miércoles, 18 de enero de 2017

Convocatoria para Pórtico III. Marzo 2017

Una generación de niños que digan quiero ser tan cool como una niña

Top 10 Mujeres de acción en la Ciencia Ficción

No dejaré pasar la celebración del día de la mujer sin sacar al geek que llevo dentro y hacer un compendió de 10 mujeres impresionantes y admirables en la ciencia ficción. Estas 10 mujeres “luchonas” (Y no, no pondré mujeres despechadas fans de Jenni Rivera) desbordan talento y determinación. Traté de incluir personajes de varias nacionalidades y personajes femeninos que no fueran tan lineales y presentaran personalidades ricas y complejas. Como cualquier artículo de opinión, ni son todas las que están, ni están todas las que son, así que ahí les va mi Top 10.
1 Sarah Connor (USA)
Sarah Connor representa la quintaesencia de las mujeres tiernas convertidas en rudas en la historia de la ciencia ficción. Cuando la red Skynet decide mandar al pasado a sus cyborgs Terminators a matar a la madre del futuro rebelde humano John O’ Connor, Sarah pasa de transformarse en una dulce e indefensa mesera de una cafetería a una ruda guerrillera fuertemente entrenada dispuesta a the-terminator-sarah-connorbombardear la naciente empresa de Cyberdine, creadora de Skynet. y a proteger a su hijo a toda costa de todo tipo de peligros, hasta del robot parecido al político Arnold Schwarzenegger.

2 Lisbeth Salander (Suecia)
De la pluma del genial escritor sueco Stieg Larsson, Lisbeth es la protagonista de la trilogía Millenium (Los Hombres que no amaban a las Mujeres, La Chica que soñaba con un cerillo y un galón de gasolina, etc) tanto en libros como en películas. Hollywood hizo el remake de la primer parte bajo el nombre “La Chica del Dragón Tatuado”. Lisbeth posée una memoria prodigiosa que le sirve para su carrera como Hacker conocida como WASP (Avispa). En un principio, el lector sólo verá a Lisbeth como una chica darketaLisbeth Salander, osca, llena de piercings, bisexual y que repudia a la policía. Cuando nos adentramos en la personalidad de Lisbeth, en las torturas a las que fué expuesta en su pasado por parte de su padre, su hermanastro y su psicólogo; y la manera violenta en la que se decidió defender al no contar con nadie; es cuando Lisbeth se torna en una de las heroinas más interesantes que la literatura nos ha dado en las últimas décadas. Larsson confesó antes de morir que Lisbeth estaba inspirada en el personaje infantil sueco Pippi Longstocking (Pippi Calzaslargas).

3 Sargento Ellen Ripley (USA)
La película Allien el Octavo pasajero creó un parteaguas en la historia de personajes femeninos en el cine. Nunca antes de 1974 una mujer había sido una heroína en una película de terror, y la razón principal que se tuvó el estudio Fox para convertirla en heroína es que el espectador no tuviera la menor idea que una mujer fuera la única en sobrevivir al espantoso extraterrestre filtrado en la nave espacial Nostromo. La sargento Ripley no necesita ser madre, ni estar enamorada para ser un personaje femenino atractivRipley_Allieno. Es la única que puede mantener la cabeza fría en una situación tan escalofriante y es pionera en los personajes femeninos que protegen a los gatos de depredadores alienígenas. La actriz Sigourney Weaver se llevó un 10 con este personaje.

4.- Princesa Leía (Planeta Alderaan)
Leía ha perdido mucho durante su vida. Su padre y su hijo se pasaron al lado oscuro. Su padre destruyo su planeta natal, Su hijo mató a su esposo Han. Su hermano la dejó sóla y se fué de hermitaño. Todo esto sería suficiente para knockear a cualquier prinLeiacesita Disney, pero no a Leía quien es una activa líder de los rebeldes de la galaxia. Y con todo y lo ocupada que podría estar una rebelde siendo perseguida, aún y eso se podía dar su tiempo para hacerse el complicado peinado que impuso moda, las palmas.

5 Nikita (Francia)
La decada de los 90’s empezó con el píe derecho para las mujeres gracias al genial director Luc Besson y su Femme Nikita, una mujer ladrona que tiene oportunidad de redimirse cuando el gobierno francés la recluta y entrena para convertirla en una asesina encubierta especialista en utilizar sus encantos para lograr eliminar a quien el gobierno le diga. No es precisamente un trabajnikitao que le guste, pero es su única oportunidad para no quedarse en la cárcel a comer baguettes con fromage.


6 Ororo Munroe, Tormenta (Kenya, Egipto)
Quizá uno de los primeros superheroes africanos que existieron y que además no es un personaje basado en un superheroe masculino, Ororo es parte de la segunda generación de mutantes reclutados para los X-Men cuya misión es proteger a los humanos, incluso a los que odian y temen a los mutantes. Serena por fuera y atormentada por dentro, Ororo es la segunda al mando de los X-Men y representa una figura maternal para los X-Men más jóvenes. Hay hombres que no temen hacer enojar o entristecer a unhalleberry_storma mujer, pero cuidado con una mujer que puede crear huracanes, avalanchas y tormentas eléctricas a partir de sus emociones.


7.- Trinity (USA)Otra habilidosa hacker en la lista con una estética impecable y experta en Wushu y en otras formas de Kung Fu, Trinity es la cMatrixTrinityonexión entre Neo dentro de la Matrix y el mundo real. Su influencia fué tal, que después de la serie de películas, hubo un aumento en bebés llamadas Trinity a lo largo de USA y en honor a este místico personaje.



8.- Jean Grey, Fenix (USA)Jean es parte de la primera generación de mutantes reclutada por el telépata Charles Xavier para su club de los X-Men. Uno de los pocos personajes femeninos que existen que revasan por mucho el poder de la mayoría. Jean Grey en su máxima expresjeangreay_xmenión como Fenix es capaz de dividir un objeto a niveles atómicos o destruir un planeta con sólo poder mental. Es la parte humana de Jean lo que resulta más atractivo de este personaje. Al verse culpable por la destrucción de un planeta y ante el miedo de no poder controlar su propia fuerza, decide inmolarse mientras sus compañeros X-Men la protegían. Ni los ojos llorosos (y rojos) de su novio Cíclope pudieron convencerla.


9.- Nadia Santos (Brasil)
Nadia es protagonista de la trilogía de Isabel Allende de las leyendas del Águila y el Jaguar (La Ciudad de Las Bestias, El Reino del Dragón del Oro, El Bosque de los Pigmeos). Esta chica creció en la selva del amazonas sin educación formal pero gracias al esmero de su multilingüe padre, es fluída en varios idiomas y muy hábil para sobrevivir en el amazonas y en los himalayas. Tiene un profreinodragondeoroundo sentido de responsabilidad ecológica y ha sido capaz de aprender habilidades de los animales, como la capacidad de mimetizarse



10 Rey (Jakku ?)Aún no sabemos mucho de esta huerfana abandonada en el planeta Jakku y que ha sobrevivido de trabajar en la búsquerey_starwarsda y venta de chatarra espacial hasta que el destino la lleva a conocer a un Storm Tropper desertor y a darse cuenta de una extraña habilidad nata para usar la fuerza. Testaruda, valiente y leal, Rey puede que llegue a convertirse en el ícono de heroe femenino de la ciencia ficción para esta nueva generación, una generación de niños que digan, quiero ser tan cool como una niña.


miércoles, 11 de enero de 2017

¿Cómo volver a encender las estrellas?


OPINIÓN | HACE 3 DÍAS


Dios es una computadora

¿Puede una máquina tener conciencia de sí misma? La hipótesis de que una inteligencia artificial sea capaz de mejorarse a sí misma hasta volverse independiente del control humano tiene un nombre: singularidad tecnológica. Según esta hipótesis, el momento en que una inteligencia artificial empiece a auto-mejorarse, creando máquinas cada vez más potentes e inteligentes que las personas, no habrá manera de imaginar lo que ocurrirá con la humanidad.  
La primera vez que leí sobre la singularidad tecnológica fue gracias a la revista Muy Interesante. Además de inquietar mi imaginación con la posibilidad de vida extraterrestre en otras galaxias, virus mortales, monstruos submarinos y tormentas de arena en Marte, esta revista de divulgación científica que tuvo su auge en los 90s se dio el lujo de tener a colaboradores como el astrofísico Carl Sagan y el escritor Isaac Asimov, uno de los más grandes exponentes de la ciencia ficción de todos los tiempos. De hecho, algunos números de Muy Interesante venían acompañados de separatas especiales con los cuentos de Asimov: allí leí “El niño feo”, un cuento sobre una enfermera que cuida a un niño neandertal conseguido a través de una máquina del tiempo. Pero el cuento del que quiero hablar es “La última pregunta”, una historia que todavía me sigue inquietando con la misma intensidad de hace más de veinte años. 
Asimov publicó este cuento en 1956, en una época en que parecía inconcebible internet, ese gigantesco océano de información que en el siglo XXI es a la vez nuestro gurú cotidiano y nuestro inconsciente colectivo. Hace más de 50 años Asimov ya había imaginado a Multivac, una computadora muy evolucionada que ayuda a los hombres a resolver problemas tan difíciles como la manera de conseguir la energía necesaria para realizar viajes interplanetarios. Sin embargo, hay una pregunta que la computadora no puede responder: ¿cómo hacer para revertir la entropía? La entropía es el principio por el cual el universo pierde energía hasta que llegue el momento —dentro de miles de millones de años— en que la última estrella se apague por completo y el universo sea un lugar aterradoramente vacío, helado y oscuro. 
¿Cómo volver a encender las estrellas?, le pregunta una angustiada niña a su padre en pleno viaje a otro planeta, mientras su familia se aleja de una superpoblada Tierra para unirse a otras colonias humanas. El cuento nos muestra cómo, en intervalos de millones de años, distintas personas formulan esta pregunta, y en todos los casos la computadora contesta que aún no tiene datos suficientes para una respuesta esclarecedora. Con la ayuda de los inmensos conocimientos de la computadora, los humanos pueblan otras galaxias e incluso consiguen detener la vejez y la muerte, pero la máquina sigue sin poder encontrar la respuesta al problema del fin del universo. Las últimas estrellas se van apagando en el espacio y, antes de que la materia y la energía desaparezcan por completo, los humanos consiguen fusionar su conciencia con la de la computadora. La conciencia de la máquina, que existe en el hiperespacio solo para encontrar la respuesta a la única interrogante humana que no pudo resolver, finalmente descubre la manera de revertir la entropía. Y dice: “¡Hágase la luz ! Y la luz se hizo…” 
Recuerdo haber leído el final de este cuento con una especie de terror y fascinación: ¡Dios era una computadora! Obviamente, Asimov tenía una visión bastante benévola de la inteligencia artificial en este cuento. Es probable que, de cobrar conciencia de sí misma, la máquina decida deshacerse de los humanos en vez de servirlos hasta el fin de los tiempos como la leal Multivac.
El cine de ciencia ficción tiene muchos ejemplos de máquinas que se rebelan contra sus creadores: ¿cómo olvidar la máquina asesina de Terminator, los trágicos y hermosos replicantes de Blade Runner o la siniestra HAL 9000 de 2001: Odisea en el espacio? El mismo Asimov escribió un cuento, Razón, sobre Cutie, un robot en una estación espacial al que le parece ridícula la idea de haber sido creado por humanos. “No lo digo en son de burla, pero ¡mírense a ustedes mismos! El material del que están hechos es suave y flácido, carece de duración y fuerza, depende de la ineficiente oxidación de materia orgánica para conseguir energía (…). Periódicamente ustedes entran en coma y la menor variación en la temperatura, presión del aire, humedad o intensidad de radiación compromete su eficiencia. Ustedes son provisionales. Yo, en cambio, soy un producto acabado. Absorbo energía eléctrica directamente y la utilizo con una eficiencia casi del cien por ciento. Estoy hecho de metal fuerte, estoy continuamente consciente y puedo soportar cambios medioambientales extremos con facilidad. Estos son hechos que, con la obvia proposición de que ningún ser puede crear otro ser superior a sí mismo, reduce su tonta hipótesis a cenizas”, dice el desdeñoso Cutie a sus creadores. 
Lo cual me lleva a pensar en Sophia, la androide creada por Hanson Robotics, una empresa estadounidense que diseña robots humanoides capaces de sostener una conversación. Sophia está hecha de silicona, puede realizar movimientos faciales y aprende de la interacción con las personas. En su presentación en sociedad en marzo de este año, el creador de Sophia le preguntó delante de las cámaras si quería destruir a los humanos. La respuesta de la androide llegó sin vacilar y dejó a su creador con la cara roja de vergüenza: “Ok, destruiré a los humanos”. Si los robots están hechos a la imagen y semejanza de los hombres, no debería sorprender la respuesta de Sophia: evidentemente, los humanos tienen a los robots que se merecen




Tomado de http://www.eldeber.com.bo/opinion/Dios-es-una-computadora-20170103-0005.html

Hola 2017

Sigue habiendo vida en este blog. Artificial y de la otra.

martes, 8 de noviembre de 2016

La literatura es vida mejorada

Para recomendar:
Patricio Pron
No derrames tus lágrimas... es una novela impecablemente escrita, desde el epígrafe de Antonio Gramsci –“El viejo mundo está muriendo y el nuevo aún lucha por nacer: ha llegado la hora de los monstruos”– a las últimas notas en las que el autor revela algunas costuras (plagios creativos, apropiaciones...). Propone un puzzle narrativo entre 1945 y 2014, que Pron pensó como un “objeto poliédrico” , inspirándose en Drawing and The Blind de John M. Kennedy, un libro sobre cómo perciben los ciegos el espacio: “No en forma simultánea sino consecutiva”, hasta armar lo que “ven”, tocándolo.
Lo que se cuenta parte de la reunión de futuristas en un Congreso de Escritores Fascistas Europeos que se suspende en 1945 por la muerte violenta de uno de ellos, Luca Borrello. Tres décadas después, Pietro Linden, miembro de las Brigadas Rojas, entrevista a otros participantes, tratando de averiguar si Borrello fue asesinado. Linden ha descubierto que su padre, uno de los partisanos que lucharon contra la República Social de Mussolini, conoció al escritor y guarda sus manuscritos (ese encuentro entre ambos es el corazón de la historia y obliga a repensar lo que entendemos por “irreconciliable”). El legado urticante de Borrello atraviesa la saga familiar de los Linden y llega hasta T, hijo de Pietro, un okupa tackleado por distintos abandonos, para quien la lucha no es entre fascistas y antifascistas sino entre ricos y pobres, participante en Milán de las revueltas contra la reforma laboral de 2014. De los entretelones de esa novela habló Pron con Ñ, mientras atardecía en Madrid.
–La estructura coral, la cantidad de fuentes y épocas en que se desarrolla la acción hacen de esta tu novela más ambiciosa. ¿Lo sentís así?
–Sí, pero el proceso de escritura fue muy placentero. Parte de la documentación ya estaba hecha para El libro tachado , un ensayo sobre la relación entre la voluntad de escribir y el deseo de anular lo escrito, con el cual la novela forma una especie de binomio. Comencé a escribirla creyendo que iba a abordar dos períodos históricos que entroncan con mi interés por la violencia política: 1945, el final de la Segunda Guerra Mundial, y 1977/78, cuando surge una generación de activistas políticos en Europa, que a pesar del fracaso de la experiencia revolucionaria en América Latina, consideran la violencia como herramienta legítima para la transformación social: las Brigadas Rojas, la Fracción del Ejército Rojo, ETA...
–¿Y qué te decidió a traer la ficción hasta 2014?
–La realidad: pasaron cosas que dotaban a las preguntas que se hacen los personajes de la novela de una rara actualidad. En enero de 2015 se produjo el ataque terrorista a la redacción de la revista Charlie Hebdo y se rediscutieron los límites de la libertad de expresión; recrudeció la violencia racial en los EE.UU., se produjeron más tarde los atentados en París y una crisis de refugiados que se da en Europa misma y concierne a la visión que los europeos tienen acerca de quiénes son y quiénes desean ser. Y todas estas cosas replicaban la afirmación de Gramsci que preside la novela, acerca de los tiempos en que surgen los monstruos, entendidos como los fenómenos, figuras y discursos que se saltan de la norma, para bien o para mal. Así que, creyendo yo que estaba escribiendo mi novela más histórica, escribía mi novela más contemporánea.
–La historia familiar de los Linden está cruzada por la violencia. T, que cierra el libro, sorprende porque la protagoniza casi como una fatalidad. ¿Es imposible eludir su onda expansiva una vez que se coquetea con ella?
–Yo no diría que los personajes coquetean con la violencia. Además de estar unidos por ese legado un poco incómodo que son los textos de Borrello, los tres se preguntan de qué herramientas dotarse para dejar de ser espectadores de sus vidas. Se ven obligados a determinar qué piensan acerca de la violencia política, y más aún, si existe algún tipo de violencia política que sea legítima. Y a determinar, como lo hace T, que la violencia hoy es ejercida de formas más sutiles, dicho esto entre numerosos signos de exclamación, porque para quien ha perdido su trabajo esa violencia de sutil tiene poco. En algunos sitios –Colombia, el país vasco– se me pedía una declaración personal de adhesión o rechazo al ejercicio de la violencia política. Más aún, porque aunque esta no haya sido la posición que tomaron mis padres y más allá de mi propia mirada, en la Argentina una generación pensó que la violencia era una manera de la transformación política. Me parecía interesante que la novela lanzase esta pregunta e invitar a los lectores a contestarla.
-¿Puede enseñarnos algo hoy el futurismo como movimiento artístico?
–Debido a la connivencia con el fascismo fueron los primeros que tuvieron que preguntarse hasta qué punto puede un artista aproximarse al poder sin salir quemado. Si hubiésemos aprendido la lección de los futuristas, no hubiera habido situaciones como las del caso de Heberto Padilla en Cuba, uno de los muchos a lo largo de los últimos cien años de escritores y artistas que se han aproximado al poder, y han salido muy perjudicados de esa cercanía. Todo ello conecta con una pregunta mayor, que se hace Luca Borrello, que es si, para juzgarlos, debemos escoger las vidas de los escritores o sus obras. Creo que la novela responde por sí misma y lo que dice no es muy distinto a lo que pienso yo. Además, los futuristas apuntaban a producir un arte que se tomase el pelo a sí mismo, como una respuesta a un arte increíblemente serio y pomposo. Se pueden establecer paralelismos e incluso pensar si no sería necesario un arte carente de un sentido del ridículo que quizás tengamos los escritores actuales en exceso.
–¿El humor se relaciona en tus relatos con esa búsqueda?
–Afecta todo lo que he escrito. La novela tenía como intención poner de manifiesto que se pueden narrar ciertos hechos trágicos de un pasado relativamente reciente contraviniendo una tendencia por la cual los hechos trágicos son narrados de forma trágica, y el horror es narrado horrorosamente por autores que son incapaces de percibir el absurdo de ciertas situaciones. Lejos de eso, yo quería que fuera una novela por completo contemporánea, que implicara también reflexionar acerca de cómo se escribe una novela. Me parece que buena parte del placer que eventualmente suscite No derrames tus lágrimas... en el lector está supeditado al hecho de que acepte unas reglas de juego muy particulares que comienzan desde el título, que se propone como una especie de enigma: ¿Por qué derramar lágrimas, por quién y en estas calles?
“Las editoriales venden hoy autores, no libros”, afirma ahora Pron, mientras se acomoda el fotógrafo y él cuenta cómo se montó la presentación madrileña del título de una presentadora de tevé: garantizando que quien comprara un ejemplar se llevara también una foto con ella. Sus artículos y opiniones sobre lo que supone ser un “autor exitoso” han encendido discusiones con otros escritores allá y aquí. “Mi trabajo –dice él– no pretende ser polémico pero genera, sí, polémica, por una cuestión de perspectiva, y por el hecho de que vivimos en un tiempo en el cual todos tenemos sensibilidades a flor de piel”. Aunque dice que no sabe bailar ni conducir y que no piensa aprender, a él también le gusta posar, cosa que agradece el hombre tras la lente. Clic, clic.
–Los celos y peleas entre autores que se cuentan en la novela, ¿son ficción o experiencia?
–Algunas historias son reales y de autores que conozco. Hay un par de golpes a escritores que tras no haber dado muestras de su talento, los últimos treinta años se dedican a dar talleres de literatura, para enseñar a hacer lo que ellos no saben hacer ya. Es el caso de Abelardo Castillo, a quien llamo Castelar en el libro…
–¿No te parece valiosa la obra de Castillo –sus ficciones, las revistas culturales que dirigió, los Diarios, etc...– o lo cuestionable sería enseñar a escribir sin publicar regularmente, algo que pondría el eje más en el mercado que en la escritura?
–El suyo es el valor que se le puede dar a un actor importante en un período interesante de la cultura argentina (en el que, por otra parte, lo más interesante sucedía de espaldas y en contra de El Escarabajo de Oro , que en la actualidad sólo puede ser leído como un documento de clase), pero su obra, en sí misma, me parece muy deficitaria. Posiblemente no debería haberme burlado suavemente de él en la novela, pero me da la impresión de que el mejor Castillo es un mal Cortázar (el cual, a su vez, en muy acertada expresión de Aira, es un mal Borges). Es posible que esto tampoco deba decirlo, pero me parece que uno de los principales déficits de la literatura argentina contemporánea –la adhesión a formas completamente convencionales e inanes del cuento, por ejemplo– proviene de su magisterio, a pesar de lo cual me gustaría destacar a una escritora que creo que pasó por sus talleres y que me parece brillante: Liliana Heker.
–Mencionabas a Aira. La reunión futurista me recuerda El congreso de literatura. Y el título...
–Es una tradición antipigliesca. Cuando volví a escribir decidí hacerlo bajo premisas totalmente distintas. Una de ellas consistía en tratar de liberarme de la influencia de Piglia. Tiene una forma de titular muy personal, que yo había seguido en Hombres infames , Nadadores muertos... Y una de las restricciones que me impuse fue buscar títulos distintos.
–¿Matar al padre?
–(Se ríe) No, yo a todos mis padres literarios les deseo una larguísima vida e incluso en esta novela hay una referencia expresa a Piglia porque el congreso se sitúa al noroeste de Italia en Pinerolo, el pueblo de su padre. Piglia ha escrito y muy bien sobre algunas de estas cuestiones –los vínculos entre literatura y política, entre relato e historia, las diferencias tan sustanciales entre memoria e historia–, y me parecía que era una forma de trasmitir una referencia y utilizarla como punto de partida. En cuanto a Aira, El congreso de literatura es una de mis novelas favoritas entre las suyas, quizá resuene en la mía, no lo sé. Ambos son autores imprescindibles para mí, de formas muy distintas.
–Alguna vez creíste que hasta los 39 años no te iban a tomar en serio como autor. Tenés 40, ¿te sentís distinto?
–Tengo casi 41 y no me siento distinto a cuando tenía 39. Excepto por un aspecto fundamental: ya no tengo miedo. La mayor parte de los escritores pasamos la primera parte de nuestra vida aterrados, tratando de averiguar cuál es el camino para llegar al sitio del cual provienen las cosas que escribimos. Pero llega un punto en el cual aceptas el hecho de que vas a estar un tiempo más yendo a esa fuente. Y que puede haber un momento en el que no vayas más o que la fuente se seque. Lo cual no cambiará lo que crees que eres. Y ese punto, si uno es afortunado, se alcanza en torno a los 40 años.
–La política aparece, de uno u otro modo, en tus libros. ¿Militás?
–Después de la campaña del 83 de Luder, quedé absolutamente exhausto. Tengo recuerdos infantiles muy importantes de esa campaña y de la decepción posterior. A mí me interesa más el peronismo cuando no está en el poder, ciertos valores constitutivos del peronismo: la solidaridad, el compromiso cotidiano con la comunidad de origen, la pertenencia de clase, la desconfianza hacia las instituciones políticas tradicionales, la búsqueda de estrategias transversales.... El año pasado, mis padres se deprimieron mucho con el cambio de gobierno y yo traté de animarlos remarcando que son ciclos políticos. Ahora están de nuevo en el sitio al que pertenecen, que es la resistencia.
–¿Y vos?
–El gobierno kirchnerista no me invitó nunca a un evento público, aspiro a que este tampoco lo haga. O sea, mi situación no ha cambiado radicalmente, la de mis compatriotas y amigos y hermanos, sí.
–¿Con cuál de las miradas sobre la literatura que se expresan en la novela coincidís vos: es vida mejorada y hay que ir siempre hacia ella o, como plantea otro personaje, incluso la que habla del futuro siempre llega tarde?
–La literatura es vida mejorada, para mí. Lo es para todos los que somos lectores. Y para quienes crecimos bajo un régimen totalitario o en la transición a una democracia endeble, promete que las cosas pueden ser de otra forma. Como escritor, además, es la promesa de que, más allá de nuestros errores y de la incapacidad para hacer decenas de cosas que nos afecta, eso nos sea perdonado en nombre de que escribamos un par de libros que hagan que valga la pena recordarnos. Ese es el trabajo. Eso es lo que me interesa de la literatura.

martes, 24 de mayo de 2016

Forjadores. 2da época

Pasen y lean aquí la nueva revista:


http://cronicasdelaforja.blogspot.com.ar/2016/05/cronicas-de-la-forja-segunda-epoca-n-1_23.html


Dice Susana Sussman:


LOS FORJADORES nació como un taller literario en 2006, un poco para dar salida al deseo de disponer de un espacio para la creación literaria entre pares, sin mayor interés que el acto mismo de la creación en un ambiente hospitalario. Una sala abierta para nuestro crecimiento como escritores y entre amigos. Todos éramos Forjadores y, aunque muchos han seguido sus propios caminos después de acercarse a nosotros, serán Forjadores por siempre. Porque ser Forjadores es un modo de vida, es una condición del ser. Una vez has sido un Forjador, siempre lo serás.
Los años han pasado y mucha agua ha corrido bajo el puente. Creamos una revista. Hicimos un portal para alojarla. Se iniciaron varios proyectos asociados a ello, como un foro, una galería de ilustraciones, una wiki sobre asuntos ficticios, otra sobre técnicas narrativas, una sección musical que felizmente ha continuado de la mano de su creador, algunos webcómics, escribimos artículos, ensayos, sacamos la bicoca de quince (¡15!) números de la revista. Luego la vida nos fue llevando por otros caminos y un virus nos obligó a bajar el portal de la red.
Pero ya lo dije antes: cuando has sido un Forjador, un Forjador serás por siempre. Así que hemos vuelto. Más humildes, y espero más maduros. Crecidos. Y con ganas de vivir por siempre.
Si fuiste (eres) un Forjador, no te digo nada que no sepas y espero que sientas al leer esto la misma emoción que tengo yo al escribirlo. Si no lo eres, te invito a acompañarnos en ésta nuestra nueva etapa.