miércoles, 7 de septiembre de 2022

Autómatas, robots, androides y cyborgs en la literatura Argentina

 

Dice en feis Tulpa Valis

3 h 
Con mucha alegría y el corazón hinchado de orgullo anunciamos la preventa del nuevo libro de la colección Arqueologías del Futuro de @indomita_luzeditorial :
Únicos y repetibles. Autómatas, robots, androides y cyborgs en la literatura Argentina, un ensayo sci-fi/literario erudito pero ameno del escritor, periodista y docente @gonzalosantos1984 con prólogo de la heroína de la ciencia ficción vernácula @lauraponce1972
El corpus de textos con el que trabaja Gonzalo es apabullante y abarca ficciones de César Aira, Daniel Guebel, Samanta Schweblin, Rubén Mira, Caparrós, Hernán Vanoli, Ricardo Piglia, Horacio Convertini, Carlos Gardini, Juan Jacobo Bajarlía, Horacio Holmberg, Gonzalo Gossweiler, Flor Canosa, Pablo de Santis, Sergio Daniel Gaut Vel Hartman, Juan Terranova, Michel Nieva, entre otros.
Únicos y repetibles trabaja en una zona de la literatura argentina sobre la que no hay tanta producción crítica a pesar de su crecimiento en los últimos años, y eso lo transforma en un ensayo necesario y revelador, tanto para el fanático de la ciencia ficción como para el amante de nuestra literatura en general.
(Link para la preventa en comentarios)


Puede ser una imagen de una persona, libro y texto que dice "PREVENTA ÚNICOS Y REPETIBLES Automatar robots, ndraidesy cyborg nl literatra argentina SANTOS Con este excelente ensayo, Gonzalo Santos recorre presencia de autómatas robots, androides en literario forma as diferentes deas siendo aso- clados, noción ser humano mejorado" "mejo humano degradación, una degrada- pero moral, donde memoria poder ella con riesgos de identidady se pone discusión poder sobre cuerpos cuerpos sonpasibles de instrumen- talizados abusados que constituya crimen). 73% Laura Ponce $1300 CULTURA Evita UTEP INDÃMITA INDÃMITALU LUZ"

Taller: "La contemporaneidad de la ciencia ficción latinoamericana contada por sus autoras"









 

lunes, 5 de septiembre de 2022

Altopía: Estéticas cholas y grotesco cyborg

 

Altopia comic

ALTOPÍA: ESTÉTICAS CHOLAS Y GROTESCO CIBORG EN LA NARRATIVA VISUAL DE LA CIUDAD DEL FUTURO

Los creadores del cómic boliviano hablan de la obra publicada por Editorial El Cuervo, que se presentará en la Feria del Libro de Cochabamba

ARTE SECUENCIAL Y ANTROPOLOGÍA DEL FUTURO

Si bien el arte secuencial no es un arte necesariamente contemporáneo o un arte moderno, va a ser repensado de alguna manera en este tiempo de la modernidad justamente a partir de un elemento clave que es el tiempo. Su fragmentación es uno de los elementos principales de la modernidad frente a lo que son los ciclos temporales naturales, lunares, del sol, los ciclos agrícolas. Así se genera un quiebre, una ruptura que tiene que ver mucho con el tiempo mecánico y su descomposición. Entonces, una antropología del futuro tiene que ver con una antelación. Es decir, el arte secuencial vinculado con esto abre la oportunidad de pensar diferentes posibilidades de un futuro. Esta es de alguna manera la idea de Altopía, una propuesta estética del arte secuencial que está trabajando con la virtualización del tiempo para abrir un posible futuro (o posibles futuros) de espacios en centros urbanos en la región andina.

 

EL ALTO, LA CIUDAD DEL FUTURO

Pero no sólo se trata de imaginar el futuro, sino de entenderlo como devenir. Los fenómenos sociales a veces son cíclicos, funcionan incluso en cierto sentido de espirales, es decir, ciertos sucesos que se van repitiendo y especialmente en esta época donde usualmente es muy fuerte la idea del remake, el rehacer, el repetir, lo revival, el pastiche, toda esta cuestión nostálgica, el volver a vivir. Altopía de alguna manera trata de ver qué está gestándose, qué emerge de ese proceso de gestación. Entender El Alto como la ciudad del futuro no se trata sólo de un ejercicio imaginario, de un proceso imaginativo, sino que tiene que ver más bien con esa movilización de imágenes de imaginarios sociales colectivos que hacen un poco a este proyecto. Altopía, que en principio parecería funcionar bajo esta idea de las distopías o los futuros distópicos, puede ser la utopía de otro contexto. Por eso hablamos de Altopía como la utopía de la ciudad del futuro, es decir, en un contexto mundial marcado por pandemias, guerras, etcétera, esos focos periféricos, satelitales del sistema mundo, terminan sacando ventaja de esas condiciones de crisis mundial.

 

LO SAGRADO Y LO PROFANO

Existen ciertos procesos de acumulación de prestigio social que se dan como parte de la dinámica de las prestes, estas celebraciones ostentosas que combinan lo sagrado con lo profano y donde se articulan precisamente lo religioso y lo económico. De ahí que entendemos un poco esa relación entre lo sagrado y lo profano, no tanto en una cuestión de lo ordinario/extraordinario, sino de manifestaciones estéticas que justamente andan en ese ámbito medio híbrido y ahí está un poco la idea de la estética chola que desarrollamos en Altopía. Estamos viendo las estéticas cholas y nos sumamos a estudios sobre esta temática como La ciudad de los cholosLa ópera chola, etc. Estos trabajos dan cuenta de matices entreverados, de cuestiones barrocas, abigarradas. Para el caso de Altopía esto es un elemento clave con el cual estamos jugando, no sólo en términos de contenidos que pueda tener la historia, sino de la misma narrativa, la misma estética con la que nos aproximamos en esta novela gráfica.

 

ARQUITECTURA

En Altopía hay un diálogo en muchos sentidos que se está desarrollando a partir de algunos elementos. En primer lugar se está buscando generar una sensación espacial dentro de las células narrativas de la obra. Células narrativas porque son viñetas pero a la vez también son páginas; como Altopía no está limitado por páginas por ser una experiencia digital, de lectura digital, entonces estas no están bien definidas y también hay algunas viñetas que se extienden más. Las células narrativas que componen Altopía están buscando de alguna manera hacer una mímesis de la forma en la que la arquitectura alteña está proponiendo una división de espacios en altura. Aunque los académicos de la Facultad de Arquitectura de La Paz en varios documentales sobre el fenómeno de los llamados cholets dicen que la arquitectura postmoderna alteña es simplemente fachadismo, hay otros textos, por ejemplo Arquitecturas emergentes en El Alto de Randolph Cárdenas, que proponen más bien una especie de superposición de espacios a partir de un desarrollo económico. De alguna manera queremos que se sienta eso en el cómic y mostrar esta división en altura de los espacios. La experiencia de lectura digital permite también hacer esa experiencia de bajada, desde un punto espacial alto hasta un punto bajo, haciendo el mismo recorrido a través de la página o de la célula narrativa.

 

GROTESCO, CIBORG Y ESTÉTICAS CHOLAS

El grotesco hay que entenderlo como la maximización del significante por sobre el significado. Más que pedir una explicación o una interpretación de qué significa un cholet o una serie de elementos iconográficos estéticos para acompañar esta arquitectura, habría que hablar de la sobredimensión del significante. Estas estéticas cholas están muy vinculadas con esa idea, con esa concepción del grotesco, es el caso de la arquitectura aymara posmoderna. Esto es parte también de la misma arquitectura de Altopía. Nosotros ahí le hemos incorporado un elemento que es el grotesco cyborg. Hay que entender lo cyborg no sólo dentro de lo que sería el universo propio de la ciencia ficción, que evidentemente es de donde emerge, sino también de esta tradición muy vinculada con el “Manifiesto cyborg” de Donna Haraway. También habría que retomar el posthumanismo de Rosi Braidotti. Estas tendencias que vienen muy vinculadas con el feminismo, con ciertas tendencias queer que empiezan a pensar lo cyborg más bien como estos espacios, estas fronteras permeables, donde ya no está tan claro definir lo uno y lo otro, lo que es hombre y lo que es mujer, lo que es humano y lo que es máquina, lo que es humano y lo que es animal, lo que es lo físico y lo no físico. En el caso particular de Altopía se trata de ver lo cyborg no sólo en ese sentido de tecnificación, sino precisamente de esas condiciones sociales económicas en las cuales se van dando esos fenómenos. Es decir, el fenómeno de un cuerpo cada vez más intervenido, un cuerpo que ya no es solo un organismo, un ser orgánico, sino que está precisamente atravesado por todas estas cuestiones de artefactos, dispositivos, prótesis, pero en un sentido muy pensado desde los periférico, frente a esta idea de lo high tech, de la alta tecnología. Más bien, son las posibilidades efectivas en contextos periféricos, desde el sur, de recursos técnicos limitados, de formas abigarradas de entender la tecnificación y los cuerpos.

 

UNA MIRADA POLÍTICA

El cómic en sí es un espacio que goza de ciertas libertades y ciertos beneficios que probablemente no tienen otros lenguajes. Por ejemplo, tiene el elemento visual, que permite imaginar cosas con mucha libertad, puesto que son dibujos. Por otro lado también es un medio barato, al alcance de muchas personas y tal vez también goza de menos filtros de contenido. El cómic, y la industria del cómic en general, valora mucho la diversidad, es un espacio para ver una diversidad de pensamientos y encontrar propuestas innovadoras, propuestas diferentes a las que consumimos en espacios como la televisión, las series y las películas. Nosotros queremos con Altopía demostrar que también puede ser un espacio para eso, para lanzar preguntas. No necesariamente para retratar, para representar situaciones, tal vez más para especular.

 

EL CÓMIC: UN LENGUAJE, UN MEDIO

Habría que cuestionar el uso de la palabra género cuando se refiere al cómic. El cómic, para casi todos los autores teóricos del mismo, no es un género, es un medio o también un lenguaje. Frente a la idea de que es una conjunción entre texto y dibujo, hay otras formas de ver esto que tal vez le quitan ese sentido dual: o texto o dibujo. El lenguaje escrito y las representaciones gráficas tienen un mismo origen, y todo repertorio de elementos gráficos de la humanidad puede ser utilizado dentro del cómic y hay artistas que lo están demostrando, que hacen que sus cómics parezcan planos electrónicos o circuitos electrónicos, donde las formas de lectura emulan más mapas que otra cosa; la experiencia de lectura tiene que ver más con un mapa que con un texto dividido en párrafos. Más bien muchos autores cuestionan esto al explicar que las siluetas, las figuras representadas en las viñetas son más, son también caracteres, esto ya lo decía Will Eisner en su libro El arte secuencial. Las posturas, las posiciones de los personajes, se leen como caracteres. Entonces, lo que hacemos es una lectura de los dibujos muy parecida a la que hacemos del texto. En Japón su lenguaje escrito, sus caracteres, están más cerca del lenguaje icónico, todavía tienen un remanente de representación figurativa de objetos, la diferencia entre el dibujo y el texto está menos distante. Así que justamente, si nos remitimos a Scott McCloud, la magia de hacer comic no está en una conjunción entre un escritor y dibujante, entre el texto y el dibujo, la magia está en el medio, en esa área que puede ser enorme, que está entre esas dos cosas y que también puede abarcar otras formas más de comunicación gráfica que ha intentado la humanidad.

Alejandro Barrientos y Joaquín Cuevas

viernes, 19 de agosto de 2022

Sandman

 Sandman: No está mal: tres primeros capítulos: me gusta mucho la estética, el universo, les actores, el ritmo, los conflictos y sus resoluciones. A veces cae en alguna cosa medio cliché o infantiloide (gargola-perrito, por ejemplo o pasos de comedia ridículos del segundo cuervo) o manda fruta en personajes poco desarrollados o planos (la exorcista, el hijo de ya saben quién) pero lo compensa con belleza de imágenes (cuerpo desnudo de Sueño, saltos entre pesadillas) y, espero, con más intensidad en próximos capítulos.

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Tuve que dejarla, temporariamente, en el capítulo 4 porque me estaba bajoneando mucho mucho. Problemita mío, no de la serie.

La urgencia de imaginar

 La urgencia de imaginar

Andrea Chapela, Gabriela Damián, Iliana Vargas y Libia Brenda

Cada vez que a las autoras de este texto nos preguntan por qué los géneros especulativos e imaginativos nos parecen importantes, nos cuesta responder, al menos en un inicio. No es que no lo sepamos, pero para nosotras es algo obvio hasta cierto punto. Las posibilidades que nos brindan los géneros no miméticos, como la ciencia ficción, el terror o la fantasía, no sólo en cuanto a ideas y trama, sino también en el campo literario y formal, son una poderosa razón para cultivarlos.

Sin embargo, más allá de nuestra práctica personal, parece que su importancia es un tema reciente de discusión. Tal vez se deba a que el mercado editorial los está descubriendo desde un nuevo ángulo o a que, en los últimos años, se ha incrementado de manera exponencial la cantidad de libros que abordan cualquiera de las coordenadas de esta inmensa cartografía (los tres ya mencionados más el horror cósmico, el fantástico sobrenatural y otros junto con todas sus mezclas y variantes), incluyendo obras de autores que se aproximan por primera vez a la ficción especulativa. También puede ser que, desde los márgenes, se están extendiendo hacia el centro de las conversaciones literarias. Lo cierto es que el canon literario ha insistido en soslayar su valor estético en forma y fondo a lo largo de la historia, por el simple hecho de no imitar “de manera fiel” la realidad. Pero justo en esto se encuentra su gran valor.

Si pensamos que lo fantástico, la ciencia ficción y todo recurso narrativo no mimético permiten una ruptura con el statu quo, podemos comenzar a entender por qué tienen un poder especial para representar nuestro presente. Kim Stanley Robinson dice en este texto de la New Yorker que la ciencia ficción es más realista que el resto de la literatura, por razones que pasan por el hecho de que este género incluye al planeta (Tierra), a diferencia de los géneros realistas herederos del siglo XIX que exploran a los individuos y la Historia (una visión antropocéntrica, pues). En ese sentido, plantea el autor, la ciencia ficción es el realismo de nuestro tiempo, porque los problemas a los que se enfrenta la humanidad siempre han sido materia de las preocupaciones y propuestas estéticas que manifiesta esta literatura, configurando un marcado discurso temático: el cambio climático, nuestra relación con la tecnología, la posibilidad de que el mundo como lo conocemos se termine, la conquista espacial, el colapso del sistema económico capitalista, las demandas de diversos movimientos y organizaciones sociales, el devenir de la humanidad como especie en relación con el resto de seres que habitan el planeta o las posibilidades de proyectar modelos socioeconómicos y culturales distintos a los que predominan en la estructura occidental. El género realista no necesariamente se ha ocupado de estos temas de la misma manera en que la ciencia ficción, por ejemplo, lleva años haciéndolo. De ahí la necesidad de plantear, a través de recursos especulativos, la existencia de seres, tiempos, dimensiones, espacios, humanidades y mundos distintos —acaso paralelos— a los que conocemos y nos son familiares: buscamos quebrantar los modelos comunes y arriesgarnos a salir de la zona de confort señalada por el mainstream literario para descubrir nuestros propios límites creativos como autoras y proponer una experiencia en que la imaginación sea el centro de atención manera total y sin concesiones.

También es importante crear lazos y conexiones con la escritura de quienes están explorando el campo de estos géneros y sus diversas variantes, las cuales se van ampliando conforme se pierde el miedo a las etiquetas y nomenclaturas que, si bien sirven para establecer categorías específicas en el ámbito académico, en el creativo nos incitan a experimentar con los rasgos característicos de unas y otras, apostando así por una evolución en las posibilidades de los códigos y mecanismos narrativos de la visión/ficción especulativa. Y esta experimentación puede concentrarse en hibridar elementos de lo fantástico sobrenatural con el steampunk, o el terror con la ecoficción, o lo onírico con el transhumanismo (por mencionar algunas variantes), pero también puede apostar por el juego verbal y lingüístico; o por una interconexión disciplinaria integrando piezas de otros lenguajes como el cine, el teatro, la exploración sonora y la poesía. Ejemplos de ello son los recorridos temporales que aparecen en Ustedes brillan en lo oscuro (2022, Premio Ribera del Duero), el libro de cuentos más reciente de la boliviana Liliana Colanzi, las intersecciones atmosféricas y visuales que aparecen en el camino narrativo de Mugre rosa (2020), novela distópica de la uruguaya Fernanda Trías, y el ambiente ominoso y opresivo que la hermana con Distancia de rescate (2014), de la argentina Samanta Schweblin, ambas enfocadas en la crítica sobre el abuso de químicos industriales y sus consecuencias ambientales y sociales. Pensemos también en Mandíbula (2018), de la ecuatoriana Mónica Ojeda, novela con fuertes golpes de prosa poética, diálogos teatrales e incluso cinematográficos, así como un intenso ensayo sobre el terror, que abre un diálogo con algunos personajes de Las cosas que perdimos en el fuego (2016) y particularmente con Nuestra parte de noche (2019), de la argentina Mariana Enriquez, en tanto que exploran diversas manifestaciones del terror y el horror a partir de la experiencia sobrenatural, la maldad inherente a la naturaleza humana, la conciencia política y el terror de Estado, la monstruosidad que atraviesa el cuerpo en su carne o en la alteración de la conciencia y de los estados emocionales propiciados por el entorno social y ambiental. Todo lo anterior desarrollado la mayoría de las veces en casas o edificios abandonados rodeados de selva, cascadas, bosques y volcanes que lejos de atraer una supuesta tranquilidad dotada por la naturaleza, prevalece el pulso de lo siniestro y la amenaza de entidades oscuras a plena luz del día, planteando así, la existencia de otro género híbrido: el gótico andino. Esto, por mencionar sólo unos cuantos ejemplos entre varios, muy destacables, que llevan cierto tiempo ganando terreno en las conversaciones literarias, tanto de lectura placentera como de estudios académicos.

La riqueza de los géneros que, como organismos vivos, se retroalimentan simbióticamente en la enorme matriz que es la ficción especulativa (ese término sombrilla que abarca varias manifestaciones de lo imaginativo), radica en que funcionan con mecanismos narrativos enfocados en explorar ámbitos en los que lo importante no es la figuración idéntica de la experiencia real cotidiana, sino las posibilidades de simbolizarla, alegorizarla, metaforizarla y reconfigurarla a través de imágenes, palabras, escenarios y ríos de trasfondos político-socio-culturales. Estos exijen a sus interlocutores ir más allá de lo tangible y demostrable para descubrir un conjunto de otredades que manifiestan la alteridad no racional ni convencional del ser humano y los inviten a construir una visión de sí mismos, de su entorno y su relación interespecie en un futuro deseable y verosímil, lo cual es posible si empezamos a injertarlo en el inconsciente colectivo a través de la potencia del lenguaje escrito.

Hoy, para nosotras, la literatura especulativa, con todos sus tentáculos, no sólo es una manera de narrar, de hacer literatura, sino que puede ser incluso una herramienta de cambio, una forma de hacer activismo al generar nuevas formas del lenguaje, nuevas imágenes sobre el futuro que incluyan y favorezcan a todas las personas, al planeta, a las especies que nos acompañan. Incluso en los futuros terribles que narramos, que evidencian nuestra rabia y descontento, existe una voluntad de romper de tajo con la realidad, explotarla un poco, poner en evidencia lo terrible que es, para movilizarnos a cambiarla. Como dirían Frank E. Manuel y Fritzie P. Manuel: “en el corazón de toda distopía late, secreta, una utopía”.

La MexiCona nació para reunirnos e invitar a más gente a hablar de naves espaciales y de dragones y de monstruos, del futuro y de la imaginación. Para nosotras, los espacios incluyen todas las voces, en especial aquellas que no hemos escuchado. En nuestro futuro, la búsqueda se extiende a lo largo de la literatura especulativa: ciencia ficción, fantasía, literatura de la imaginación. ¿Qué es el futuro?: algo que se construye desde el presente. Queremos que esta conversación dé forma a lo que imaginamos.

 


 

Andrea Chapela. (1990) es autora de cuatro novelas juveniles de fantasía, el libro de ensayos Grados de miopía y de los libros de cuentos Un año de servicio a la habitación y Ansibles, perfiladores y otras máquinas de ingenio. Estudió química en la UNAM y un MFA en escritura creativa en español en la Universidad de Iowa. Ha sido becaria del FONCA en dos ocasiones (2016-2017 en cuento y 2019-2020 en novela) y del Ayuntamiento de Madrid en la histórica Residencia de Estudiantes durante dos años (2017-2019). Ha recibido el premio Nacional de Literatura Gilberto Owen de cuento 2018, el premio Nacional de Literatura Juan José Arreola 2019 y el premio Nacional de Ensayo Joven José Luis Martínez 2019. En 2021 fue seleccionada como parte de los 22 Novelistas Jóvenes en español por la revista Granta. Actualmente estudia la Maestría de Estudios de Asia y África en el Colegio de México.

Gabriela Damián Miravete nació en la Ciudad de México. Ha escrito ensayos y cuentos que han sido traducidos al inglés, italiano, portugués, francés y euskera; y publicados en antologías finalistas del Premio Hugo y el World Fantasy Award. Forma parte de proyectos colaborativos como la Mexicona: Imaginación y Futuro, festival literario de ficción especulativa en español; y el Cúmulo de Tesla, colectivo de arte y ciencia que publicó recientemente Mis pies tienen raíz, 21 mujeres de habla hispana en Editorial Océano. Es autora de La canción detrás de todas las cosas, que está por publicarse en Odo Ediciones, y obtuvo el premio James Tiptree, Jr. (hoy llamado Otherwise) por “Soñarán en el jardín”, cuento sobre un México futuro donde los feminicidios no existen más.

Iliana Vargas. (Ciudad de México, 1978) es narradora y ensayista. Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la FFyL de la UNAM. Cursó el Diplomado de Literatura Fantástica coordinado por Ana María Morales y actualmente forma parte del Seminario de Literatura Fantástica Hispanoamericana de la UNAM. Es autora de Joni Munn y otras alteraciones del psicosoma (FETA, 2012); Magnetofónica (Ediciones y Punto, 2015); Habitantes del aire caníbal (Resistencia, 2017) y Yo no voy a salvarte, que será publicado próximamente en España por Eolas. Editó el dossier Fémina Incógnita y mantuvo la columna “Hibridaciones Sinápticas”, de Vozed. Su obra ha sido incluida en diversas antologías y publicaciones dedicadas a la imaginación fantástica y la ciencia ficción. Fue seleccionada para participar en la Mexicanx Initiative de la WorldCon 76, San José California en 2018, y en el 2o. Encuentro Internacional de Literatura Fantástica y Ciencia Ficción en Santiago de Chile y Punta Arenas, 2019. Es cofundadora de la MexiCona.

Libia Brenda. (1974) escribe, edita y traduce. Desde hace veintitantos años hace libros y colabora en proyectos independientes. Ha publicado en varias revistas y antologías de México y otros países, su trabajo se ha traducido al italiano, inglés y portugués. Escribe dentro del espectro de la literatura especulativa y de imaginación; como editora, también se ha especializado en géneros no miméticos. En 2019, fue la primera mujer mexicana en obtener una nominación al Premio Hugo. Es una de las felices fundadoras del Cúmulo de Tesla (Twitter: @Cumulodetesla), de la MexiCona: Imaginación y futuro (web: mexicona.mx) y la editora de Odo Ediciones (web: odoediciones.mx)

 

 

jueves, 16 de junio de 2022

Frankisstein y Frankestein

 

Reseña: Frankissstein, De Jeanette Winterson

¡Cuervos días!
Lejos de ser un retelling de "Frankstein", ésta novela da un giro de tuerca (Qué graciosa ando) al clásico para ofrecernos una visión futurista de Victor y su homúnculo: Inteligencia artificial, robots eróticos y un Shelley transexual conforman ésta original historia de la mano de una autora que aún tenia pendiente descubrir.
En una Inglaterra post-Brexit, el joven médico transgénero Ry Shelley conoce al profesor Victor Stein, que lidera el debate público sobre inteligencia artificial, y traba con él una peculiar relación. Mientras tanto, Ron Lord, recién divorciado e instalado con su madre, se dispone a hacerse de oro lanzando una nueva generación de muñecas sexuales. Al otro lado del Atlántico, en Phoenix, una instalación de criogenia alberga docenas de cadáveres de hombres y mujeres que aguardan a que se les devuelva a la vida.

El tiempo de la especie humana se acaba. ¿Qué ocurrirá cuando el Homo sapiens no ocupe ya la cima de la cadena evolutiva? ¿Y qué sucederá con las mujeres, que no están participando en el diseño y la programación del futuro? Jeanette Winterson aborda estas preguntas a través de los avatares de unos personajes inolvidables, entre los que destaca una jovencísima Mary Shelley que escribe su profético Frankenstein junto al lago Lemán. «Lírica, deliciosamente obscena y absurda» (según New Scientist), «inteligente, imaginativa y muy divertida» (según The Times), esta es una novela de amor. Una novela de sexo en la que incluso una robot descubre el feminismo radical. Una refl exión sobre qué es y qué no es el ser humano.

Nadie parece dudar a la hora de clasificar a Frankenstein como un "monstruo", pero... ¿Qué lo convertía en uno? ¿Salirse de la norma? Si el futuro no estuviera escrito, si todos los caminos fueran posibles... ¿Quiénes serían los monstruos?

Me ha encantado la forma de escribir de Jeanette Winterson porque  creo que tiene un estilo único. Aún así, menudo acercamiento he ido a elegir, porque en ésta novela pasan cosas muy raras: Imaginad un futuro donde los robots ganan terreno a las personas. Donde la inteligencia artificial, la criogenia y la vida más allá del cuerpo son una realidad. Ah, ya, y donde las muñecas sexuales son un negocio en alza. Al parecer ni la ¿Evolución? garantiza que hombres y mujeres vayan a dejar de medirse con varas diferentes. 

La novela transcurre en diferentes hilos temporales: En uno de ellos conoceremos a Mary Shelley, la autora de Frankenstein desde años antes de escribir su gran obra hasta el momento en el que finalmente cobra forma. Conocemos la dura carga con la que convive al no haber conocido a su madre, cómo el mundo se enfrenta a ella y su fuerte tenacidad. Ya en el presente, nuestro protagonista será Ry Shelley, un doctor transgénero (Dato relevante en la historia) que se verá inmerso en un intenso romance lleno de preguntas incómodas. La unión entre ambos es bastante obvia: Cuestionarse qué es la vida, los sentimientos, si es posible una inmortalidad o formas de vida alternativas.

Podríamos decir que es una historia de ficción especulativa. ¿Es posible revivir a una persona conservando su corazón... o su cerebro? ¿Creéis que en un futuro hombres y mujeres preferirán comprarse inteligencias artificiales adaptadas a sus necesidades antes que convivir con otras personas? ¿Somos cuerpos, o existimos más allá de estos? Si sois seguidores de "Black Mirror" o "Years and years" ya habréis conocido algunas realidades que nos invitan a cuestionarlo todo. Esas son las bases de Frankissstein.

 Nombrar las cosas de manera equivocada es contribuir a la desgracia del mundo. 

 ¿Acaso no hay nada más en la vida que aquello que deseamos? ¿No deberíamos sacrificar esos deseos por una causa más noble?

 El dolor no basta para matarnos. Podría ser libre... si lograse arrancarme su recuerdo del corazón. [...] Descubro que el dolor significa vivir con alguien que ha partido.

Y aún así, he apreciado tonos muy diferentes durante su lectura. Algunas escenas eran casi cómicas, otras dramáticas, y otras tenían un poco de ambas. Si me centro en el pasado, las conversaciones entre Lord ByronPolidoriPercyMary o Claire Clairmont se aprecian intensas dosis de feminismo. Mientras que en el presente, el misógino Ron Lord cree que sus muñecas sexuales cambiarán el mundo, ¡Incluso quiere crear "compañeras cristianas" para los más devotos! Eso nos lleva una vez más a las etiquetas, al valor de los cuerpos y la importancia de las mentes. Y ya os adelanto que otro de los protagonistas, el profesor Victor Stein, tiene claro que no hay nada en la mente de Ron que merezca ser preservado. Menos mal.

 Ninguno de los dos parecía considerar que el hecho de que te nieguen una educación, serlegalmente propiedad de un pariente varón, no tener derecho a votar, ni dinero propio una vez que te casas, y que te prohíban desempeñar cualquier oficio salvo el de institutriz o niñera, y que te nieguen cualquier utilidad salvo la de ser madre, esposa o criada, y que vistas ropa que te impida caminar o montar a caballo, pudiese limitar el principio de una fémina.

En cuanto a su original estructura, los capítulos suelen ir divididos por citas, en su mayoría fragmentos de "Frankenstein o el moderno Prometeo", pero también algún apunte de Shakespeare. Lo hace cambiando de tipografía y creo que funciona, es atractivo, inquietante, y nos ayuda a no perder la perspectiva: Quizá no sea la historia de Frankenstein pero todo apunta a que la trama avanzará en su misma dirección.

Como punto en contra: La ausencia de diálogos, que sé que a muchos os puede tirar para atrás (Aunque realmente sí existen, sólo que no están precedidos por un guión largo) y los saltos temporales, que quizá, puedan ralentizar el progreso de la historia para aquellos que no disfruten de los interesantes debates que se desarrollan en algunos de sus capítulos.


"Frankissstein" es una novela terriblemente original, enigmática, por momentos confusa y en constante reinvención de sí misma. Te gustará si disfrutas con realidades perturbadoras que se acercan peligrosamente a la nuestra.