Pórtico - Ciencia Ficción y Terror

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lunes, 20 de agosto de 2018

HIJO DE SANGRE, cuento de Octavia Butler



HIJO DE SANGRE
Octavia E. Butler


La última noche de mi infancia empezó con una visita a casa.
Las hermanas de T'Gatoi nos habían regalado dos huevos estériles. T'Gatoi le ofreció uno a mi madre, mi hermano y mis hermanas. Insistió en que yo me comiera el otro sólo. No importaba. Seguía habiendo bastante para que todo el mundo se sintiera bien. Casi todo el mundo. Mi madre no quiso tomar nada. Se sentó, observando como todos flotaban y soñaban sin ella. La mayor parte del tiempo me observaba a mí.
Yo estaba apoyado en el largo y aterciopelado envés de T'Gatoi, sorbiendo de mi huevo de cuando en cuando, preguntándome por qué se negaría mi madre un placer tan inofensivo. Tendría menos gris en el pelo si alguna vez se lo permitiera. Los huevos prolongaban la vida, prolongaban el vigor. Mi padre, que en su vida rechazó uno, vivió más del doble de lo que tendría que haber vivido. Y se casó con mi madre y engendró cuatro hijos hacia el final de su vida, cuando debería haber aflojado la marcha.
Pero mi madre parecía conforme con envejecer antes de tiempo. Miré como se alejaba cuando varias patas de T'Gatoi me atrajeron más cerca de ella. A T'Gatoi le gustaba el calor de nuestros cuerpos, y disfrutaba de él siempre que podía. Cuando era pequeño y pasaba más tiempo en casa, mi madre solía intentar enseñarme la manera de comportarme correctamente con T'Gatoi; de qué manera debía mostrar siempre respeto y ser siempre obediente, porque T'Gatoi era el oficial del gobierno Tlic que estaba al cargo de la Preserva y, por tanto, el más importante de todos los de su especie que tenían contacto directo con los terrestres. Mi madre decía que era un honor que un personaje semejante hubiera decidido integrarse en nuestra familia. Mi madre era de lo más formal y tajante cuando mentía.
No tenía ni idea de por qué mentía, ni siquiera de en qué mentía. Era un honor tener a T'Gatoi en la familia, pero eso no era ninguna novedad. T'Gatoi no estaba interesada en que la honraran en una casa que consideraba su segundo hogar. Se limitaba a llegar, subirse en uno de sus divanes especiales y llamarme para que la mantuviera caliente. Resultaba imposible comportarse con formalidad mientras me apoyaba en ella y la oía quejarse como acostumbraba, diciendo que estaba demasiado delgado.
- Estás mejor - dijo esta vez, tanteándome con seis o siete de sus patas -. Por fin estás ganando peso. La delgadez es peligrosa.
El tanteo varió delicadamente, convirtiéndose en una serie de caricias.
- Todavía está demasiado delgado - dijo mi madre con sequedad.
T'Gatoi levantó la cabeza, y puede que un metro de su cuerpo, del diván como si fuera a levantarse. Miró a mi madre, y mi madre, con el rostro arrugado y aire avejentado, apartó la mirada.
- Lien, me gustaría que tomaras lo que queda del huevo de Gan.
- Los huevos son para los niños - dijo mi madre. - Son para la familia.
- Tómatelo, por favor.
Mi madre me lo quitó, obedeciendo de mala gana, y se lo llevó a la boca. Sólo quedaban unas gotas en el elástico cascarón, ahora hundido, pero las exprimió, las tragó y, al poco, empezaron a suavizarse algunas líneas de tensión en su cara.
- Es bueno - susurró - A veces olvido lo bueno que es.
- Deberías tomar más - dijo T'Gatoi -. ¿Por qué tienes tanta prisa en envejecer?
Mi madre no dijo nada.
- Me gusta poder venir aquí - dijo T'Gatoi - Es gracias a ti que este lugar es un refugio, y, sin embargo, te niegas a cuidarte.
T'Gatoi era acosada en el exterior. Su gente quería tener disponibles a más de nosotros. Entre nosotros y las hordas que no comprendían la existencia de la Preserva sólo se interponía ella y su facción política; no comprendían por qué no podía pedirse, pagarse, reclutarse, o disponerse de cualquier humano. O puede que sí lo comprendiesen, pero no les importaba en su desesperación. T'Gatoi nos repartía entre los desesperados y nos vendía a los ricos y poderosos a cambio de su apoyo político. Éramos artículos de primera necesidad, símbolos de estatus y un pueblo independiente. Supervisó la unión de las familias, acabando con los últimos vestigios del sistema anterior, en que disgregaban a las familias terrestres para complacer a los Tlics impacientes. Había vivido con ella en el exterior. Había visto el ansia desesperada con que me miraba alguna gente. Me asustaba un poco saber que sólo ella se interponía entre nosotros y esa desesperación que podría tragarnos tan fácilmente. Había veces en que mi madre la miraba y luego me decía «Cuídala». Y yo recordaba que también ella había estado en el exterior, también había visto.
T'Gatoi usó cuatro de sus patas para apartarme y echarme al suelo.
- Vamos, Gan - dijo -. Siéntate allí, con tus hermanas, y disfruta de tu embriaguez. Te has tomado la mayor parte del huevo. Ven a darme calor, Lien.
Mi madre dudó sin razón aparente. Uno de mis recuerdos más tempranos es el de mi madre tumbada junto a T'Gatoi, hablando de cosas que yo no podía entender, y levantándome del suelo, y riéndose mientras me sentaba sobre uno de los segmentos de T'Gatoi. Por aquel entonces tomaba su ración de huevo. Me pregunté cuándo lo habría dejado, y por qué.
Se apoyó sobre T'Gatoi, y toda la hilera izquierda de las patas de T'Gatoi se cerró rodeándola con holgura, pero con firmeza. Yo siempre había encontrado incómodo el estar así, y a nadie de la familia le gustaba, exceptuando a mi hermana mayor. Decían sentirse enjaulados.
T'Gatoi quería enjaular a mi madre. Cuando lo hizo, movió ligeramente la cola y habló.
- No es bastante huevo, Lien. Debiste tomarlo cuando se te ofreció. Ahora lo necesitas demasiado.
La cola de T'Gatoi se movió una vez más, con un latigazo tan rápido que no habría visto de no haberlo esperado. El aguijón hizo brotar solamente una única gota de sangre de la pierna desnuda de mi madre.
Mi madre chilló, probablemente por la sorpresa. La picadura no duele. Después suspiró y pude ver que su cuerpo se relajaba. Se movió lánguidamente a una posición más cómoda dentro de la jaula de patas.
- ¿Por qué hiciste eso? - preguntó medio dormida.
- No podía seguir viendo como sufrías.
Mi madre se las arregló para encoger ligeramente los hombros.
- Mañana - dijo.
- Sí. Mañana reanudarás tu sufrimiento, si es que debes hacerlo. Pero ahora, sólo por ahora, quédate aquí echada, dame calor y deja que te haga más fáciles las cosas.
- El es todavía mío, ¿sabes? - dijo bruscamente mi madre -. Nadie puede comprármelo.
De estar sobria no se habría permitido referirse a semejantes cosas.
- Nadie - asintió T'Gatoi, siguiéndole la corriente.
- ¿Creíste que lo vendería a cambio de huevos? ¿A cambio de una larga vida? ¿A mi hijo?
- Por nada - dijo T’Gatoi, acariciando los hombros de mi madre, jugando con su pelo largo y gris.
Me hubiera gustado tocar a mi madre, compartir con ella ese momento. Me habría cogido la mano de haberla tocado en ese instante, sonreído liberada por el huevo y la picadura, y quizá hubiera dicho cosas que llevaba largamente guardadas en su interior. Pero mañana recordaría todo esto como una humillación. No quería ser parte del recuerdo de una humillación. Lo mejor era permanecer quieto, y saber que me quería debajo de todo ese deber, y ese orgullo y ese dolor.
- Quítale los zapatos, Xuac Hoa. Dentro de poco volveré a picarla y podrá dormir.
Mi hermana mayor obedeció, tambaleándose como una borracha al levantarse. Se sentó junto a mí cuando acabó y me cogió la mano. Ella y yo siempre habíamos estado muy unidos.
Mi madre apoyó la nuca en el envés de T'Gatoi e intentó, desde aquel ángulo imposible, mirar su rostro amplio y redondo.
- ¿Vas a picarme otra vez?
- Sí, Lien.
- Dormiré hasta mañana al mediodía.
- Bien. Lo necesitas. ¿Cuánto hace que no duermes?
Mi madre emitió un sonido enojado.
- Debí haberte pisado cuando eras lo bastante pequeña - farfulló.
Era un viejo chiste entre ellas. Habían crecido más o menos juntas, aunque T'Gatoi nunca fue, en toda la vida de mi madre, lo bastante pequeña como para ser pisada por cualquier terrestre. Tenía casi tres veces la edad de mi madre, pero aún sería joven cuando ésta muriera de vieja. T'Gatoi y mi madre se conocieron cuando la primera entraba en un período de desarrollo rápido, una especie de adolescencia. Mi madre sólo era una niña, pero, durante un tiempo, se desarrollaron al mismo ritmo y no tuvieron mejor amiga que la una para la otra.
T'Gatoi hasta le había presentado a mi madre el hombre que se convertiría en mi padre. Mis padres, complacidos el uno con el otro, se casaron pese a la diferencia de edad, mientras que T'Gatoi y ella empezaron a verse menos. Pero mi madre le prometió a T'Gatoi uno de sus hijos antes de que naciera mi hermana mayor. Tendría que entregarle uno de nosotros a alguien, y prefería que fuera a T'Gatoi antes que a algún extraño.
Los años pasaron. T'Gatoi viajó y aumentó su influencia. La Preserva era suya cuando volvió a recoger lo que debía considerar como justa recompensa a su duro trabajo. A mi hermana mayor sólo le llevó un momento cogerle cariño y quiso ser elegida, pero mi madre estaba a punto de salir de cuentas conmigo, y a T'Gatoi le gustó la idea de elegir un bebé, y ser testigo y partícipe de todas las fases de su desarrollo.
Me han contado que me enjaularon por primera vez entre sus muchas patas a los tres minutos de nacer. Pocos días después probé mi primer huevo. Suelo contarles esto a los terrestres que me preguntan si alguna vez le tuve miedo. Y se lo cuento a los Tlic cuando T'Gatoi les sugiere llevarse un joven terrestre, y ellos, ansiosos e ignorantes, piden un adolescente.
Hasta mi hermano, que, por alguna razón, había crecido en el miedo y la desconfianza a los Tlic, podría haberse integrado cómodamente en una de las familias de haber sido adoptado lo bastante pronto. A veces pienso que, por su propio bien, debió haberlo sido. Le miré, tirado ahí, en el suelo, en medio de la habitación, con ojos abiertos y vidriosos mientras soñaba su sueño de huevo.
- ¿Podrías levantarte, Lien? - preguntó súbitamente T'Gatoi.
- ¿Levantarme? - dijo mi madre -. Creí que iba a dormirme.
- Luego. Algo va mal fuera.
La jaula desapareció bruscamente.
- ¿Qué?
- ¡Levántate, Lien!
Mi madre reconoció el tono y se levantó justo a tiempo de evitar que la arrojara al suelo. T'Gatoi restalló sus tres metros fuera del diván, en dirección a la puerta y salió a toda velocidad. Tenía huesos; costillas, una larga columna vertebral, un cráneo y cuatro pares de patas por segmento. Pero cuando se movía de aquel modo, retorciéndose, lanzándose en caídas controladas, corriendo al caer, no sólo no parecía tener huesos, sino ser acuática, algo que nadaba a través del aire como si fuera agua. Me encanta verla moverse.
Dejé a mi hermana y seguí a T'Gatoi a través de la puerta, aunque no me sostenía muy firme sobre mis pies. Habría sido mejor sentarse y soñar, y mucho mejor encontrar una chica y compartir con ella la ensoñación. Antes, cuando los Tlic nos veían como poco más que grandes y útiles animales de sangre caliente, solían encerrar juntos a varios de los nuestros, machos y hembras, alimentándolos sólo con huevos. De ese modo podían asegurarse de obtener otra generación sin que importase cuánto quisiéramos contenernos. Tuvimos suerte de que aquello no durara mucho. Unas cuantas generaciones así y habríamos sido poco más que grandes y útiles animales.
- Mantén la puerta abierta, Gan - dijo T'Gatoi -, y dile a la familia que no salga.
- ¿Qué pasa? - pregunté.
- N’Tlic.
Retrocedí hasta la puerta.
- ¿Aquí? ¿Solo?
- Supongo que estaría intentando llegar a una cabina de comunicación.
Pasó ante mí cargando al hombre, inconsciente, doblado como una manta sobre algunas de sus patas. Parecía joven, puede que de la edad de mi hermano, y más delgado de lo que debiera. Lo que T'Gatoi habría calificado como peligrosamente delgado.
- Gan, ve a la cabina de comunicación.
Depositó al hombre en el suelo y empezó a quitarle la ropa.
No me moví.
Me miró un momento después, su repentina calma era señal de profunda impaciencia.
- Manda a Qui - dije -. Yo me quedaré aquí. A lo mejor puedo ayudar.
Volvió a mover las patas, levantando al hombre y sacándole la camisa por la cabeza.
- No querrás ver esto - dijo -. Será duro. No puedo ayudar a este hombre como podría hacerlo su Tlic.
- Lo sé, pero manda a Qui. No querrá servir de ayuda en esto. Yo, al menos, estoy dispuesto a intentarlo.
Miró a mi hermano mayor, más grande, más fuerte, sin duda más capacitado para ayudarla. Se había incorporado, estaba encogido contra la pared, y miraba al hombre del suelo con un miedo y una repulsión que no disimulaba. Hasta ella pudo darse cuenta de que sería inútil.
- ¡Ve tú, Qui!
No discutió. Se levantó, se tambaleó un poco, y recuperó el equilibrio, espabilado por el miedo.
- Este hombre se llama Bran Lomas - le dijo, leyendo el brazalete del hombre. Me toqué distraídamente, por simpatía, mi propio brazalete -. Necesita a T'Khotgif Teh. ¿Me oyes?
- Bran Lomas. T'Khotgif Teh - repitió mi hermano -. Ya voy.
Pasó rodeando a Lomas y salió corriendo por la puerta.
Lomas comenzó a recobrar el sentido. Al principio sólo se quejaba y se aferraba espasmódicamente a un par de patas de T'Gatoi. Mi hermana pequeña, al despertar de su sueño de huevo, se acercó a mirarlo hasta que mi madre la apartó.
T'Gatoi le quitó los zapatos al hombre, luego los pantalones, dejando todo el rato libres a dos de sus patas para que se agarrara a ellas. Todas sus patas eran igualmente diestras, a excepción de las dos últimas.
- No quiero protestas esta vez, Gan - dijo.
Me enderecé.
- ¿Qué tengo que hacer?
- Sal y mata un animal que al menos tenga la mitad de tu tamaño.
- ¿Que lo mate? Pero si yo nunca...
Me empujó a través de la habitación. Su cola era un arma eficaz, tanto con el aguijón expuesto como sin él.
Me levanté, sintiéndome estúpido por haber ignorado su advertencia, y fui a la cocina. Quizá pudiera matar algo con un cuchillo o un hacha. Mi madre criaba unos cuantos animales terrestres para la mesa y varios miles de los locales por su piel. Probablemente, T'Gatoi preferiría algo local. Tal vez un achti. Algunos eran del tamaño adecuado, aunque tenían unas tres veces más dientes que yo y un auténtico interés por usarlos. Mi madre, Hoa y Qui podían matarlos con cuchillos. Yo nunca maté ninguno de ninguna forma, nunca había matado a un animal. Mientras mi hermano y hermanas aprendían el negocio de la familia, yo pasaba la mayor parte de mi vida con T'Gatoi. Ella tenía razón. Debí ser yo quien fuera a la cabina de comunicación. Al menos eso sí podía hacerlo.
Fui al armario del rincón, donde mi madre guardaba las herramientas grandes para el jardín y la casa. En el fondo del armario había una tubería que llevaba el agua de desecho a la cocina; pero ya no la llevaba. Mi padre había desviado el agua de desecho antes de que naciera yo. Ahora la tubería podía desenroscarse hasta que una mitad giraba sobre la otra y se podía guardar un rifle dentro. No era nuestra única arma de fuego, pero sí la de más fácil acceso. Tendría que usarla para disparar sobre uno de los achti más grandes. Probablemente, T'Gatoi la confiscaría después. Las armas de fuego eran ilegales en la Preserva. Hubo algunos incidentes nada más establecerse la Preserva; terrestres disparando a Tlics, disparando a N'Tlics. Eso fue antes de que empezase la unión de familias, antes de que todos tuvieran un interés personal en mantener la paz. Nadie le había disparado a un Tlic en toda mi vida o la de mi madre, pero la ley seguía vigente. Para nuestra protección, decían. Se contaban historias sobre familias terrestres enteras exterminadas como represalia por los asesinatos de entonces.
Fui a los corrales y disparé al achti más grande que pude encontrar. Era un semental robusto, y a mi madre no le haría ninguna gracia verme entrar con él. Pero era del tamaño adecuado y tenía prisa.
Me eché al hombro el largo y cálido cuerpo del achti, contento porque algo del peso ganado fuera músculo, y entré en la cocina. Una vez allí, devolví la escopeta a su escondite. Si T'Gatoi se fijaba en las heridas del achti y me pedía el rifle, se lo entregaría. Si no, lo dejaría donde mi padre quiso que estuviera.
Me volví para llevarle el achti, y dudé. Me quedé durante varios segundos frente a la cerrada puerta, preguntándome por qué tenía miedo de repente. Sabía lo que iba a ocurrir. No lo había visto antes, pero T'Gatoi me había enseñado diagramas y dibujos. Se había asegurado de que supiera la verdad en cuanto tuve la edad suficiente para entenderla.
Aun así no quería entrar en la habitación. Perdí algo de tiempo eligiendo un cuchillo de la caja de madera tallada donde los guardaba mi madre. Puede que T'Gatoi necesite uno, me dije, para la piel dura y peluda del achti.
- ¡Gan! - gritó T'Gatoi, con voz áspera por la urgencia.
Tragué. No había imaginado que un sencillo movimiento de los pies pudiera resultar tan difícil. Me di cuenta de que temblaba y eso me avergonzó. La vergüenza me empujó a través de la puerta.
Deposité el achti junto a T'Gatoi y vi que Lomas volvía a estar inconsciente. Lomas, ella y yo estábamos solos en la habitación. Mi madre y hermanas debieron ser enviadas fuera para que no tuvieran que verlo. Las envidiaba.
Pero mi madre volvió a la habitación cuando T'Gatoi cogió el achti. Sacó las garras de varas de sus patas, ignorando el cuchillo que le ofrecí, y abrió al achti desde la garganta al ano. Me miró con resueltos ojos amarillos.
- Sujeta los hombros de este hombre, Gan.
Miré a Lomas con pánico, dándome cuenta de que no quería tocarlo, y mucho menos sujetarlo. Esto no sería como dispararle a un animal. No tan rápido, no tan misericordioso, y esperaba que no tan definitivo, pero no había nada que deseara menos que ser partícipe de ello.
Mi madre se adelantó.
- Tú sujétale por la derecha, Gan. Yo lo haré por la izquierda.
Si el hombre despertaba, la arrojaría al suelo sin darse cuenta de lo que hacía. Era una mujer diminuta. A menudo se preguntaba en voz alta cómo había podido engendrar unos niños tan - como decía ella - «descomunales».
- No te preocupes - le dije, agarrando los hombros de Lomas -. Lo haré yo.
Se quedó remoloneando por allí.
- No te preocupes - repetí -. No te avergonzaré. No tienes por qué quedarte a verlo.
Me miró indecisa, y luego me tocó la cara con una extraña caricia. Al fin, volvió a su dormitorio.
T'Gatoi bajó la cabeza con alivio.
- Gracias, Gan - dijo, con cortesía más terrestre que Tlic -. Ésa... siempre encuentra nuevas formas de que la haga sufrir.
Lomas empezó a gemir y a emitir sonidos apagados. Había esperado que permaneciera inconsciente. T'Gatoi puso su cara junto a la de él para que le prestara atención.
- Ya te he picado todo lo que me atrevo - le dijo -. Cuando esto termine, volveré a hacerlo hasta que te duermas y dejará de dolerte.
- Por favor - suplicó el hombre -. Espera...
- No hay tiempo, Bram. Te picaré cuando termine. Cuando llegue T'Khotgif te dará huevos para ayudar a recuperarte. Terminaré en seguida.
- ¡T'Khotgif! - gritó el hombre, censándose contra mis manos.
- Pronto, Bram, pronto.
T'Gatoi me lanzó una mirada, y después colocó una garra en su abdomen, ligeramente a la derecha del medio, justo debajo de la última costilla. En el lado derecho hubo un ligero movimiento; pulsaciones pequeñas y aparentemente casuales, agitando su piel oscura, creando una concavidad aquí, una concavidad allá, una y otra vez, hasta que pude advertir su ritmo y averiguar dónde se produciría la siguiente pulsación.
Todo el cuerpo de Lomas se endureció bajo la garra, aunque sólo la apoyaba en él. T'Gatoi enroscó la parte trasera de su cuerpo alrededor de las piernas del hombre. Podría romper mi presa, pero no rompería la de ella. Lloró desesperadamente cuando ella usó sus pantalones para atarle las manos y después las pasó por encima de su cabeza, para que yo pudiera arrodillarme encima de la ropa y sujetarle las manos. Enrolló la camiseta y se la dio para que mordiera.
Y lo abrió.
Su cuerpo se convulsionó con el primer corte. Casi se me soltó. Los sonidos que emitía... Jamás oí sonidos semejantes viniendo de algo humano. T'Gatoi parecía no prestar atención mientras prolongaba y profundizaba el corte, haciendo ocasionales pausas para lamer la sangre. Los vasos sanguíneos se contraían, reaccionando a la química de la saliva, y la hemorragia disminuyó.
Me sentía como si estuviera ayudándola a torturarle, ayudándola a consumirlo. Pronto vomitaría, lo sabía; no sabía por qué no lo había hecho ya. No creí poder aguantar hasta que ella terminara.
Encontró la primera larva. Era gorda y de un rojo intenso por la sangre, tanto por fuera como por dentro. Ya había devorado su cascarón, pero no parecía haber empezado a devorar al huésped. En ese estadio, devoraría cualquier clase de carne, a excepción de la de su madre. Si la hubiéramos dejado habría continuado segregando los venenos que habían enfermado a Lomas al tiempo que le alertaron. Eventualmente, habría empezado a comer. Lomas estaría muerto o agonizante para cuando se hubiera abierto paso en su carne, e incapaz de vengarse de lo que estaba matándole. Siempre había un plazo de tiempo entre el momento en que enfermaba el huésped y cuando las larvas empezaban a devorarlo.
T'Gatoi recogió cuidadosamente la larva que se retorcía, y la miró, ignorando de algún modo los terribles gemidos del hombre.
El hombre perdió el sentido bruscamente.
- Bien. - Ella le miró -. Me gustaría que los terrestres pudierais hacer esto a voluntad.
T'Gatoi no sentía nada. Y la cosa que sostenía...
En ese estadio carecía de patas y huesos, tendría unos quince centímetros de largo y dos de ancho, estaba ciega y embadurnada de sangre. Era como un gusano grande. T'Gatoi la depositó en la panza del achti, y empezó a horadar inmediatamente, a abrirse paso en la panza del animal. Se quedaría ahí y comería mientras hubiera algo que comer.
Encontró dos más tanteando en la carne de Lomas, una de ellas más pequeña y vigorosa.
- ¡Un macho! - dijo con felicidad.
Moriría antes que yo. Pasaría por su metamorfosis y jodería todo lo que se le pusiera por delante antes de que sus hermanas llegaran a desarrollar patas. Fue el único que hizo un esfuerzo serio por morder a T'Gatoi mientras lo colocaba en el achti.
Gusanos más pálidos salían a la luz en la carne de Lomas. Era peor que encontrar algo muerto, putrefacto y lleno de diminutas larvas. Y era mucho peor que cualquier dibujo o diagrama.
- Ah, ahí hay más - dijo, extrayendo dos larvas gruesas y largas -. Puede que tengas que matar otro animal, Gan. Todo vive dentro de vosotros los terrestres.
Me habían dicho toda la vida que esto era algo bueno y necesario, algo que hacían juntos Tlics y terrestres, una especie de parto. Sabía que el nacimiento era doloroso y sangriento, no importaba cuál. Pero esto era algo diferente, algo peor. No estaba preparado para verlo. Quizá no lo estuviese nunca. Y, sin embargo, no podía dejar de verlo. Cerrar los ojos no servía de nada.
T'Gatoi encontró una larva que todavía estaba devorando el cascarón. Los restos de la cáscara seguían conectados a un vaso sanguíneo por su tubito, o gancho, o lo que fuera. Así era como las larvas se anclaban y alimentaban. Sólo tomaban sangre hasta que estaban listas para salir. En ese momento devoraban los distendidos y elásticos caparazones. Luego lo hacían con sus huéspedes.
T'Gatoi mordió el cascarón para retirarlo y lamió la sangre. ¿Le gustaría el sabor? ¿Cuesta perder las costumbres infantiles, o acaso no se pierden nunca?
Todo el proceso estaba mal, era ajeno. Jamás supuse que algo de T'Gatoi pudiera llegar a resultarme ajeno.
- Uno más, creo - dijo -. Tal vez dos. Una buena familia. Estos días nos contentaríamos con encontrar uno o dos vivos en un huésped animal. - Me echó un vistazo -. Sal fuera, Gan, y vacía tu estómago. Ve ahora, mientras el hombre continúa inconsciente.
Salí tambaleándome y apenas lo conseguí. Vomité tras el árbol que había justo pasada la puerta principal, hasta que no quedó nada por echar. Cuando terminé, me quedé en pie, temblando, con las lágrimas corriéndome por las mejillas. No sabía por qué lloraba, pero no podía dejar de hacerlo. Me alejé algo más de la casa para no ser visto. Cada vez que cerraba los ojos veía gusanos arrastrándose por una carne humana más roja aún.
Un coche venía hacia la casa. Ya que los terrestres tenían prohibidos los vehículos motorizados, excepto para cierto equipo agrícola, supe que debía ser el Tlic de Lomas, acompañado por Qui y puede que un médico terrestre. Me sequé la cara con la camiseta, y me esforcé por controlarme.
- Gan - gritó Qui, cuando se detuvo el coche -. ¿Qué ha ocurrido?
Descendió del coche bajo y redondo, adaptado a los Tlic. Por el otro lado bajó otro terrestre y entró en la casa sin dirigirme la palabra. El médico. Lomas podría conseguirlo con su ayuda y unos cuantos huevos.
- ¿T'Khotgif Teh? - dije.
El conductor Tlic salió del coche, irguiendo la mitad de su altura ante mí. Era más pálida y pequeña que T'Gatoi, probablemente nacida del cuerpo de un animal. Los Tlic nacidos de cuerpos terrestres siempre eran más grandes y más numerosos.
- Seis jóvenes - le dije -, puede que siete. Todos vivos. Un macho por lo menos.
- ¿Lomas? - preguntó con severidad.
Me agradó que preguntara, y la preocupación que había en su voz cuando lo hizo. La última cosa coherente que había dicho él fue su nombre.
- Está vivo - dije.
Se lanzó hacia la casa sin decir más.
- Ha estado enfermo - dijo mi hermano, mirando como se alejaba -. Cuando llamé oí a gente diciéndole que no estaba lo bastante bien para salir, ni siquiera para esto.
No dije nada. Había sido cortés con el Tlic. Ahora no quería hablar con nadie. Esperaba que él entrase, aunque sólo fuera por curiosidad.
- Acabaste descubriendo más de lo que querías saber, ¿eh?
Le miré.
- No me mires como ella - dijo -. No eres ella. Sólo eres su propiedad.
Como ella. ¿Habría desarrollado hasta la capacidad de imitar sus expresiones?
- ¿Qué has hecho? ¿Vomitar? - Olisqueó el aire -. Así que ya sabes lo que te espera.
Me alejé de él. De niños estuvimos muy unidos. Me dejaba andar junto a él cuando estaba en casa, y T'Gatoi a veces permitía que nos acompañara cuando íbamos a la ciudad. Pero, al llegar a la adolescencia, le pasó algo. Nunca supe el qué. Empezó a distanciarse de T'Gatoi. Después empezó a huir... hasta que se dio cuenta de que no había «huida». No en la Preserva. Y, desde luego, no en el exterior. Después de eso se concentró en conseguir su ración de cada huevo que llegaba a casa, y en mirarme de una forma que sólo conseguía hacer que le odiara, de una forma que decía claramente que estaba a salvo de los Tlic mientras yo siguiera bien.
- ¿Cómo fue de verdad? - preguntó, yendo detrás de mí.
- Maté un achti. Los jóvenes se lo comieron.
- No saliste corriendo de casa para vomitar porque se comieran un achti.
- Nunca antes había... visto abierta a una persona.
Era cierto, y bastante para él. No podía hablar de lo otro.
Con él, no.
- Oh - dijo.
Me miró como si quisiera decir algo más, pero siguió callado.
Caminamos sin dirigirnos a ningún sitio en especial. Hacia la parte de atrás, hacia los corrales, hacia los campos.
- ¿Dijo algo? - preguntó Qui -. Me refiero a Lomas. ¿A quién más se podría referir?
- Dijo «T'Khotgif».
Qui se estremeció.
- Si me hubiera hecho eso a mí, sería la última persona a la que llamaría.
- La llamarías. Su picadura te calmaría el dolor sin matar a las larvas que tienes dentro.
- ¿Crees que me importaría si muriesen?
No. Claro que no te importaría. ¿Me importaría a mí?
- ¡Mierda! - Aspiró profundamente -. He visto lo que hacen. ¿Te crees que esto de Lomas ha sido malo? Esto no ha sido nada.
No discutí. No sabía de qué hablaba.
- Vi como devoraban a un hombre - dijo.
Me volví para mirarle.
- ¡Estás mintiendo!
- Vi como devoraban a un hombre. - Hizo una pausa -. Fue cuando era pequeño. Había estado en el hogar de los Hartmund y volvía a casa. A mitad de camino, vi un hombre y un Tlic, y el hombre era un N'Tlic. El terreno era accidentado. Pude esconderme y verlo todo. El Tlic no quería abrir al hombre porque no tenía nada con que alimentar a las larvas. El hombre no podía continuar y no había casa cerca. Sufría tanto que le pidió que le matara. Le suplicó que le matara. Al final lo hizo. Le cortó el cuello. Un golpe de garra. Vi como las larvas se abrían paso comiendo, para después volver a meterse, todavía comiendo.
Sus palabras me hicieron ver de nuevo la carne de Lomas, llena de parásitos arrastrándose.
- ¿Porqué no me lo contaste? - susurré.
Pareció sorprendido, como si hubiera olvidado que le escuchaba.
- No lo sé.
- Poco después de eso fue cuando empezaste a huir, ¿verdad?
- Sí. Fue estúpido. Huir dentro de la Preserva. Huir dentro de una jaula.
Negué con la cabeza y le dije lo que debí decirle hacía mucho tiempo.
- No te cogerá a ti. No tienes por qué preocuparse.
- Lo haría... si te pasase algo.
- No. Cogería a Xuan Hoa. Hoa... lo desea.
No lo desearía de haberse quedado a observar a Lomas.
- No cogen a las mujeres - dijo con desprecio.
- A veces las cogen. - Le miré -. En realidad, prefieren a las mujeres. Deberías estar cuando hablan entre ellas. Dicen que las mujeres tienen más carne para proteger a las larvas. Pero acostumbran a elegir a los hombres para que las mujeres puedan engendrar sus propios jóvenes.
- Para proporcionar la siguiente generación de animales huéspedes - dijo, pasando del desprecio a la amargura.
- ¡Es más que eso! - contrarresté. ¿Lo era?
- Yo también querría creerlo si me fuera a pasar a mí.
- ¡Es más! - Me sentí como un niño.
Era un argumento estúpido.
- ¿Pensabas eso mientras T'Gatoi sacaba gusanos de las tripas de ese tipo?
- ¿Se supone que no debería pasar así?
- Naturalmente que sí. No se suponía que tú lo vieras, eso es todo. Y se supone que su Tlic debería hacerlo. Ella podría picarle y dormirlo, y la operación no habría sido tan dolorosa. Pero también le habría abierto, habría sacado las larvas, y si se hubiese escapado una sola, ésta le envenenaría y le devoraría de dentro afuera.
Hubo un tiempo en que mi madre me decía que respetara a Qui porque era mi hermano mayor. Me alejé odiándole. Estaba disfrutando a su manera. Él estaba seguro y yo no. Podía haberle pegado, pero no creí poder soportar que se negara a devolverme el golpe y me mirara con desprecio y lástima.
No pensaba dejar que me marchara. Se deslizó delante de mí con sus piernas más largas, y me hizo sentir como si estuviera siguiéndole.
- Lo siento - dijo.
Continué con paso firme, furioso y harto.
- Mira, probablemente no sea tan malo para ti. T'Gatoi te aprecia. Tendrá cuidado.
Me volví hacia la casa, casi huyendo de él.
- ¿Te lo ha hecho ya? - preguntó, siguiéndome con facilidad -. Quiero decir que tienes la edad adecuada para la implantación. Te ha...
Le pegué. No sabía que iba a hacerlo, pero creo que quería matarle. Creo que lo habría hecho de no ser más grande y más fuerte.
Intentó sujetarme, pero al final tuvo que defenderse. Sólo me pegó un par de veces. Con eso bastó. No recuerdo haberme caído, pero se había ido cuando me recuperé. El dolor valió la pena, a cambio de deshacerme de él.
Me levanté y caminé lentamente hacia la casa. La parte de atrás estaba a oscuras. En la cocina no había nadie. Mi madre y mis hermanas debían estar durmiendo en sus cuartos, o fingiéndolo.
Oí voces cuando entré en la cocina, terrestres y Tlics, provenientes de la habitación de al lado. No conseguí entender lo que decían, no quería entenderlo.
Me senté ante la mesa de mi madre, esperando a que se hiciera el silencio. La mesa era vieja y lisa, pesada y construida a conciencia. Mi padre la había hecho para mi madre justo antes de morir. Recordaba haber andado debajo de ella mientras la construía. No le importó. Ahora me senté recostándome en ella, echándole de menos. Podría haber hablado con él. Lo había hecho tres veces en su larga vida. Tres camadas de huevos, tres veces abierto y cosido. ¿Cómo lo había hecho? ¿Cómo podría hacerlo nadie?
Me levanté, cogí el rifle de su escondite y me senté con él. Necesitaba una limpieza, un engrasado.
Todo lo que hice fue cargarlo.
- ¿Gan?
Hizo un montón de ruiditos al caminar sobre el suelo descubierto, cada pata chasqueaba en sucesión al tocarlo. Oleadas de pequeños Tlics. Vino a la mesa, alzó la mitad superior de su cuerpo sobre ella y se subió.
A veces se movía tan grácilmente que parecía fluir como si fuera agua. Se enrolló formando un pequeño mantoncito en medio de la mesa y me miró.
- No ha estado bien - dijo suavemente -. No deberías haberlo visto. No había necesidad de que fuera así.
- Lo sé.
- T'Khotgif, ahora Ch'Khotgif, morirá a causa de su enfermedad. No vivirá para criar a sus hijos. Pero su hermana los mantendrá a ellos y a Bran Lomas.
Una hermana estéril. Una hermana fértil en cada camada. Una para preservar a la familia. Esa hermana le debía a Lomas más de lo que jamás podría pagarle.
- Entonces, ¿él vivirá?
- Sí.
- Me pregunto si lo volvería a hacer.
- Nadie le pedirá que lo vuelva a hacer.
Miré los ojos amarillos, preguntándome cuánto había visto y comprendido, y cuánto había sólo imaginado.
- Nadie nos pregunta nunca. Tú nunca me preguntaste.
Movió ligeramente la cabeza.
- ¿Qué te pasa en la cara?
- Nada. Nada importante.
Unos ojos humanos probablemente no habrían notado la hinchazón en la oscuridad. La única luz provenía de una de las lunas, brillando por la ventana situada al otro lado de la habitación.
- ¿Usaste el rifle para abatir al achti?
- Sí.
- ¿Y tienes intención de usarlo contra mí?
La miré. La luz de la luna iluminaba su cuerpo enrollado y grácil.
- ¿A qué te sabe la sangre terrestre?
No dijo nada.
- ¿Qué eres? - susurré -. ¿Qué somos nosotros para ti?
Se quedó inmóvil, la cabeza recostada en el anillo superior.
- Me conoces como ningún otro me conoce - dijo suavemente -. Tú debes decidir.
- Eso es lo que le pasó a mi cara.
- ¿Qué?
- Qui me estimuló para que decidiera algo. No salió muy bien. - Moví ligeramente el arma, colocando diagonalmente el cañón bajo mi barbilla -. Al menos fue una decisión tomada por mí.
- Como lo será ésta.
- Pregunta, T’Gatoi.
- ¿Por la vida de mis hijos?
Tenía que decir algo así. Sabía cómo manipular a la gente, terrestres y Tlics. Pero esta vez no.
- No quiero ser un animal huésped - dije -. Ni siquiera el tuyo.
Le llevó un tiempo contestar.
- Casi no usamos animales huéspedes en estos días. Lo sabes.
- Nos usáis a nosotros.
- Lo hacemos. Esperamos largos años y os instruimos y unimos vuestras familias a las nuestras. - Se movía inquieta -. Sabes que para nosotros no sois animales
Me quedé mirándola sin decir nada.
- Mucho después de que llegaran tus antepasados, los animales que usábamos antaño empezaron a matar a la mayoría de los huevos una vez que eran implantados - dijo suavemente -. Sabes estas cosas, Gan. Estamos aprendiendo de nuevo lo que significa ser sanos y prósperos gracias a la llegada de tu pueblo. Y tus antepasados, que huían de su mundo natal, de su propia especie que los habría matado o esclavizado, sobrevivieron gracias a nosotros. Nosotros les aceptamos como pueblo y les dimos la Preserva cuando aún intentaban matarnos como gusanos.
Al oír la palabra «gusanos» di un brinco. No pude evitarlo, y ella no pudo evitar darse cuenta.
- Ya veo - dijo tranquilamente -. ¿Preferirías morir antes que llevar a mis jóvenes, Gan?
No respondí.
- ¿Debo acercarme a Xuan Hoa?
- ¡Sí!
Hoa lo deseaba. Que lo tuviera. Ella no había tenido que ver a Lomas. Estaría orgullosa... no aterrorizada.
T'Gatoi fluyó de la mesa al suelo, sorprendiéndose casi demasiado.
- Esta noche dormiré en la habitación de Hoa - dijo -. Se lo diré en algún momento de esta noche, o mañana.
Todo iba demasiado rápido. Mi hermana Hoa había tenido casi tanto que ver en mi educación como mi madre. Aún seguía unido a ella, no como a Qui. Ella podía desear a T'Gatoi y seguir queriéndome.
- ¡Espera, T'Gatoi!
Miró hacia atrás, levantó del suelo casi la mitad de su longitud y se volvió hacia mí.
- Éstas son cuestiones adultas, Gan. ¡Es mi vida, mi familia!
- Pero es... mi hermana.
- He hecho lo que me pediste. ¡Te lo he preguntado!
- Pero...
- Será más fácil para Hoa. Siempre ha deseado llevar otras vidas dentro de ella.
Vidas humanas. Jóvenes humanos que algún día beberían de sus pechos, no de sus venas.
Negué con la cabeza.
- No se lo hagas a ella, T'Gatoi. - Yo no era Qui.
Pero, sin embargo, creí poder convertirme en él sin ningún esfuerzo. Podía escudarme en Xuan Hoa. ¿Sería más fácil saber que los gusanos rojos crecían en su carne en vez de en la mía?
- No se lo hagas a Hoa - repetí.
Me miró, totalmente inmóvil.
Miré a otro lado, luego a ella.
- Házmelo a mí.
Bajé el rifle de mi garganta y ella se inclinó hacia adelante para cogerlo.
- No - dije.
- Es la ley.
- Déjaselo a la familia. Puede que alguno de ellos tenga que usarla para salvar algún día mi vida.
Agarró el cañón del rifle, pero yo no pensaba soltarlo.
Me arrastró hasta ponerme en pie, junto a ella.
- ¡Déjalo aquí! - repetí -. Acepta el riesgo si no somos tus animales, si éstas son cuestiones adultas. Hay un riesgo, Gatoi, en tratar con un compañero.
Evidentemente le era difícil soltar el rifle. Un escalofrío le recorrió y emitió un siseo de disgusto. Pensé que estaba asustada. Era lo bastante mayor como para haber visto lo que podían hacerle los rifles a la gente. Ahora sus jóvenes y este arma estarían en la misma casa. No conocía la existencia de nuestras otras armas. No importaban en esta discusión.
- Implantaré el primer huevo esta noche - dijo, mientras yo apartaba el rifle -. ¿Me oyes, Gan?
¿Por qué si no me había dado a comer un huevo completo. mientras el resto de la familia tenía que compartir uno? ¿Por qué si no mi madre me miró como si estuviera alejándome de ella, yendo hacia donde no podía seguirme? ¿Imaginaría T'Gatoi que no me había dado cuenta?
- Te oigo.
- ¡Ahora!
Dejé que me empujara fuera de la cocina, y después caminé delante de ella hacia mi dormitorio. La repentina urgencia de su voz parecía real.
- ¡Se lo habrías hecho a Hoa esta noche! - recriminé.
- Debo hacérselo a alguien esta noche.
Me detuve a pesar de su urgencia y me planté en su camino.
- ¿No te importa a quién?
Se deslizó rodeándome y entró en mi dormitorio. La encontré esperando en el diván que compartíamos. En la habitación de Hoa no había nada que hubiera podido usar. Se lo habría hecho en el suelo. La imagen de T'Gatoi haciéndoselo a Hoa fuera como fuese me molestó ahora de un modo diferente, y me enfadé.
Me desvestí, a pesar de ello, y me tendí a su lado. Sabía qué hacer, qué esperar. Me lo habían contado toda mi vida. Sentí la picadura familiar, narcótica, dulcemente agradable. Después, el ciego tanteo de su ovipositor. El pinchazo fue indoloro, fácil. Entraba tan fácilmente... Se onduló lentamente contra mí, sus músculos empujaban el huevo de su cuerpo al mío. Me agarré a un par de sus patas hasta que recordé a Lomas agarrándose así. Me solté entonces, moviéndome sin darme cuenta, y le hice daño. Profirió un suave grito de dolor y pensé que iba a ser enjaulado de inmediato por sus patas. Me volví a agarrar al no serlo, sintiéndome extrañamente avergonzado.
- Lo siento - susurré.
Acarició mis hombros con cuatro de sus patas.
- ¿Entonces te importa? - pregunté -. ¿Te importa que sea yo?
No respondió durante unos segundos. Finalmente...
- Tú eras el que tomaba decisiones esta noche, Gan. Yo tomé la mía hace mucho.
- ¿Te habrías acercado a Hoa?
- Sí. ¿Cómo podría dejar a mis hijos al cuidado de alguien que los odiara?
- No era... odio.
- Sé lo que era.
- Estaba asustado.
Silencio.
- Todavía lo estoy.
Podía admitirlo delante de ella, aquí, ahora.
- Pero tú viniste a mí... para salvar a Hoa.
- Sí. - Apoyé la frente en ella. Era fría, aterciopelada, engañosamente blanda -. Y para conservarte para mí - dije.
Así era. No lo entendía, pero así era.
Emitió un suave canturreo de contento.
- No podía creer que hubiera cometido semejante error contigo. Yo te elegí. Pensé que tú habías llegado a elegirme.
- Lo había hecho, pero...
- Lomas.
- Sí.
- Nunca he conocido a un terrestre que lo viera y lo asumiera bien. Qui ha visto uno, ¿no es así?
- Sí.
- Debería evitarse que los terrestres lo vieran.
- No me gustó cómo sonaba aquello, y dudaba que fuera posible.
- Evitarlo, no. Mostrádnoslo. Mostrádnoslo cuando somos niños pequeños, y mostrádnoslo más de una vez. Ningún terrestre contempla un parto que vaya bien, Gatoi. Todo lo que vemos es N'Tlic, dolor y terror, y puede que muerte.
Me miró.
- Es un asunto privado. Siempre ha sido un asunto privado.
Su tono me impidió insistir; eso y el conocimiento de que, si ella cambiaba de parecer, yo podría ser el primer ejemplo público. Había sembrado la idea en su mente. Había posibilidades de que germinara, y que, eventualmente, la probara.
- No lo volverás a ver - dijo -. No quiero que vuelvas a pensar en dispararme.
La pequeña cantidad de fluido que entró en mí con el huevo me relajó tan completamente como lo habría hecho un huevo estéril, y recordé el rifle en mis manos, y mis sensaciones de miedo y repulsión, de rabia y desesperación. Podía recordar las sensaciones sin revivirlas, hasta podía hablar de ellas.
- No te habría disparado - dije -. A ti no.
Había sido extraída de la carne de mi padre cuando éste tenía mi edad.
- Podrías haberío hecho - insistió.
- A ti no.
Se interponía entre nosotros y su propio pueblo, protectora, entrelazándonos.
- ¿Te habrías destruido a ti mismo?
Me moví con cuidado, incómodo.
- Puede que lo hubiera hecho. Casi lo hice. Ésa es la «huida» de Qui. Me pregunto si lo sabe.
- ¿Qué?
No respondí.
- Ahora vivirás.
- Sí.
Cuídala, solía decir mi madre. Sí.
- Soy joven y sana - dijo -. No te dejaré como dejaron a Lomas. No te dejaré solo, N'Tlic. Cuidaré de ti.

FIN

Escaneado por Sadrac 2000

Publicado por Laura Ponce en 22:26 No hay comentarios:
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La quinta estación de N. K. Jemisin


Carla Campos
Comunicación y relaciones públicas para escritores
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By: Carla 27 septiembre, 2017
Reseñas. Lo que he aprendido de...

Lo que he aprendido de… La quinta estación, de N. K. Jemisin


Sinopsis

Esta historia comienza con Essun, una mujer que encuentra a su hijo asesinado y a su hija desaparecida, todo a manos de su marido. Poco después, una gran brecha separa la tierra de La Quietud, el único continente del planeta, de la que sale una ceniza que promete hambruna y destrucción.

Reseña

La quinta estación es el primer  libro —de muchos, espero— que he leído de Jemisin. Al acabarlo, busqué información sobre la autora y descubrí que en sus libros la temática gira en torno a la intolerancia, algo que ha sufrido toda su vida. Porque de eso trata La quinta estación, del terror que despiertan en la población los orogenes, elementalistas de tierra capaces de aplacarla en un terremoto o encenderla hasta hacerla crecer o romperse. Porque La quietud es hostil hacia sus habitantes y tiembla y se abre cuando menos se lo esperan, y los orogenes son los únicos que pueden darles esa paz y estabilidad que necesitan. Sin embargo, en lugar de tratarlos como salvadores, los ven como demonios a los que temer y vigilar.
En este libro se intercalan tres historias y tres protagonistas: Essun, una mujer de mediana edad que intenta esconder a todos que es una orogen, y cuyo marido, que se ha llevado a su hija, ha matado a su hijo por tener el mismo poder que su madre. Damaya, una niña traicionada por su familia por sus habilidades con la tierra, enviada al Fulcro, una especie de orfanato/academia donde se les entrena y se les inculca la necesidad de obediencia y la amenaza de muerte si no lo hacen. Y, por último, Sienita, una orogen de quinto nivel que debe controlar una grieta en una zona costera junto a Alabastro, uno de los elementalistas más poderosos de La Quietud.
Si me preguntrais cuál es mi protagonista preferida no podría contestaros. Por edad, podría sentirme más identificada con Essun. Sin embargo, la autora consigue que todas las vivencias de sus protagonistas nos duelan como si fueran propias. Porque La quinta estación no es un libro bonito, aunque hay amor, amistad y superación. No, este primer libro de la trilogía es un dolor tras otro, demasiado bien transmitido.
La evolución es clara en Sienita y en Damaya: aún son jóvenes y les queda muchísimo que descubrir. Sin duda, Essun es la más estática, quizá por la edad, quizá porque creo que su evolución vendrá en las siguientes novelas. Y no os puedo contar más, aunque los que hayáis leído el libro ya sabréis que tiene sentido que quienes más evolucionen sean las primeras. Y hasta aquí puede
leer escribir.
Una de las peculiaridades de esta novela es su prosa, que intercala la dura historia de sus protagonistas con fragmentos de creencias o folklore transmitido a través de inscripciones. Los relatos de Damaya y de Sienita están narrados en tercera omnisciente mientras que la de Essun está narrada en segunda del singular. Esto, para mí, es el gran acierto de esta novela, porque consigue transmitirnos ese “querer salir del cuerpo” de Essun, esa sensación de que intenta escapar de su realidad y mirar lo que le está pasando desde fuera. Intento explicarme: parece que ella misma se está contando lo que le pasa porque está superada, porque no puede soportar un palo más en su vida y la muerte de su hijo ha sido lo que necesitaba para que su mente desconectara de sus acciones. Soy incapaz de encontrar las palabras justas para explicar esa sensación así que ojalá lo leáis para que podáis entenderme.
En el fondo, esto es lo que eres: una criatura pequeña e insignificante. Estos son los cimientos de tu existencia. El Padre Tierra hace bien en despreciarte, pero no te avergüences. Puede que seas un monstruo, pero también eres maravillosa.
Extracto de un capítulo de Essun, con esa prosa maravillosa en segunda persona.
En cuanto a la estructura, la novela está dividida por dos interludios que marcan la evolución de las historias. Me cuesta mucho hablar de ella sin destriparos toda la novela, la verdad. Sin embargo, cabe destacar que la estructura parece simple, con su nudo, desenlace, etc., hasta que llegas al segundo interludio y te das cuenta (bueno, los más avispados un poco antes) de que las historias de las protagonistas están más ligadas de lo que parecía a simple vista. La estructura, junto a la elección de los narradores, es otro de los grandes aciertos de la novela y una de las razones por las que deberías leerla. No digo más que, como siga, se me caerán los spoilers de la boca.
Por último, las tramas. Cada protagonista es una trama principal, y cada una de ellas tiene algunas subtramas sobre las relaciones de las protagonistas con el mundo y con otros personajes. No hay ninguna superflua ni puesta para relleno sino que todas transmiten a la perfección cuál es el papel de los orogenes en la sociedad y cómo lo viven.
Es un gran inicio de una trilogía que ya está publicada en su totalidad en inglés. Además, fue Premio Hugo de 2016, y no me extraña en absoluto. Como dice mi querida Leydhen (link), es una novela escrita a golpe de entraña. Y es cierto. Es dura y entrañable y cabrea pero motiva. Una mezcla de emociones que te hace acabar el libro con un suspiro largo, de esos que ayudan a despejar el alma.
Yo lo compré en Amazon (link).

Qué he aprendido de ‘La quinta estación”

Lo que más me ha gustado y ojalá sea capaz de aplicar en mis libros es ese “mostrar y no contar” que todo escritor intenta. Jemisin nos expone una realidad y en ningún momento nos dice qué debemos pensar: deja que el lector haga sus juicios de valor. Nosotros percibimos a los orogenes como personas con unos dones extraordinarios y no como los monstruos que la sociedad ve en ellos. La forma en que traslada ese odio a lo diferente, esa crítica al racismo, nos la muestra a través de los comportamientos y dejándonos ver cómo se sienten los orogenes, las víctimas de toda esta historia.
Otro punto a tener en cuenta es el enfoque de la segunda persona del plural. Hasta ahora, había encontrado este narrador en cartas o, simplemente, en historias donde una persona le cuenta algo a otra. Sin embargo, en este libro es la propia Essun quien se lo cuenta a sí misma. Como si fueran dos personas en el mismo cuerpo: la narradora dentro de su cabeza, una Essun más fría, más objetiva quizá, más superviviente, y la que lo vive, una mujer que se mueve por inercia, que hace lo que puede para sobrevivir y encontrar a su hija pero que no quiere pensar, solo quiere actuar. Porque es lo único que puede hacer. La verdad, ya sabéis que soy un poco pava y que no me cuesta nada emocionarme con los libros, pero pensar en este narrador me pone un poco la piel de gallina. ¡Está tan bien conseguido! Es tan puro, tan directo, tan… especial. Tan lo que necesita la historia. Me gustaría imitarlo algún día aunque me parecería eso, una imitación.
Si estáis pensando en qué autoras leer este octubre, os recomiendo que probéis con La quinta estación. Os prometo que no os defraudará.


Tomado de https://carlacampos.blog/2017/09/27/lo-que-he-aprendido-de-la-quinta-estacion-de-n-k-jemisin/
Publicado por Paula Irupé Salmoiraghi en 19:47 No hay comentarios:
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Tercer Hugo para NK Jemisin


YOUTUBE.COM
N.K. Jemisin's 2018 Hugo Award Best Novel acceptance speech.
Jemisin won on Aug. 19, 2018, at Worlcon 76 for Stone Sky and gave one of the best speeches in…
  • Laura Ponce
    3 horas · 
    Gran discurso de NK Jemisin, al ganar por tercer año consecutivo el Premio Hugo a Mejor Novela, sobre cómo llegó a ese escenario y por qué. "Las estrellas son nuestras". ^_^
    Histórica victoria que confirma la tendencia de los últimos años: la presencia de las mujeres y la diversidad étnica y de género llegó para quedarse. (la traducción del artículo es mía; sepan disculpar los errores)
    “La autora NK Jemisin ha ganado su tercer premio Hugo a la mejor novela de ciencia ficción y, al hacerlo, se ha convertido en la abanderada de un cambio radical en la diversidad del género, cuando las mujeres, especialmente las mujeres de color, barrieron las tablas en la ceremonia de la noche pasada.
    Subiendo al escenario para aceptar su tercera victoria en tres años por su novela The Stone Sky, Jemisin le dijo a la audiencia en la 76ª Convención Mundial de Ciencia Ficción en San José, California, que "este ha sido un año difícil ... unos años difíciles , un siglo difícil", y agregó: "Para algunos de nosotros, las cosas siempre han sido difíciles, y escribí la trilogía de Broken Earth para hablar de esa lucha, y lo que se necesita para vivir, y prosperar, en un mundo que parece resuelto para romperte".
    https://www.youtube.com/watch?v=8lFybhRxoVM
Publicado por Paula Irupé Salmoiraghi en 19:19 No hay comentarios:
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Etiquetas: Ciberfeminismos, Libros buenos

Gamerro, Simeran, CF cervantista y quijotesca



Laura Ponce
3 horas · 
Espectacular nota en el Suplemento Cultural de hoy, del diario El Dia, dedicada a Carlos Gamerro y Juan Simeran, como autores de dos obras inesperadas y excéntricas (Gamerro sobre la relación entre Shakespeare y Cervantes, y Simeran con su reescritura del Quijote en espanglish, y en clave ciencia ficción). ALEGRÍA! :-D
Acá la nota en la edición digital: https://www.eldia.com/…/2018-7-29-9-13-46-solo-literatura-s…
EL CHÉVERE VENTURANTE MR. QUETZOTL DE ARISONA, de Juan Simeran (Ediciones Ayarmanot, 2018). Homenaje al Quijote, novela de aventuras, genuina especulación lingüística, este libro es prueba de que ciencia ficción puede adquirir múltiples formas, se reinventa continuamente y está más vigente que nunca.
Con ilustraciones de Kwaichang Kraneo (Carlos David Lima), prólogo de Pablo Martínez Burkett, contratapa de Nahum Torres (Librosampleados #leediferente, México) y puesta en libro al cuidado de Laura Ponce(Ediciones Ayarmanot, Argentina).

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SÉPTIMO DÍA

DOS ESCRITORES ARGENTINOS, AUTORES DE INESPERADAS Y EXCÉNTRICAS OBRAS DE FICCIÓN

Sólo literatura

La relación entre Shakespeare y Cervantes en una novela de Carlos Gamerro. Un Don Quijote actual que habla un idioma estrafalario, en la visión de Juan Simeran
29 de Julio de 2018 | 09:13 | Publicado en Edición Impresa
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Por MARCELO ORTALE
marhila2003@yahoo.com.ar
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CARLOS GAMERRO / ARCHIVO
Dos novelas de autores argentinos, una escrita en 2016 y la otra este año, coinciden en rescatar la figura de Don Quijote y los nombres de Cervantes y de Shakespeare. Pero también viajan ambas por un difícil y fascinante andarivel: el de la pura literatura, sin aditamentos ni subordinaciones, sin proyectarse hacia ninguna otra finalidad que no sea la de presentar textos ingeniosos y con estilos deslumbrantes.
La primera de esas novelas, la editada hace dos años es “Cardenio” (Editorial Edhasa, 2016), de Carlos Gamerro. La segunda se llama “El chévere venturante Mr. Quetzotl de Arisona” (Ediciones Ayarmanot, 2018) y está escrita por Juan Simeran.
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JUAN SIMERAN / ARCHIVO
Gamerro es ya un consolidado novelista, ensayista y cuentista, traductor al español de Shakespeare, W.H.Auden y Harold Bloom, entre otros.
Gamerro es ya un consolidado novelista, ensayista y cuentista, traductor al español de Shakespeare, entre otros
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WILLIAM SHAKESPEARE

En cuanto al libro de Simeran y a la proyección de autores y personajes, existen prestigiosos antecedentes. Uno lo presenta Borges en su libro “Ficciones”, con su cuento “Pierre Menard, autor del Quijote”. Allí explicó que Menard “no quería componer otro Quijote -lo cual es fácil- sino el Quijote. Inútil agregar que no encaró nunca una transcripción mecánica del original; no se proponía copiarlo. Su admirable ambición era producir unas páginas que coincidieran -palabra por palabra y línea por línea- con las de Miguel de Cervantes»
En contraposición debe mencionarse el caso de Miguel de Unamuno con su “Vida de Don Quijote y Sancho (1913) que, en el prólogo, explicó qué es lo que quiso hacer con su obra: “Pretendo liberar al Quijote del mismo Cervantes, permitiéndome alguna vez hasta discrepar de la manera como Cervantes entendió y trató a sus dos héroes, sobre todo a Sancho”. Unamuno siempre pensó que Cervantes fue un escritor mediocre que acertó –si se quiere, mágicamente- al escribir el Don Quijote, una obra que en realidad, añadió, su talento no merecía.
En esta línea de originalidades –de notables excentricidades- se inscriben los libros de Simeran y Gamerro, que atrajeron ya el interés de editoriales en varios países.
SIMERAN
En un trabajo ciertamente monumental, Simeran escribió una suerte de “remake” del Quijote, en una especie de esperanto indoamericano, con lunfardos entreverados. Para entrar en materia, acá va el primer párrafo del libro: “En un lugar de Arisona cuyo nombre no quiero remembear, no ase mucho tiempo ayí laifeaba un farmer de los de rifle en bandolera, posesión antigua, pitbul flaco i galgo corredor. Una oya de algo más choriso que esteic, tortiya enchilada las más naites, fasfud los viernes, guacamole los saturdais, alguna frutabomba de anianidura los domingos, consumían las tres partes de su asienda...”.
Lo del idioma empleado podría remontar al “Neocrillo” creado en 1920 por Xul Solar, que era una mezcla del español y el portugués, con palabras del alemán, el francés, el inglés, el latín y el griego. En el prólogo de la novela de Simeran, dice Pablo Martínez Burkett que el idioma utilizado “aunque se parece a nuestro socorrido castellano, está poblado de inflexiones del habla mesoamericana y caribeña, con fuerte presencia de un spanglish que desestructura cualquier categoría que no sea la hilaridad”.
Agrega el prologuista: “Macedonio propuso que los hispanoamericanos y los españoles nos llamáramos, dada la unidad del lenguaje y la posesión común del Quijote, la familia de Cervantes...Siento que después de leer las andanzas del Chévere Venturante Mr. Quetzol de Arisona ya somos de su linaje y que, por fortuna, vamos a entrever su querida presencia en los próximos libros que leamos”.
Simeran afirma en una entrevista que “ni yo sé lo que hice allí. Paradójicamente, me parece que quedó un libro bastante divertido. ¿No te pareció divertido? al final, tiene el sabor de una vieja historieta de cow boys, de Columba”.
Pero no es juego la literatura de Simeran: “Yo sé que sería más plástico, más hollywoodense, decir: “ese idioma lo tenía en la cabeza”. Pero no. No lo tenía en la cabeza. Cuenta Stephen King en su bellísimo libro “Mientras escribo” que le preguntaron cómo escribió su literatura. El contestó: “palabra por palabra”. Bueno, el idioma lo creé palabra por palabra. Con algunas ventajitas: mi mujer es cubana. Viví un año en viviendas estudiantiles en la Universidad de Tel Aviv y allí me hice amigo de venezolanos, colombianos, uruguayos, chilenos. Y noté que las mejores palabras de cada modismo local, por una especie de darwinismo linguístico, se le iban pegando imperceptiblemente a los demás, por lo que luego del año lo que hablábamos era una mezcla de todos esos argots”.
Uno de los fondos de todo este asunto tampoco es juego para Simeran: “Todo el siglo XX fué una larga discusión sobre el futuro. Se mató, investigó, se taló y se fabricó, se construyó y se destruyó, siempre invocando un futuro mejor. Esas ideas que eclosionan en el siglo XX son novedosas: ninguna religión hace eje en el futuro, porque en todas el paraíso es algo pasado y perdido, y lo que importa es el presente. Y así como digamos el género que mejor expresó el medioevo fué el pastoril/ épico/ caballeresco, el género que mejor expresó el siglo XX fué la Ciencia Ficción. Hoy, toda idea de futuro es ridícula. No tenemos ni idea de adónde nos dirigimos, salvo a una perpetua orgía de adelantos tecnológicos que luego atrasan demasiado rápido...De ahí a escribir este Quijote hay menos que un paso: un pasito. Animarse nomás. Pero la mesa estaba servida”.
GAMERRO
“Escribí esta novela casi como un acto de resistencia, y para darme el gusto” dice Gamerro, al aludir a su exitosa “Cardenio”, así llamada, igual que una obra extraviada de William Shakespeare. En realidad la historia de Cardenio la tomó el inglés de un capítulo del Quijote, algo que deja establecido los puntos en común que hubo entre la literatura inglesa y la española o, como dice Gamerro, que los ingleses leían a los españoles. Algo que no ocurría a la inversa.
“Shakespeare había leído a Cervantes, esos dos grandes genios de esas dos grandes literaturas se habían conocido, o al menos uno había sabido del otro”, dice ahora Gamerro. “Shakespeare y Cervantes fueron contemporáneos, tanto que es la misma la fecha de su muerte, 23 de abril de 1616 (aunque murieron con diez días de diferencia, pues España e Inglaterra se regían entonces por calendarios distintos) y la posibilidad de que ambos se hayan conocido ha dado lugar a ficciones especulativas como el cuento de Anthony Burgess “Un encuentro en Valladolid” y la película Miguel y William de Inés París”.
Lo que realmente importa, agrega Gamerro, “son los encuentros entre escritores en su literatura: si Cervantes leyó a Shakespeare o vio alguna de sus obras (altamente improbable: los autores ingleses devoraban la literatura española, pero la pasión no era recíproca); si Shakespeare leyó a Cervantes , sin duda: sabemos del estreno de Cardenio en 1613, sabemos que la primera traducción del Quijote a otra lengua fue la inglesa de Thomas Shelton, publicada en 1612.
El resultado de sus primeras investigaciones sobre el misterio de la obra perdida de Shakespeare fue un artículo sobre el tema –sigue diciendo- pero no lo conformaba. “Intuía que lo apropiado sería una obra de ficción, pero no me imaginaba entrando en la cabeza de Shakespeare para contar el proceso de escritura de la obra (tengo una idea aproximada de mis límites como escritor) y además no me resultaba suficiente atractiva, dramática, la figura del escritor trabajando en soledad. Empecé a vislumbrar la novela que eventualmente sería Cardenio cuando descubrí que Shakespeare había trabajado en colaboración con el joven dramaturgo John Fletcher, quien sería su sucesor como autor principal de la compañía”.
Gamerro leyó algunas obras de Fletcher –”bastante malas”- y dice que había formado una asociación muy estrecha con otro dramaturgo aun más joven, Francis Beaumont: escribían juntos, compartían la casa, la querida y los vestidos
En un trabajo ciertamente monumental, Simeran escribió una suerte de “remake” del Quijote

“Y cuando se rompe esta sociedad es cuando Fletcher empieza a colaborar con Shakespeare, escribiendo, además de Cardenio, Enrique VIII y Dos nobles de la misma sangre. Un dramaturgo mediocre, escribiendo con el más grande de todos los tiempos – pero que ya estaba harto, todo lo indica, del teatro y de la literatura – un artista que lejos de deslumbrarse ante esta perspectiva, la contempla con fastidio: Beaumont lo dejó en la estaqueada, para hacerse cargo de la casa, las obras y la querida, y encima ahora tiene que escribir con el insufrible de William. Se necesita ser un genio, pensé, para ponerse en los zapatos de Shakespeare; pero no hace falta tanto para ser el hombre que alguna vez trabajó con Shakespeare. Entonces empecé a escribir la novela”.
Simeran adicto a la ciencia ficción inventa un Quijote que en lugar de lanza utiliza un fusil Kalashnikov, que combate no contra molinos de viento sino contra los carteles de una afamada gaseosa.
Gamerro que, como dice los críticos, “indaga en esa conjunción estelar” de dos grandes de la literatura y compone también “un relato picaresco, la recreación del mundo teatral londinense en su época de oro y conmovedor retrato de un Shakespeare vibrante y crepuscular”.
Autores, ambos, de textos inesperados, de pie como valiosos referentes en estas difíciles épocas de transición literaria.




Publicado por Paula Irupé Salmoiraghi en 19:18 No hay comentarios:
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Etiquetas: Libros buenos
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CF especulativa y feminista

Cuestiona el relato del héroe porque cuestiona el poder del hombre sobre el mundo, su aparente derecho al dominio sobre todo lo que no es sí mismo: alienígenas, lesbianxs, vegetales, mujeres, animales, infancias, travestis, minerales, planetas. Para la CF feminista, el desastre no es el peligro inminente que legítima la guerra, sino el modo de vida al que llamamos poder y es una forma de la guerra. Natalia Ortiz Maldonado

Posmelancolía

Posmelancolía

Cuántos pares de ojos

Ciencia ficción es

"Ciencia ficción es lo que se publica en las revistas y libros de ciencia ficción."
Norman Spinrad

Infinitos futuros concebibles

"Las historias de ciencia-ficción son viajes extraordinarios a uno de los infinitos futuros concebibles."
Isaac Asimov

ABC

ABC

Imaginación disciplinada

"Es la literatura de la imaginación disciplinada".
Judith Merril

Determinadas circunstancias

"La fantasía trata de aquello que la opinión general considera imposible: la ciencia ficción trata de aquello que la opinión general considera posible bajo determinadas circunstancias."
Philip K. Dick

Contrafácticas

"Más aún que en su temática, el parentesco de la ciencia ficción con la ciencia estriba en su método, en su carácter eminentemente especulativo: partiendo de unas premisas imaginarias, contrafácticas (generalmente obtenidas por la extrapolación de la realidad actual), desarrolla sus consecuencias conservando la lógica del mundo ficticio creado."
Carlo Frabetti

Especulación racional

"La ciencia ficción es un género de narraciones imaginarias que no pueden darse en el mundo que conocemos, debido a una transformación del escenario narrativo, basado en una alteración de coordenadas científicas, espaciales, temporales, sociales o descriptivas, pero de tal modo que lo relatado es aceptable como especulación racional."
Eduardo Gallego y Guillem Sánchez

Ambivalente

"La labor de un escritor de ciencia ficción consiste en ser profundamente ambivalente en los que respecta a los cambios tecnológicos."
William Gibson

Imaginarios o reales

"Con este término designaremos a aquella clase de narrativa en cuya trama argumental, y como elemento esencial de la misma, aparezcan descubrimientos científicos, imaginarios o reales, en torno a los cuales gire la acción de la novela."
Juan José Millas

Una innovación de cualquier orden

"Un relato en prosa cuyo tema es una situación que no podría presentarse en el mundo que conocemos, pero cuya base es la hipótesis de una innovación de cualquier orden, de origen humano o extraterrestre, en el campo de la ciencia y la tecnología, o, si se quiere, de la pseudociencia o de la pseudotecnología."
Kingsley Amis

Cambios

"La ciencia ficción es la rama de la literatura que trata sobre las respuestas humanas a los cambios en el nivel de la ciencia y la tecnología."
Isaac Asimov

Aún no

"Una historia que trata de un mundo cambiado que aún no se ha hecho realidad."
John Clute

En el futuro

"Las historias de ciencia ficción son aquellas que transcurren en el futuro."

Kim Stanley Robinson

Premisas pretendidamente plausibles

"La ciencia ficción es un género que desarrolla su argumento de forma coherente con unas premisas pretendidamente plausibles con los conocimientos científicos que se poseen en la época en que se creó la obra y que, o bien difieren notablemente de algún aspecto concreto de la realidad tal y como es (o de su pasado tal y como fue), o bien sugieren un hipotético futuro derivado de tal realidad."
Alt+64

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