué? Porque las mujeres del fandom necesitan un espacio seguro donde contarse. Que las mujeres (y en general la gente queer) sean mayoritariamente fans del tipo transformativo no es casualidad. Puesto que la ficción en general suele representar al hombre blanco, heterosexual y cisgénero, este no necesita cambiar lo que consume para sentirse reflejado en ello. En cambio, las mujeres y las minorías sí que necesitan transformarlo porque, aunque puedan disfrutarlo, en el fondo estas historias no hablan de muchas de sus experiencias vitales.
Que se menosprecie el fanfic sin analizar su procedencia y el motivo de su producción demuestra, como siempre, eldesprecio generalizado y sistemático hacia todo aquello que es o está relacionado con lo femenino y con su voz.
Es cierto que, de algún modo, el mundo del fanfic empobrece a las mujeres y las aísla, porque se trata de producciones a las que dedican mucho tiempo y esfuerzo y por las que no ven una compensación económica ni social. Pero no es culpa de las mujeres, sino de la cultura en la que vivimos que, en vez de intentar entenderlas, las aparta y las tacha de excéntricas o, directamente, de enfermas; se burla de las cosas que les interesan y las hace sentir culpables por tener ciertas preferencias y aspiraciones relacionadas con la ficción que consumen. Por no hablar de que desvaloriza ese trabajo y le quita el mérito que tiene.
Cómo el mundo nos ve a nosotras las fangirlsFuente.
En general, se tiende a echar toda la producción de fanfic en el mismo saco para desprestigiarlo. Pero, como también ocurre con la producción literaria y artística en general, el mundo del fanfic comprende de todo. Es un nicho muy grande y carece de control (que es precisamente uno de sus puntos a favor). Por eso es normal que haya obras malas y obras machistas, porque hay mujeres de todo tipo y sus creaciones reflejan sus formas de entender la realidad que las rodea. Sin embargo, existen también muchas obras que no lo son y que buscan precisamente alejarse de ello o de denunciarlo.
El fandom en sí ya es extraño para buena parte de la sociedad, que ve a los aficionados como a unos frikis inmaduros y asociales. Ahora imaginemos a las mujeres que pertenecen a ese fandom, doblemente apartadas, primero por la sociedad, y después por la parte masculina del fandom, que en muchos casos las acusa de tener una visión errónea del mismo y de querer destruirlo con esa forma de ver.
¿Mujeres creando al margen de las producciones comerciales? ¿Del canon? ¿Por qué? ¿Para qué? Seguro que está mal, da igual el motivo que las lleve a hacerlo. Que se emocionen escribiendo historias románticas gais entre personajes ficticios no puede ser bueno de ninguna de las maneras, no como los hombres que gritan en los partidos de futbol o los que coleccionan cartas de forma compulsiva, que es una cosa completamente normal y comprensible.
Construir este espacio seguro alrededor del fanfic (que además las ayuda a señalar qué es lo que no les gusta de sus obras favoritas o cómo les gustaría que estas se desarrollaran) es la única manera que estas mujeres tienen de liberar su voz crítica y artística, de luchar contra lo masculino como genérico y de sentirse representadas. Y eso asusta. Y asusta porque todo aquello que es mayoritariamente femenino produce ese rechazo. Y asusta también porque señala comportamientos y tics indeseables, agujeros en las tramas y la poca inclusión que tienen la mayoría de obras de ficción mainstream. Y si es una mujer la que señala todo eso, todavía asusta más.

Bibliografía complementaria

Ally Boguhn, «4 Reasons fan fiction is a feminist pursuit», en Everyday Feminism.
Tabitha Carvan, «Fanfiction is women’s work», en Overland.
Jessica Conditt, «Nerdy, written erotica doesn’t need Tumblr to survive», en Endgadget.
Cupidsbow, «How Fanfiction makes us poor», en Cupidsbow Lifejournal.
Elena Crimental, «La revolución feminista geek y el panorama de la mujer friki actual», en Canino.
Anna Cruz Martín, El fenómeno de la fanfiction, Girona: Universitat de Girona (2016).
Helena Curulla, «Fanfic y literatura erótica», en Wall Street International Magazine.
Alesya Mo, «Mi vida como creador de Fanfics», en WATmag.
Morgan, «The erotic versus the realistic: sex in slash fanfiction», en The Fanfic Symposium.
Jordan West, «How to offend everyone and make yourself cry: writing diversity in fanfiction», en The Mary Sue.
«Fanfiction and utopic Sexuality», en The Learned Fangirl.
«Most fanfic witters are girls», en TV Tropes.
Notas al pie:
  1. Estos datos están extraídos de los artículos: “WattPad revela las tendencias más populares de FanFiction en 2017”“Why is there so much slash fic?: some analysis of the AO3 Census” y “FanFiction.Net”.
  2. Women and Words
Anna Roldós
Anna Roldós (Reseñas/Novedades/RRSS): Irilaya. Química de formación, librera de vocación; me leo hasta los prospectos de los medicamentos. Enamorada de Japón, del manganime, de los videojuegos, de la animación y de la ilustración. Me encanta la ci-fi. También escribo.