"Mi análisis supone una concepción de los géneros no tanto como géneros literarios sino como géneros culturales: entiendo que los géneros son modos particulares de procesar (y aun, de normalizar) determinadas experiencias. El melodrama normaliza comportamientos amorosos, la ciencia ficción normaliza identidades sexuales, el policial normaliza la relación con el Estado, el crimen y la verdad."
Daniel Link
http://occidentes.com.ar/noticias/literatura/436/daniel_link:_en_nuestra_literatura_la_vanguardia_ya_no_interesa.htm
sábado, 11 de enero de 2014
miércoles, 8 de enero de 2014
Hay que sacar las figuras de acción de Star Wars de sus cajas
"Hay que sacar las figuras de acción de Star Wars de sus cajas, jugar con los subgéneros hasta que se ensucien y se rompan. Acaso así imaginemos de nuevas maneras. Podemos hacer algo con los subgéneros, además de amarlos."
Rafael Villegas
Ver http://www.tierraadentro.conaculta.gob.mx/los-subgeneros-y-la-mirada-fantastica/
Rafael Villegas
Ver http://www.tierraadentro.conaculta.gob.mx/los-subgeneros-y-la-mirada-fantastica/
¿Maya-punk? ¿Aztec-Tech?
Alta tecnología azteca: el cyberpunk precolombino de un artista mexicano
16 febrero 2012 - 10:53 - Autor: viruete2
El steampunk, cada vez más de moda, parte de una imaginería de la Inglaterra victoriana y la Europa del siglo XIX más sofisticada, creando una nueva corriente visual retro-futurista. Pero, ¿por qué no tomar otra época y otra cultura como inspiración para un nuevo tipo de ciencia-ficción? Dicho y hecho: hay quien prefiere abrazar otras estéticas para convertirlas en fuente de inspiración de tecnologías inexistentes.
Es el caso de Raúl Cruz, aka Racrufi, un mexicano que toma como punto de partida la estética azteca/maya y la extrapola a un mundo futurista de “mechas”, naves y ordenadores. ¿Cómo podrías llamarlo? ¿Maya-punk? ¿Aztec-Tech? Mientras pensamos una nueva denominación, os invitamos a que disfrutéis de sus ilustraciones: Cruz lleva más de 30 años creándolas y se nota en el alto nivel que demuestra.
Ver http://blogs.lainformacion.com/futuretech/2012/02/16/tecnologia-azteca/
16 febrero 2012 - 10:53 - Autor: viruete2
El steampunk, cada vez más de moda, parte de una imaginería de la Inglaterra victoriana y la Europa del siglo XIX más sofisticada, creando una nueva corriente visual retro-futurista. Pero, ¿por qué no tomar otra época y otra cultura como inspiración para un nuevo tipo de ciencia-ficción? Dicho y hecho: hay quien prefiere abrazar otras estéticas para convertirlas en fuente de inspiración de tecnologías inexistentes.
Es el caso de Raúl Cruz, aka Racrufi, un mexicano que toma como punto de partida la estética azteca/maya y la extrapola a un mundo futurista de “mechas”, naves y ordenadores. ¿Cómo podrías llamarlo? ¿Maya-punk? ¿Aztec-Tech? Mientras pensamos una nueva denominación, os invitamos a que disfrutéis de sus ilustraciones: Cruz lleva más de 30 años creándolas y se nota en el alto nivel que demuestra.
Ver http://blogs.lainformacion.com/futuretech/2012/02/16/tecnologia-azteca/
¿Qué es el futuro? ¿El día de mañana, el año entrante, dentro de una, dos, tres décadas? ¿El año 2113?
Pensar el futuro: Hay mucho lugar al fondo
Enero 8, 2014 | Tags: El viajero científico Ciencia futurologia
Durante las décadas de 1980 y 1990 Alun Anderson era el editor de una de las revistas científicas más importante del mundo, New Scientist. Su página web fue la primera realmente estable y funcional que hubo en el ciberespacio. La revista se ha convertido en un medio tan influyente que si uno toma el tren de Cambridge a Londres o de Londres a Oxford un lunes por la mañana, es probable que gran parte de los pasajeros viaje leyéndola... y muchos de ellos son alumnos de arte, leyes y humanidades. En varias ocasiones Alun me habló de cómo este semanario estaba perfilando algunas de las ideas más sugestivas y coherentes para esbozar lo que podemos hacer frente a un futuro poco convencional.
¿Qué quería decir con “poco convencional”? Me hizo un recuento de los desafíos ambientales en las próximas décadas y, al mismo tiempo, de las herramientas tan diversas, tanto tecnológicas como conceptuales, que hemos logrado desarrollar. Con todo ello, a principios de la década de 1980 convocó a notables científicos que trabajaban en el Reino Unido y a algún escritor, como J. G. Ballard, a que opinarán cuáles serían las tendencias tecnológicas que impactarían a las sociedades y cuáles los retos que habríamos de enfrentar en los siguientes diez años. Al cabo de ese lapso las cosas habían ido por un camino totalmente distinto; todos se habían acercado, sin duda, pero ninguno logró anticipar los pequeños saltos que provocan golpes de timón, ya sea en las sociedades humanas o en la naturaleza.
Sin embargo, la imaginación permite insistir en la idea de que el futuro puede anticiparse. Ciertamente, nadie en su sano juicio pensaría abandonar la idea de estudiar lo que habrá de ser mañana y actuar en consecuencia. Algunos de los futurólogos más avezados fueron reunidos en un libro cuyo título es elocuente: Hay futuro. Visiones para un mundo mejor (BBVA Futuro, 2012). Los textos son muy ricos en ejemplos de lo que acontece hoy en día en nanotecnología, nuevos materiales, robótica, química ambiental, desarrollo urbano, genética de plantas, economía.
La imaginación ofrece alguna capacidad de pronosticar y prevenir, pero no la fantasiosa y desbordada, sino la controlada. Tal es el caso de Richard Feynman, quien, como acertadamente observa José Manuel Sánchez Ron en dicho libro, fue el pionero en plantear el surgimiento de la nanotecnología durante una conferencia de la American Physical Society del 29 de diciembre de 1959, bajo el título: “There’s plenty of room at the bottom”. Vale la pena, de paso, hacer notar la ironía de Feynman, un radical en todos los sentidos, quien solía resolver ecuaciones de cromodinámica cuántica en un table dance.
Hoy en día el mejor instrumento para aprehender el futuro es la ciencia y su herramienta, la tecnología, con la que se ha creado una sinergia cuyo saldo resulta más o menos favorable. No obstante, las necesidades y deseos, los intereses y decisiones basadas en retruécanos psicosociales, todo ello “contamina” la supuesta pureza y eficacia total del método científico. Como reconoce el especialista taiwanés en estudios del futuro, Sohail Inayatullah, más que tratar de predecir o comparar, lo que pretenden es problematizar los temas candentes (¿cómo será el mundo después de este periodo de turbulencia climática?, por ejemplo) para “indefinir” el futuro. Y eso significa hacer una lectura crítica, política, de las acciones tomadas por las sociedades, los gobiernos, así como de los motores básicos de la producción, tales como la industria y el sector financiero.
En el prólogo, Francisco González también hace notar que el haber reunido a un selecto grupo de expertos en las diversas áreas del conocimiento científico, social y económico no tiene la intención, peligrosa e ingenua, de vaticinar lo que vendrá. Busca más bien provocar el ensamblaje de ideas en, por lo menos, un plan maestro y un plan B, los cuales permitan a las nuevas generaciones lidiar con el entorno indeciso y cambiante, pero que les ofrezcan también algo más: vivir un mejor presente.
¿Qué es el futuro? ¿El día de mañana, el año entrante, dentro de una, dos, tres décadas? ¿El año 2113? Y, entre otros dilemas, ¿seguiremos el consumo enfebrecido de escenarios futuristas donde la extrema conectividad digital y las nubes inteligentes sean cosa de todos los días, como si nos hubieran regalado un Gizmo, un Gremlin por el que babeamos? ¿O bien habrá un retorno a utensilios en desuso? Hay quienes aseguran que es mejor mantener funcionando una serie de artefactos analógicos, incluso relojes de cuerda, para no depender de ingenios cuya vida aún no sabemos cuán larga y estable será, y no experimentar ansiedad cuando ya no haya más gadgets novedosos para comprar.
El reordenamiento urbano es otro desafío crucial de un mañana cada vez más próximo. Las amenazas a las libertades individuales y la frágil convivencia social podrían magnificar los problemas y encauzar su energía nociva hacia un temible tobogán, en el que el peso de una temporada larga de escasez de recursos, en particular de alimentos, exigen respuestas distintas de los futurólogos y de los gobiernos que finalmente tomarán las decisiones. No hay que olvidar que la nueva sociedad del conocimiento triturará las aspiraciones de quienes no la entiendan y no puedan ponerse al día, por lo que para ellos el futuro está cancelado.
Resulta tentadora la búsqueda de escenarios utópicos y gozosa la elaboración de escenarios distópicos. El avance acelerado de la genética molecular y la robótica, por citar dos campos inquietantes y muy socorridos por maestros del anti-utopismo literario como el mismo J.G. Ballard, Aldous Huxley, George Orwell y John Stuart Mill, es una señal de la tendencia a preferir un mundo feliz inevitablemente poblado por semi-humanos, de un lado, y alfas, betas y alfas pluses por otro. ¿Si se busca construir una utopía, lo que se consigue es la más elaborada de las distopías?
Los artículos pueden consultarse en www.bbvaopenmind.com.
Tomado de http://www.letraslibres.com/blogs/el-viajero-cientifico/pensar-el-futuro-hay-mucho-lugar-al-fondo
Enero 8, 2014 | Tags: El viajero científico Ciencia futurologia
Durante las décadas de 1980 y 1990 Alun Anderson era el editor de una de las revistas científicas más importante del mundo, New Scientist. Su página web fue la primera realmente estable y funcional que hubo en el ciberespacio. La revista se ha convertido en un medio tan influyente que si uno toma el tren de Cambridge a Londres o de Londres a Oxford un lunes por la mañana, es probable que gran parte de los pasajeros viaje leyéndola... y muchos de ellos son alumnos de arte, leyes y humanidades. En varias ocasiones Alun me habló de cómo este semanario estaba perfilando algunas de las ideas más sugestivas y coherentes para esbozar lo que podemos hacer frente a un futuro poco convencional.
¿Qué quería decir con “poco convencional”? Me hizo un recuento de los desafíos ambientales en las próximas décadas y, al mismo tiempo, de las herramientas tan diversas, tanto tecnológicas como conceptuales, que hemos logrado desarrollar. Con todo ello, a principios de la década de 1980 convocó a notables científicos que trabajaban en el Reino Unido y a algún escritor, como J. G. Ballard, a que opinarán cuáles serían las tendencias tecnológicas que impactarían a las sociedades y cuáles los retos que habríamos de enfrentar en los siguientes diez años. Al cabo de ese lapso las cosas habían ido por un camino totalmente distinto; todos se habían acercado, sin duda, pero ninguno logró anticipar los pequeños saltos que provocan golpes de timón, ya sea en las sociedades humanas o en la naturaleza.
Sin embargo, la imaginación permite insistir en la idea de que el futuro puede anticiparse. Ciertamente, nadie en su sano juicio pensaría abandonar la idea de estudiar lo que habrá de ser mañana y actuar en consecuencia. Algunos de los futurólogos más avezados fueron reunidos en un libro cuyo título es elocuente: Hay futuro. Visiones para un mundo mejor (BBVA Futuro, 2012). Los textos son muy ricos en ejemplos de lo que acontece hoy en día en nanotecnología, nuevos materiales, robótica, química ambiental, desarrollo urbano, genética de plantas, economía.
La imaginación ofrece alguna capacidad de pronosticar y prevenir, pero no la fantasiosa y desbordada, sino la controlada. Tal es el caso de Richard Feynman, quien, como acertadamente observa José Manuel Sánchez Ron en dicho libro, fue el pionero en plantear el surgimiento de la nanotecnología durante una conferencia de la American Physical Society del 29 de diciembre de 1959, bajo el título: “There’s plenty of room at the bottom”. Vale la pena, de paso, hacer notar la ironía de Feynman, un radical en todos los sentidos, quien solía resolver ecuaciones de cromodinámica cuántica en un table dance.
Hoy en día el mejor instrumento para aprehender el futuro es la ciencia y su herramienta, la tecnología, con la que se ha creado una sinergia cuyo saldo resulta más o menos favorable. No obstante, las necesidades y deseos, los intereses y decisiones basadas en retruécanos psicosociales, todo ello “contamina” la supuesta pureza y eficacia total del método científico. Como reconoce el especialista taiwanés en estudios del futuro, Sohail Inayatullah, más que tratar de predecir o comparar, lo que pretenden es problematizar los temas candentes (¿cómo será el mundo después de este periodo de turbulencia climática?, por ejemplo) para “indefinir” el futuro. Y eso significa hacer una lectura crítica, política, de las acciones tomadas por las sociedades, los gobiernos, así como de los motores básicos de la producción, tales como la industria y el sector financiero.
En el prólogo, Francisco González también hace notar que el haber reunido a un selecto grupo de expertos en las diversas áreas del conocimiento científico, social y económico no tiene la intención, peligrosa e ingenua, de vaticinar lo que vendrá. Busca más bien provocar el ensamblaje de ideas en, por lo menos, un plan maestro y un plan B, los cuales permitan a las nuevas generaciones lidiar con el entorno indeciso y cambiante, pero que les ofrezcan también algo más: vivir un mejor presente.
¿Qué es el futuro? ¿El día de mañana, el año entrante, dentro de una, dos, tres décadas? ¿El año 2113? Y, entre otros dilemas, ¿seguiremos el consumo enfebrecido de escenarios futuristas donde la extrema conectividad digital y las nubes inteligentes sean cosa de todos los días, como si nos hubieran regalado un Gizmo, un Gremlin por el que babeamos? ¿O bien habrá un retorno a utensilios en desuso? Hay quienes aseguran que es mejor mantener funcionando una serie de artefactos analógicos, incluso relojes de cuerda, para no depender de ingenios cuya vida aún no sabemos cuán larga y estable será, y no experimentar ansiedad cuando ya no haya más gadgets novedosos para comprar.
El reordenamiento urbano es otro desafío crucial de un mañana cada vez más próximo. Las amenazas a las libertades individuales y la frágil convivencia social podrían magnificar los problemas y encauzar su energía nociva hacia un temible tobogán, en el que el peso de una temporada larga de escasez de recursos, en particular de alimentos, exigen respuestas distintas de los futurólogos y de los gobiernos que finalmente tomarán las decisiones. No hay que olvidar que la nueva sociedad del conocimiento triturará las aspiraciones de quienes no la entiendan y no puedan ponerse al día, por lo que para ellos el futuro está cancelado.
Resulta tentadora la búsqueda de escenarios utópicos y gozosa la elaboración de escenarios distópicos. El avance acelerado de la genética molecular y la robótica, por citar dos campos inquietantes y muy socorridos por maestros del anti-utopismo literario como el mismo J.G. Ballard, Aldous Huxley, George Orwell y John Stuart Mill, es una señal de la tendencia a preferir un mundo feliz inevitablemente poblado por semi-humanos, de un lado, y alfas, betas y alfas pluses por otro. ¿Si se busca construir una utopía, lo que se consigue es la más elaborada de las distopías?
Los artículos pueden consultarse en www.bbvaopenmind.com.
Tomado de http://www.letraslibres.com/blogs/el-viajero-cientifico/pensar-el-futuro-hay-mucho-lugar-al-fondo
martes, 7 de enero de 2014
“Buenos Aires PROXIMA”
Dice la gente de Ediciones Ayarmanot:
Ya se puede comprar por Panal de Ideas nuestro primer libro.
Podés colaborar desde cualquier parte del mundo.
Podés ser parte de la historia de esta Antología, que ya está escrita, lista para imprimir, y que no se parece a ninguna otra.
Una antología que te está esperando.
“Buenos Aires PROXIMA” cuenta la ciudad en 12 historias inéditas que suceden en Buenos Aires, pero en distintas Buenos Aires, en Buenos Aires con diferentes grados de extrañeza, en Buenos Aires paralelas, en Buenos Aires futuras, en Buenos Aires que están en otro planeta. Buenos Aires que son como la nuestra, y al mismo tiempo no lo son.
Escribieron para este primer libro Pablo Martínez Burkett, Claudia Cortalezzi, Juan Pablo Cozzi, Hernan Dominguez Nimo Nimo, Guillermo Echeverría, Teresa Pilar Mira, Juan Guinott, Luis Acqualux Mazzarello, Laura Ponce, Ramiro Sanchiz, Nestor Toledo, Néstor Darío Figueiras y Juan Manuel Candal.
¿Qué nos falta? Los fondos para financiar la impresión. Porque, siguiendo el principio ético y cooperativo de la revista, no queremos que los autores tengan que pagar por ser publicados, ni tampoco que los lectores sean espectadores pasivos. En PROXIMA siempre valoramos el apoyo de los destinatarios de nuestro trabajo, y seguimos apostando por una resistencia cultural participativa, en la cual el proyecto se apoya por un lado en los autores y la editorial y por el otro lado, en vos.
Ya logramos financiar el proyecto. En menos de un mes reunimos 142% de la suma propuesta. Ahora, en el tiempo que nos resta de campaña, vamos por más: cada nuevo aporte colaborará para sacar una edición más grande y contribuirá para realizar un gran evento de presentación.
Participá, las recompensas son excelentes. No sólo podés comprarte un libro más barato de lo que va a estar en librerías: podés ser una parte fundamental de la historia de ese libro.
Además podés involucrarte en este proyecto de muchas maneras, por ejemplo, ayudándonos ya mismo a difundirlo. Esta historia empieza ahora, y vos podés ser parte.
Sumate.
http://panaldeideas.com/proyectos/buenos-aires-proxima-antologia-fantastica/
Fotos de la ciudad: Gonzalo Castro
Video: Juan Manuel Candal
La campaña de recaudación cierra el 1ero de febrero de 2014.
La presentación de la Antología se realizará en abril.
:)
Ya se puede comprar por Panal de Ideas nuestro primer libro.
Podés colaborar desde cualquier parte del mundo.
Podés ser parte de la historia de esta Antología, que ya está escrita, lista para imprimir, y que no se parece a ninguna otra.
Una antología que te está esperando.
“Buenos Aires PROXIMA” cuenta la ciudad en 12 historias inéditas que suceden en Buenos Aires, pero en distintas Buenos Aires, en Buenos Aires con diferentes grados de extrañeza, en Buenos Aires paralelas, en Buenos Aires futuras, en Buenos Aires que están en otro planeta. Buenos Aires que son como la nuestra, y al mismo tiempo no lo son.
Escribieron para este primer libro Pablo Martínez Burkett, Claudia Cortalezzi, Juan Pablo Cozzi, Hernan Dominguez Nimo Nimo, Guillermo Echeverría, Teresa Pilar Mira, Juan Guinott, Luis Acqualux Mazzarello, Laura Ponce, Ramiro Sanchiz, Nestor Toledo, Néstor Darío Figueiras y Juan Manuel Candal.
¿Qué nos falta? Los fondos para financiar la impresión. Porque, siguiendo el principio ético y cooperativo de la revista, no queremos que los autores tengan que pagar por ser publicados, ni tampoco que los lectores sean espectadores pasivos. En PROXIMA siempre valoramos el apoyo de los destinatarios de nuestro trabajo, y seguimos apostando por una resistencia cultural participativa, en la cual el proyecto se apoya por un lado en los autores y la editorial y por el otro lado, en vos.
Ya logramos financiar el proyecto. En menos de un mes reunimos 142% de la suma propuesta. Ahora, en el tiempo que nos resta de campaña, vamos por más: cada nuevo aporte colaborará para sacar una edición más grande y contribuirá para realizar un gran evento de presentación.
Participá, las recompensas son excelentes. No sólo podés comprarte un libro más barato de lo que va a estar en librerías: podés ser una parte fundamental de la historia de ese libro.
Además podés involucrarte en este proyecto de muchas maneras, por ejemplo, ayudándonos ya mismo a difundirlo. Esta historia empieza ahora, y vos podés ser parte.
Sumate.
http://panaldeideas.com/proyectos/buenos-aires-proxima-antologia-fantastica/
Fotos de la ciudad: Gonzalo Castro
Video: Juan Manuel Candal
La campaña de recaudación cierra el 1ero de febrero de 2014.
La presentación de la Antología se realizará en abril.
:)
lunes, 6 de enero de 2014
Sobre Marte Rojo, Matadero 5 y Aullido
Historia natural de la destrucción: Robinson, Vonnegut, Ginsberg
Paula Salmoiraghi
Hablar de “historia natural” implica utilizar términos biologicistas, científicos, naturalistas, ya que el concepto suele incluir el estudio de la biología, la botánica, la zoología, la ecología, la geología, la paleontología, la física. En los siglos XVIII y XIX se estudió bajo este nombre todo lo que tenía que ver con el campo descriptivo de la ciencia en oposición a las ramas del saber histórico o religioso. Una de las ideas rectoras de la historia natural es la de la evolución de las especies y el hombre como cúspide de esa pirámide evolutiva.
Vemos aquí, ya desde este inicio, una contradicción entre lo “histórico” y lo “natural”, entre el hacer una historia, humana, artificial, no natural, de la misma naturaleza, cuando se entiende como naturaleza todo lo que no es humano. Si a esto le sumamos la idea de que vamos a historiar “la destrucción” y no “la evolución” que la línea de pensamiento planeaba para nuestra especie, pareciéramos estar ante toda la complejidad del planteo. Aún así me parece que aún hay un problema mayor: La lectura de género que ha quedado invisibilizada y queremos traer al ruedo.
Los sistemas de pensamiento nombrados, tanto el natural como el histórico, se sostienen sobre el sistema patriarcal, monumento humano que se cae hace siglos, que nació cayéndose porque siempre estuvo basado en la sumisión y la injusticia. Todos los saben. (En Marte rojo, por ejemplo, leemos: “La Tierra es un mundo perfectamente liberal. Pero la mitad de la población se muere de hambre, y siempre ha sido así, y siempre lo será. Muy liberalmente.” ) Pero cuando se habla de destrucción de la humanidad, de su evolución o pos-evolución o involución o regresión, se sigue haciéndolo en términos patriarcales, androcéntricos, heteronormativos sin considerar jamás que sería posible otra línea de pensamiento. Las ficciones de los autores analizados no proponen ninguna visión de género, se piensa en “el hombre” como sinónimo de “la humanidad” y no hay más reflexión sobre ello. Así, Matadero 5 es la crónica de un filicidio en masa, del padre de Billy y sus fantasías de asesinar al hijo, de la guerra como máquina de masculinización que devora hombres-niños y las mujeres apenas aparecen en el mundo intradiegético (véase el papel de la actriz porno en el zoo de Trafalmador); “Aullido” es un recuento de hombres de “mi generación” donde no se incluye más mujer que la madre; Marte Rojo es una narración de la repetición de los errores del patriarcado en La Tierra y todas las consecuencias que sus relaciones de poder instalan en el planeta desconocido como única opción de “terraformación” (Vemos etnocentrismo, eurocentrismo, teocentrismo, androcentrismo, etc, transformados en terracentrismo en, por ejemplo, planteos como: «Dios nos dio este planeta para hacerlo a nuestra imagen, para crear un nuevo Edén». P. 134). Incluso cuando el narrador quiere mostrar una cultura distinta entre las trasplantadas a Marte, cuando quiere mostrar los caminos alternativos de mayor espiritualidad, lo hace mediante una formulación construida sobre la idea de evolución como pirámide:
No se trata, sabemos, de hombres o mujeres, ni de conceptos masculinos y femeninos ligados al sexo biológico sino de esquemas falocentrados que asignan a todos los cuerpos y sus relaciones roles fijos y atados a la lógica binaria. De lo que vamos a hacer la historia natural, entonces, es de la destrucción de lo que Pascal Bruckner y Alain Finkielkraut, en El nuevo desorden amoroso, llaman “el pornogrial o la república de los testículos”. Intentaremos rastrear como la escritura, en tanto devenir, puede “salvar” a los sujetos víctimas de su lugar inamovible como objeto de destrucción conduciéndolos hacia alguna línea de fuga. (Dice María Moreno que Cesar Aira dijo: “La escritura consiste en volverse mujer de un modo u otro” Y Deleuze nos permite reunir los términos escritura y mujer en torno a la idea de devenir:
En primer lugar, Kurt Vonnegut inicia Matadero 5 recortando para sí la función de la literatura y parece responderle a Sebald cuando dice: “Todo esto sucedió, más o menos. De todas formas, los partes de guerra son bastante más fieles a la realidad.” En Sobre la historia natural de la destrucción: ¿Qué se le reclama a la literatura? ¿Por qué la literatura está obligada a ser cronista, o fotógrafa, o historiadora de la destrucción? Para eso están los partes de guerra, la memoria sí pero sostenida, en lo literario, de un modo específico. Si, con Daniel Link, “la memoria se propaga como el sonido. La onda de memoria transmite energía a través de una materia (y esa materia es lo social en su conjunto)” tanto Billy Pilgrim como la voz lírica de “Aullido” tienen una función propagadora: Billy trae a la Tierra el conocimiento de la vida, del tiempo y de la narración en Trafalmador; Ginsberg pone en escena la vida y la muerte de su generación y con ese acto de habla que es su poema inicia una constelación de textos que repetirán el gesto y fijarán generaciones en las memorias. Por el contrario, en el caso de Marte Rojo, la destrucción parece deberse precisamente a la no-propagación de la memoria, al endurecimiento de los prejuicios estadounidenses y rusos, árabes y occidentales, masculinos y femeninos, que hacen de la “evolución” terráquea en Marte una repetición de errores sin memoria, sin aprendizaje, sin registro de catástrofes didácticas sino en presencia de una observación pasiva tipo Gran hermano que no logra modificar los defectos y prejuicios humanos ancestrales:
En Matadero 5 leemos: «Alemania se alejó de su conciencia, al tiempo que 1967 se hacía más brillante y nítido, libre de interferencias de cualquier otro tiempo.” Y vemos a Billy Pilgrim que, al pasar por el barrio de los negros, al “claramente los lugares donde habían estado los carros y los tanques de la Guardia Nacional” y la inscripción “Sangre hermana” en una pared, “hizo lo más sencillo. Salió disparado hacia delante.” Y ese salto no es precisamente evolutivo sino hacia un plano fuera de la órbita terrestre y humana, hacia Tralfamador, el planeta donde el tiempo no es lineal, o hacia la ciencia-ficción como lectura, como locura, como productora de mundos alternativos en función reparadora, balsámica. La utopía que podría hacer que las cicatrices de la guerra dejen de sangrar no es encontrada por Billy ni en sus hijas, ni en su esposa, ni en la esposa del amigo que los acusa de niños jugando a la guerra (y a quien está dedicada la novela) sino en su propio devenir escritor-mujer-creador-divulgador de un mundo distante cuyas leyes quiebran toda construcción jerárquica positivista del tipo “historia natural” del hombre. En Tralfamador Billy se da a sí mismo el lugar de máxima atracción zoológica y de macho alfa junto a beldad porno, pero no es más que la sutura que contrarresta su no ser nadie en La Tierra y lo habilita para traer ante los humanos las novedades tralfamadorianas.
El autor volviendo a Dresde, escribiendo “este asqueroso librito”, mascullando ideas para escribirlo durante tanto tiempo; el sobreviviente recordando con el amigo mientras la esposa se molesta por sus chiquilinadas de recordar la guerra como una gran aventura; Billy Pilgrim volviendo a la Tierra, sin poder apartarse totalmente y quedarse en Trafalmador, se dibujan como “estatuas de sal” (p. 50), en analogía con la mujer de Lot referida en la novela como aquella que se volvió a mirar “donde habían estado todas esas gentes y sus hogares”. La literatura, la narración de Billy en Tralfamador, son, en oposición a la afirmación de Adorno, imprescindibles para la vida, la única manera de parir de nuevo a los hombres que fueron muertos por sus padres (en una pileta, en un cañón que es “la bragueta de Dios” (p. 77) o en una guerra): “Creo que ustedes, muchachos, van a tener que inventarse un buen montón de mentiras bien dichas, o la gente no querrá seguir viviendo” (P. 217) , le dice Rosewater al psiquiatra y Billy siente vergüenza ante su madre porque ella ha hecho tantos esfuerzos por darle la vida mientras él no tiene ganas de vivir.
Entiendo el final de la novela, el «¿Pío-pío-pi?» de los pájaros no como una negación de lo que la literatura o “el hombre” puede decir sobre una catástrofe sino como una invitación a decir como los pájaros, a no buscar el testimonio descargado de Sebals sino a producir canto con el dolor, a devenir animal como opción para el abandono de la rígida postura del ser varón que va a la guerra. Matadero 5 sería el mejor “Pío” de un tal Vonnegut.
Ginsberg, por su lado, en “Aullido”, parece aferrarse al poema como distancia del mundo que se derrumba, como documento de supervivencia del yo (“Yo” he visto) frente al “ellos” se han destruido; “Yo” estaba con vos en el manicomio, pero “Yo” escribo esto y no “nosotros”. La poesía parece el lugar donde los varones (todas “las mentes de mi generación” tienen “semen”) pueden dar cuenta del desastre del siglo aunque sigan manteniendo sus parámetros binarios (lo alto y lo bajo, lo angélico y lo monstruoso, lo sagrado y lo profanado) y los elementos femeninos que, según nuestra hipótesis, podrían construir un mundo que no permaneciera en perenne estado de destrucción son mencionados solamente en la figura de la madre insana y en representación tripartita de la muerte:
Mirta Rosenberg explicó qué relaciona a los poetas y a las mujeres: "Son escritores que no entran en la corriente principal de la literatura por una cuestión de género: género poesía, género femenino" .
Otro poeta, Paul Celan, ha dedicado sus versos a ¿representar el horror?, ¿mostrarlo crudamente como quiere Sebals?, ¿huir de lo real en la construcción del lenguaje? Su poema “La fuga de la muerte” habla de “leche negra de la madrugada” y no podemos saber si se trata realmente de una metáfora. Proponemos su lectura para sostener nuestra idea de que se habla de “un hombre” y que lo femenino, en este caso, aparece en el cabello de oro y el cabello de ceniza de las víctimas. También nos parece interesante contraponer la idea de la muerte como Maestro de Alemania con la anterior de Ginsberg como tres arpías que cortan la vida de los pobres muchachos “de mi generación”:
Otro poema de Celan, a quien nos parece pertinente sostener como marco ya que se trata de uno de los supervivientes de los campos de concentración y de una familia completa perdida por el nazismo, nos permite ver lo femenino como opción, como posibilidad del devenir cuando “se nos quebraron los ojos” (la vista como el más positivista de los sentidos) pero no “se nos murió todo”:
Uno de los libros de Celan se llama “Amapola y memoria” y en ambos términos podemos leer el intento de reunión de lo que anestesia y lo que despierta el recuerdo, la necesidad de reconciliar contrarios, de integrar opuestos complementarios cuyo enfrentamiento parece ser la causa de la destrucción de la cultura occidental.
En Marte rojo, finalmente, vemos qué pasa cuando “el hombre” cuenta con la tecnología y la ciencia necesarias para ampliar sus mercados y sus máquinas de muerte más allá de este planeta: no hay revisión de conductas ni replanteo de premisas sino que, sobre los mismos dolores y rivalidades, se pretende “avanzar”. “Marte estaba vacío antes de que llegáramos”: Así empieza la novela, réplica de todas las justificaciones imperialistas terrestres, mito de la tabla rasa, del continente vacío, del desierto. Marte parecía un mundo sin vida y llaman “sin vida” a lo que no tiene “vida terrestre”. Pero comienzan a inventarse historias sobre vidas desparecidas por la llegada de la vida humana, leyendas de lo preexistente que nunca fue conocido, de lo que no pudo sobrevivir a la invasión. Idea, fantasmagoría, miedo, torpe temor comprobado de todo conquistador, presente también en otro clásico del género, Crónicas marcianas, donde la corporeidad de los marcianos se nos presenta en Illia, la marciana del primer relato que presiente-escucha la llegada del idioma del invasor, y se nos va perdiendo en presencias indescriptibles, confusas, limítrofes con la locura, el sueño o la duplicación a medida que los terráqueos-langostas avanzan.
Crónicas de la repetición de los errores terrestres en Marte, tanto Bradbury como Robinson, hablan de terraformación como sinónimo de destrucción. La historia natural de la humanidad se nos presenta como una historia lineal, inercial, siempre en la misma dirección (Billy Pilgrin decía que los tralfamadorianos decían que los terrestres somos “grandes explicadores”, grandes contadores de historias sucesivas pero incapaces de ver la cuarta dimensión del tiempo), una historia del patriarcado y sus únicas opciones. Los personajes de Robinson lo constatan, presos en un planeta que no les opone vida tan contundente como la tralfamadoriana:
La historia también tiene una inercia. En las cuatro dimensiones del espacio-tiempo, las partículas (o los sucesos) tienen dirección (…)¿Qué clase de Av hará falta para escapar de la historia, escapar de una inercia tan poderosa, y trazar un nuevo curso? La parte más difícil es dejar la Tierra atrás. (P. 41)
El personaje de Arkadi propone una ruptura pero la novela nos mostrará su imposibilidad:
El tiempo marciano, esa diferencia de 40 minutos con lo terrestre, el plus de diferencia, el hueco no rellenado por los años de evolución y costumbre terrestres parece ser una ofrenda que los hombres terrestres no saben aprovechar:
Robinson muestra a algunos personajes femeninos construyendo su propia utopía y otros atrapados en el patriarcado: en la presentación de Maya, sobre todo, el feminismo y el matriarcado aparecen como defectos:
Todo sería diferente si los humanos consideraran como “vida” algo más que la conocida y “dominada” por su ciencia y si valoraran más “la historia más grande de todos los tiempos” que sus devaneos ególatras:
Por suerte, para ser coherentes con nuestra hipótesis, aún nos quedan dos tomos más de Robinson para saber si la literatura ha salvado o no a Marte y sus humanos en devenir marciano.
Bibliografía
Brukner, Pascal et al. (1989) El nuevo desorden amoroso. Barcelona: Anagrama.
Celan, Paul. Obras completas - Editorial Trota 1999. http://www.amediavoz.com/celan.htm
Deleuze, Gilles. Crítica y clínica, (1996) Barcelona, Anagrama.
Ginsberg, Allen. Aullido y otros poemas. (2012) Bs As Alción Editora.
Gociol J. y Kolesnicov P. “Escritoras y poetas, al borde de la literatura”(1997) En Clarín. http://edant.clarin.com/diario/1997/04/24/e-05401d.htm
Link, Daniel. Fantasmas. Imaginación y sociedad (2009) Bs As. Eterna Cadencia.
Moreno, María. “¿Qué hacer?” En El fin del sexo y otras mentiras. (2002) Bs As Sudamericana.
Robinson, Kim Stanley. Marte rojo. (1996). Barcelona. Minotauro.
Sebald, George. Sobre la historia natural de la destrucción. Barcelona. Anagrama.
Vonnegut, Kurt. Matadero 5 y La cruzada de los niños. (1969) Barcelona. Anagrama.
PAULA SALMOIRAGHI
Paula Salmoiraghi
El cuerpo de la mujer es línea de fuga, trozo de universo con infinitos poderes, esfera en fusión de la que surgen los planetas, los vientos, la trayectorias minúsculas o gigantescas, los cometas que parten del vientre y estallan en la cabeza o en las falanges de las manos, penachos de sensaciones difundidas continuamente a los cuatro hemisferios del cuerpo y que franquean, alteran, el umbral masculino de lo genital. (Bruckner y Finkielkraut 1989: 169).
Hablar de “historia natural” implica utilizar términos biologicistas, científicos, naturalistas, ya que el concepto suele incluir el estudio de la biología, la botánica, la zoología, la ecología, la geología, la paleontología, la física. En los siglos XVIII y XIX se estudió bajo este nombre todo lo que tenía que ver con el campo descriptivo de la ciencia en oposición a las ramas del saber histórico o religioso. Una de las ideas rectoras de la historia natural es la de la evolución de las especies y el hombre como cúspide de esa pirámide evolutiva.
Vemos aquí, ya desde este inicio, una contradicción entre lo “histórico” y lo “natural”, entre el hacer una historia, humana, artificial, no natural, de la misma naturaleza, cuando se entiende como naturaleza todo lo que no es humano. Si a esto le sumamos la idea de que vamos a historiar “la destrucción” y no “la evolución” que la línea de pensamiento planeaba para nuestra especie, pareciéramos estar ante toda la complejidad del planteo. Aún así me parece que aún hay un problema mayor: La lectura de género que ha quedado invisibilizada y queremos traer al ruedo.
Los sistemas de pensamiento nombrados, tanto el natural como el histórico, se sostienen sobre el sistema patriarcal, monumento humano que se cae hace siglos, que nació cayéndose porque siempre estuvo basado en la sumisión y la injusticia. Todos los saben. (En Marte rojo, por ejemplo, leemos: “La Tierra es un mundo perfectamente liberal. Pero la mitad de la población se muere de hambre, y siempre ha sido así, y siempre lo será. Muy liberalmente.” ) Pero cuando se habla de destrucción de la humanidad, de su evolución o pos-evolución o involución o regresión, se sigue haciéndolo en términos patriarcales, androcéntricos, heteronormativos sin considerar jamás que sería posible otra línea de pensamiento. Las ficciones de los autores analizados no proponen ninguna visión de género, se piensa en “el hombre” como sinónimo de “la humanidad” y no hay más reflexión sobre ello. Así, Matadero 5 es la crónica de un filicidio en masa, del padre de Billy y sus fantasías de asesinar al hijo, de la guerra como máquina de masculinización que devora hombres-niños y las mujeres apenas aparecen en el mundo intradiegético (véase el papel de la actriz porno en el zoo de Trafalmador); “Aullido” es un recuento de hombres de “mi generación” donde no se incluye más mujer que la madre; Marte Rojo es una narración de la repetición de los errores del patriarcado en La Tierra y todas las consecuencias que sus relaciones de poder instalan en el planeta desconocido como única opción de “terraformación” (Vemos etnocentrismo, eurocentrismo, teocentrismo, androcentrismo, etc, transformados en terracentrismo en, por ejemplo, planteos como: «Dios nos dio este planeta para hacerlo a nuestra imagen, para crear un nuevo Edén». P. 134). Incluso cuando el narrador quiere mostrar una cultura distinta entre las trasplantadas a Marte, cuando quiere mostrar los caminos alternativos de mayor espiritualidad, lo hace mediante una formulación construida sobre la idea de evolución como pirámide:
Morí como mineral y me convertí en planta,
morí como planta y me levanté
como animal. Morí como animal y fui humano.
¿Por qué temer? ¿Cuándo fui menos al morir?
Pero una vez más moriré humano,
para elevarme con los ángeles.
Y cuando sacrifique mi alma de ángel
seré el que ninguna mente ha concebido. (P. 246)
No se trata, sabemos, de hombres o mujeres, ni de conceptos masculinos y femeninos ligados al sexo biológico sino de esquemas falocentrados que asignan a todos los cuerpos y sus relaciones roles fijos y atados a la lógica binaria. De lo que vamos a hacer la historia natural, entonces, es de la destrucción de lo que Pascal Bruckner y Alain Finkielkraut, en El nuevo desorden amoroso, llaman “el pornogrial o la república de los testículos”. Intentaremos rastrear como la escritura, en tanto devenir, puede “salvar” a los sujetos víctimas de su lugar inamovible como objeto de destrucción conduciéndolos hacia alguna línea de fuga. (Dice María Moreno que Cesar Aira dijo: “La escritura consiste en volverse mujer de un modo u otro” Y Deleuze nos permite reunir los términos escritura y mujer en torno a la idea de devenir:
Devenir-mujer no es llegar a ser una mujer plena o completa. No es realizar el ideal de mujer. No hay que suponer que la meta ya está definida por la naturaleza o por dios o por la sociedad o por la historia. En ese caso devenir-mujer sería adscribirse a un modelo, realizar en mí el ideal que ya está determinado. En qué consista el ser mujer, es algo que hay que inventar, que hay que crear. Devenir es crear una dirección de movimiento, no definir (sujetarlo a un fin) el movimiento. Definir es sujetar a una esencia, a una idea. Devenir es crear un sentido que lleva más allá de los límites. Devenir es inventar. (…) Los devenires son movimientos semejantes a lo que Laclau llama “materialismo”, lo que desestabiliza el sistema de diferencias. Son las “fugas” del sistema. Estas fugas proceden de lo excluido del sistema.
En primer lugar, Kurt Vonnegut inicia Matadero 5 recortando para sí la función de la literatura y parece responderle a Sebald cuando dice: “Todo esto sucedió, más o menos. De todas formas, los partes de guerra son bastante más fieles a la realidad.” En Sobre la historia natural de la destrucción: ¿Qué se le reclama a la literatura? ¿Por qué la literatura está obligada a ser cronista, o fotógrafa, o historiadora de la destrucción? Para eso están los partes de guerra, la memoria sí pero sostenida, en lo literario, de un modo específico. Si, con Daniel Link, “la memoria se propaga como el sonido. La onda de memoria transmite energía a través de una materia (y esa materia es lo social en su conjunto)” tanto Billy Pilgrim como la voz lírica de “Aullido” tienen una función propagadora: Billy trae a la Tierra el conocimiento de la vida, del tiempo y de la narración en Trafalmador; Ginsberg pone en escena la vida y la muerte de su generación y con ese acto de habla que es su poema inicia una constelación de textos que repetirán el gesto y fijarán generaciones en las memorias. Por el contrario, en el caso de Marte Rojo, la destrucción parece deberse precisamente a la no-propagación de la memoria, al endurecimiento de los prejuicios estadounidenses y rusos, árabes y occidentales, masculinos y femeninos, que hacen de la “evolución” terráquea en Marte una repetición de errores sin memoria, sin aprendizaje, sin registro de catástrofes didácticas sino en presencia de una observación pasiva tipo Gran hermano que no logra modificar los defectos y prejuicios humanos ancestrales:
Este recordatorio de la enorme fama que tenían en la Tierra, como personajes de dramas televisivos, siempre era extraño y perturbador. Después del torbellino de especiales de televisión y de las entrevistas que siguieron al descenso, habían tendido a olvidar las constantes videotransmisiones, absortos en la realidad cotidiana. Pero las cámaras de vídeo aún seguían grabando metraje para enviarlo a casa, y había un montón de gente en la Tierra aficionada a ese espectáculo. (P. 132)
En Matadero 5 leemos: «Alemania se alejó de su conciencia, al tiempo que 1967 se hacía más brillante y nítido, libre de interferencias de cualquier otro tiempo.” Y vemos a Billy Pilgrim que, al pasar por el barrio de los negros, al “claramente los lugares donde habían estado los carros y los tanques de la Guardia Nacional” y la inscripción “Sangre hermana” en una pared, “hizo lo más sencillo. Salió disparado hacia delante.” Y ese salto no es precisamente evolutivo sino hacia un plano fuera de la órbita terrestre y humana, hacia Tralfamador, el planeta donde el tiempo no es lineal, o hacia la ciencia-ficción como lectura, como locura, como productora de mundos alternativos en función reparadora, balsámica. La utopía que podría hacer que las cicatrices de la guerra dejen de sangrar no es encontrada por Billy ni en sus hijas, ni en su esposa, ni en la esposa del amigo que los acusa de niños jugando a la guerra (y a quien está dedicada la novela) sino en su propio devenir escritor-mujer-creador-divulgador de un mundo distante cuyas leyes quiebran toda construcción jerárquica positivista del tipo “historia natural” del hombre. En Tralfamador Billy se da a sí mismo el lugar de máxima atracción zoológica y de macho alfa junto a beldad porno, pero no es más que la sutura que contrarresta su no ser nadie en La Tierra y lo habilita para traer ante los humanos las novedades tralfamadorianas.
El autor volviendo a Dresde, escribiendo “este asqueroso librito”, mascullando ideas para escribirlo durante tanto tiempo; el sobreviviente recordando con el amigo mientras la esposa se molesta por sus chiquilinadas de recordar la guerra como una gran aventura; Billy Pilgrim volviendo a la Tierra, sin poder apartarse totalmente y quedarse en Trafalmador, se dibujan como “estatuas de sal” (p. 50), en analogía con la mujer de Lot referida en la novela como aquella que se volvió a mirar “donde habían estado todas esas gentes y sus hogares”. La literatura, la narración de Billy en Tralfamador, son, en oposición a la afirmación de Adorno, imprescindibles para la vida, la única manera de parir de nuevo a los hombres que fueron muertos por sus padres (en una pileta, en un cañón que es “la bragueta de Dios” (p. 77) o en una guerra): “Creo que ustedes, muchachos, van a tener que inventarse un buen montón de mentiras bien dichas, o la gente no querrá seguir viviendo” (P. 217) , le dice Rosewater al psiquiatra y Billy siente vergüenza ante su madre porque ella ha hecho tantos esfuerzos por darle la vida mientras él no tiene ganas de vivir.
Entiendo el final de la novela, el «¿Pío-pío-pi?» de los pájaros no como una negación de lo que la literatura o “el hombre” puede decir sobre una catástrofe sino como una invitación a decir como los pájaros, a no buscar el testimonio descargado de Sebals sino a producir canto con el dolor, a devenir animal como opción para el abandono de la rígida postura del ser varón que va a la guerra. Matadero 5 sería el mejor “Pío” de un tal Vonnegut.
Ginsberg, por su lado, en “Aullido”, parece aferrarse al poema como distancia del mundo que se derrumba, como documento de supervivencia del yo (“Yo” he visto) frente al “ellos” se han destruido; “Yo” estaba con vos en el manicomio, pero “Yo” escribo esto y no “nosotros”. La poesía parece el lugar donde los varones (todas “las mentes de mi generación” tienen “semen”) pueden dar cuenta del desastre del siglo aunque sigan manteniendo sus parámetros binarios (lo alto y lo bajo, lo angélico y lo monstruoso, lo sagrado y lo profanado) y los elementos femeninos que, según nuestra hipótesis, podrían construir un mundo que no permaneciera en perenne estado de destrucción son mencionados solamente en la figura de la madre insana y en representación tripartita de la muerte:
…las tres viejas arpías del destino, la arpía con un sólo ojo del dólar heterosexual la arpía con un sólo ojo que pestañea al salir del útero y la arpía con un sólo ojo que no hace más que sentarse en su trasero y tijeretear los dorados hilos intelectuales del telar del artesano
Mirta Rosenberg explicó qué relaciona a los poetas y a las mujeres: "Son escritores que no entran en la corriente principal de la literatura por una cuestión de género: género poesía, género femenino" .
Otro poeta, Paul Celan, ha dedicado sus versos a ¿representar el horror?, ¿mostrarlo crudamente como quiere Sebals?, ¿huir de lo real en la construcción del lenguaje? Su poema “La fuga de la muerte” habla de “leche negra de la madrugada” y no podemos saber si se trata realmente de una metáfora. Proponemos su lectura para sostener nuestra idea de que se habla de “un hombre” y que lo femenino, en este caso, aparece en el cabello de oro y el cabello de ceniza de las víctimas. También nos parece interesante contraponer la idea de la muerte como Maestro de Alemania con la anterior de Ginsberg como tres arpías que cortan la vida de los pobres muchachos “de mi generación”:
Fuga de la Muerte
Leche negra de la madrugada la bebemos al atardecer
la bebemos al mediodía y por la mañana la bebemos de noche
bebemos y bebemos
Cavamos una fosa en el aire donde no hay estrechez
En la casa vive un hombre que juega con las serpientes que escribe
que escribe al oscurecer a Alemania tu cabello de oro Margarete
lo escribe y sale a la puerta de casa y brillan las estrellas silba llamando a sus perros
silba y salen sus judíos manda cavar una fosa en la tierra
nos ordena tocad ahora para el baile
Leche negra de la madrugada te bebemos de noche
te bebemos por la mañana y al mediodía te bebemos al atardecer
bebemos y bebemos
En la casa vive un hombre que juega con las serpientes que escribe
que escribe al oscurecer a Alemania tu cabello de oro Margarete
Tu cabello de ceniza Sulamith cavamos una fosa en el aire donde no hay estrechez
Grita los unos cavad más hondo en la tierra y los otros cantad y tocad
agarra el hierro del cinto lo blande sus ojos son azules
hincad más hondo las palas los unos y los otros volved a tocar para el baile
Leche negra de la madrugada te bebemos de noche
te bebemos al mediodía y por la mañana te bebemos al atardecer
bebemos y bebemos
un hombre vive en la casa tu cabello de oro Margarete tu cabello de
ceniza Sulamith él juega con las serpientes
Grita tocad más dulce a la muerte la muerte es un Maestro de Alemania
grita tocad más oscuros los violines luego subiréis como humo en el aire
luego tendréis una fosa en las nubes donde no hay estrechez
Leche negra de la madrugada te bebemos de noche
te bebemos al mediodía la muerte es un Maestro de Alemania
te bebemos al atardecer y por la mañana bebemos
y bebemos la muerte es un maestro de Alemania su ojo es azul
te alcanza con bala de plomo te alcanza certero
un hombre vive en la casa tu cabello de oro Margarete
contra nosotros azuza sus perros nos regala una fosa en el aire
él juega con las serpientes y sueña la muerte es un Maestro de Alemania
tu cabello de oro Margarete
tu cabello de ceniza Sulamith.
Otro poema de Celan, a quien nos parece pertinente sostener como marco ya que se trata de uno de los supervivientes de los campos de concentración y de una familia completa perdida por el nazismo, nos permite ver lo femenino como opción, como posibilidad del devenir cuando “se nos quebraron los ojos” (la vista como el más positivista de los sentidos) pero no “se nos murió todo”:
Con todos los pensamientos me fui
fuera del mundo: allí estabas tú,
mi sosegada, mi abierta, y-
nos recibiste.
¿Quién
dice que se nos murió todo
cuando se nos quebraron los ojos?
Todo despertó, todo comenzó.
Grande vino un sol flotando, radiantes
se le enfrentaron alma y alma, claras,
imperiosas le presilenciaron
su órbita.
Suave
se abrió tu seno, silente
subió un aliento al éter,
y lo que se hizo nube ¿no era,
no era forma y a partir de nosotros,
no era
tanto así como un nombre?
Uno de los libros de Celan se llama “Amapola y memoria” y en ambos términos podemos leer el intento de reunión de lo que anestesia y lo que despierta el recuerdo, la necesidad de reconciliar contrarios, de integrar opuestos complementarios cuyo enfrentamiento parece ser la causa de la destrucción de la cultura occidental.
En Marte rojo, finalmente, vemos qué pasa cuando “el hombre” cuenta con la tecnología y la ciencia necesarias para ampliar sus mercados y sus máquinas de muerte más allá de este planeta: no hay revisión de conductas ni replanteo de premisas sino que, sobre los mismos dolores y rivalidades, se pretende “avanzar”. “Marte estaba vacío antes de que llegáramos”: Así empieza la novela, réplica de todas las justificaciones imperialistas terrestres, mito de la tabla rasa, del continente vacío, del desierto. Marte parecía un mundo sin vida y llaman “sin vida” a lo que no tiene “vida terrestre”. Pero comienzan a inventarse historias sobre vidas desparecidas por la llegada de la vida humana, leyendas de lo preexistente que nunca fue conocido, de lo que no pudo sobrevivir a la invasión. Idea, fantasmagoría, miedo, torpe temor comprobado de todo conquistador, presente también en otro clásico del género, Crónicas marcianas, donde la corporeidad de los marcianos se nos presenta en Illia, la marciana del primer relato que presiente-escucha la llegada del idioma del invasor, y se nos va perdiendo en presencias indescriptibles, confusas, limítrofes con la locura, el sueño o la duplicación a medida que los terráqueos-langostas avanzan.
Crónicas de la repetición de los errores terrestres en Marte, tanto Bradbury como Robinson, hablan de terraformación como sinónimo de destrucción. La historia natural de la humanidad se nos presenta como una historia lineal, inercial, siempre en la misma dirección (Billy Pilgrin decía que los tralfamadorianos decían que los terrestres somos “grandes explicadores”, grandes contadores de historias sucesivas pero incapaces de ver la cuarta dimensión del tiempo), una historia del patriarcado y sus únicas opciones. Los personajes de Robinson lo constatan, presos en un planeta que no les opone vida tan contundente como la tralfamadoriana:
La historia también tiene una inercia. En las cuatro dimensiones del espacio-tiempo, las partículas (o los sucesos) tienen dirección (…)¿Qué clase de Av hará falta para escapar de la historia, escapar de una inercia tan poderosa, y trazar un nuevo curso? La parte más difícil es dejar la Tierra atrás. (P. 41)
El personaje de Arkadi propone una ruptura pero la novela nos mostrará su imposibilidad:
¡La historia no es evolución! ¡La analogía es falsa! La evolución es una cuestión de entorno y suerte, que actúa a lo largo de millones de años. ¡Pero la historia es una cuestión de entorno y elección, que actúa en el tiempo de una vida, y a veces durante años, meses, horas! ¡La historia es moldeable! ¡De modo que si elegimos establecer ciertas instituciones en Marte, estarán ahí! ¡Y si elegimos otras, entonces ésas estarán ahí! (…) Decidamos nosotros mismos en vez de dejar que decida por nosotros esa gente de la Tierra. En realidad, gentes muertas desde hace tiempo. (P.71-72)
El tiempo marciano, esa diferencia de 40 minutos con lo terrestre, el plus de diferencia, el hueco no rellenado por los años de evolución y costumbre terrestres parece ser una ofrenda que los hombres terrestres no saben aprovechar:
los biorritmos circadianos humanos habían sido establecidos a lo largo de millones de años, y ahora, de pronto, disponer de minutos extra de día y de noche, día tras día, noche tras noche... no cabía duda de que tenía sus efectos. Nadia estaba segura, porque a pesar del ritmo febril del trabajo cotidiano y que por las noches estaba tan fatigada que perdía el conocimiento, siempre se despertaba descansada. Esa extraña pausa en los relojes digitales, cuando a medianoche los números llegaban a las 00:00:00 y de repente se detenían, y el tiempo no marcado pasaba, pasaba, pasaba, a veces en verdad parecía que durante un tiempo muy largo; y entonces saltaban a las 00:00:01, y comenzaban el habitual e inexorable parpadeo... bueno, el lapso marciano era algo especial. A menudo Nadia lo experimentaba durmiendo, como la mayoría. Pero Hiroko cantaba un salmo durante ese intervalo cuando estaba despierta, y ella y el equipo de granja, y muchos de los demás, y en las fiestas nocturnas de los sábados lo cantaban durante el lapso... algo en japonés, Nadia nunca averiguó qué era, aunque a veces también ella lo tarareaba, sentada mientras disfrutaba de la cámara subterránea y de sus amigos. (P.99)
Robinson muestra a algunos personajes femeninos construyendo su propia utopía y otros atrapados en el patriarcado: en la presentación de Maya, sobre todo, el feminismo y el matriarcado aparecen como defectos:
…viene de la vieja cultura del Soviet de Moscú, universidad y Partido Comunista tanto por su madre como por su abuela. Y los hombres eran los enemigos para la babushka de Maya, y también para su madre, que era una matrioshka. La madre de Maya solía decirle: «Las mujeres son las raíces, los hombres sólo son las hojas». Hubo toda una cultura de desconfianza, manipulación, miedo. (P.100)
Todo sería diferente si los humanos consideraran como “vida” algo más que la conocida y “dominada” por su ciencia y si valoraran más “la historia más grande de todos los tiempos” que sus devaneos ególatras:
—Si hay vida en Marte —decía Ann—, la alteración radical del clima podría exterminarla. No podemos inmiscuirnos mientras el estatus de la vida marciana siga siendo desconocido; no es científico, y peor aún, es inmoral. (…)Tenemos que hacerlo, a menos que digas que está bien destruir vida en otros planetas mientras no podamos dar con ella. Y no olvides que la vida indígena en Marte sería la historia más grande de todos los tiempos.
Por suerte, para ser coherentes con nuestra hipótesis, aún nos quedan dos tomos más de Robinson para saber si la literatura ha salvado o no a Marte y sus humanos en devenir marciano.
Bibliografía
Brukner, Pascal et al. (1989) El nuevo desorden amoroso. Barcelona: Anagrama.
Celan, Paul. Obras completas - Editorial Trota 1999. http://www.amediavoz.com/celan.htm
Deleuze, Gilles. Crítica y clínica, (1996) Barcelona, Anagrama.
Ginsberg, Allen. Aullido y otros poemas. (2012) Bs As Alción Editora.
Gociol J. y Kolesnicov P. “Escritoras y poetas, al borde de la literatura”(1997) En Clarín. http://edant.clarin.com/diario/1997/04/24/e-05401d.htm
Link, Daniel. Fantasmas. Imaginación y sociedad (2009) Bs As. Eterna Cadencia.
Moreno, María. “¿Qué hacer?” En El fin del sexo y otras mentiras. (2002) Bs As Sudamericana.
Robinson, Kim Stanley. Marte rojo. (1996). Barcelona. Minotauro.
Sebald, George. Sobre la historia natural de la destrucción. Barcelona. Anagrama.
Vonnegut, Kurt. Matadero 5 y La cruzada de los niños. (1969) Barcelona. Anagrama.
PAULA SALMOIRAGHI
No dejarse tentar
Unas palabras sobre el cuento
Augusto Monterroso
Si a uno le gustan las novelas, escribe novelas; si le gustan los cuentos, uno escribe cuentos. Como a mí me ocurre lo último, escribo cuentos. Pero no tantos: seis en nueve años, ocho en doce. Y así.
Los cuentos que uno escribe no pueden ser muchos. Existen tres, cuatro o cinco temas; algunos dicen que siete. Con ésos debe trabajarse.
Las páginas también tienen que ser sólo unas cuantas, porque pocas cosas hay tan fáciles de echar a perder como un cuento. Diez líneas de exceso y el cuento se empobrece; tantas de menos y el cuento se vuelve una anécdota y nada más odioso que las anécdotas demasiado visibles, escritas o conversadas.
La verdad es que nadie sabe cómo debe ser un cuento. El escritor que lo sabe es un mal cuentista, y al segundo cuento se le nota que sabe, y entonces todo suena falso y aburrido y fullero. Hay que ser muy sabio para no dejarse tentar por el saber y la seguridad.
domingo, 5 de enero de 2014
Extrapolación, sátira, predicción, mensaje, exageración, denuncia o advertencia
Una nueva antología de cuentos nos lleva por lunas de ciencia ficción
TERESA LÓPEZ PELLISA - Actualizado el 5 de enero de 2014 a: 12:00 a.m.
Ursula K. Le Guin considera que la ciencia ficción es una metáfora de nuestro tiempo. Para ella, la ciencia ficción funciona como una herramienta que puede prestarse a extrapolación, sátira, predicción, mensaje, exageración, denuncia o advertencia, como una metáfora en infinita expansión. La antología “ Lunas en vez de sombras” y otros relatos de ciencia ficción se presenta como un universo de seis relatos en infinita expansión.
Esta recopilación de relatos costarricenses sigue a las antologías Posibles futuros: Cuentos de ciencia ficción (2009) y “Objeto no identificado” y otros cuentos de ciencia ficción (2011), publicadas por la Editorial Universidad Estatal a Distancia (EUNED). Es sin duda encomiable la labor de esta editorial, junto al trabajo de diversos escritores y amantes del género, por afianzar, sistematizar y visibilizar la producción de la ciencia ficción tica.
Los relatos de esta antología supeditan la tecnología a la temática social y emocional, asumiendo un contenido filosófico y de crítica social que inició H. G. Wells con su obra, y que caracteriza, de algún modo, la mayoría de la producción de ciencia ficción latinoamericana.
Wells proponía una nueva disciplina de estudio para las universidades con el nombre de “ecología humana”, dedicada a la investigación de la proyección social de las consecuencias biológicas, intelectuales y económicas que podrían ocasionar los cambios científicos y tecnológicos para el ser humano en cada época.
Podríamos afirmar que esa ecología humana es la que practica la ciencia ficción a través de la proyección, especulación y ensayo de diversas hipótesis de mundos posibles, para reflexionar sobre el mundo en el que vivimos y en el que querríamos vivir. En esta antología, esa especulación ficcional se cristaliza a través de temáticas como la creación de seres artificiales, mundos paralelos, viajes en el tiempo y escenarios apocalípticos.
“Yo, la Criatura” es una secuela de Frankenstein o el moderno Prometeo (1818), de Mary Shelley. José Ricardo Chaves lleva hasta sus últimas consecuencias el concepto de cíborg propuesto por Donna Haraway, al descubrirnos que el ser artificial creado por el médico Victor Frankenstein estaba conformado por fragmentos de ambos sexos.
“Joyería mental”, de Jessica Clark, es una delicada pieza de ficción especulativa. Cada joya es un artefacto de ingeniería sensorial que puede inducir diferentes emociones, e introducir la idea de haber tenido esa experiencia en el cerebro del receptor, modificando físicamente su manera de pensar y sentir.
“Sofía” es el nombre de la protagonista de Daniel González Chaves. El relato se centra en el tema de los multiversos y la posibilidad de transitar entre ellos. David vive en un mundo del futuro muy similar al nuestro (A), pero Sofía habita un mundo paralelo (B), en el que todo parece ser una versión diferente de A.
El relato de Ericka Lippi Rojas, “Lunas en vez de sombras”, es el que da nombre a esta antología, para hacernos reflexionar sobre nuestra responsabilidad frente a los avances de la tecnología y la creación de seres artificiales.
Iván Molina Jiménez nos hace viajar al pasado con “Por tierra firme”. En este cuento, el profético Ezekiel, gracias a la tecnología de la empresa Elementary Particles, Inc., viaja en el tiempo para recuperar un manuscrito extraviado, Por tierra firme, de la célebre escritora costarricense Yolanda Oreamuno.
“Abel”, de Anacristina Rossi, podría enmarcarse en lo que se conoce como ciencia ficción feminista. Este es el relato que cierra la antología y está ambientado en un escenario postapocalíptico tras las inevitables consecuencias del cambio climático, recuperando la preocupación del género de ciencia ficción por los problemas ambientales de la Tierra.
Los seis relatos de esta antología muestran una riqueza temática y una variedad estilística que nos permiten acercarnos a la diversidad del género de ciencia ficción en Costa Rica. Tras su lectura podríamos afirmar que, en el siglo XXI, la ciencia ficción tica se está consolidando gracias a una notable producción de calidad que combina la tradición del género con la preocupación social, política, religiosa y ambiental. Son seis historias extraordinarias, que podríamos ubicar en cualquier punto del universo para deleitar a cualquier lector interplanetario.
Tomado de http://www.nacion.com/ocio/artes/antologia-cuentos-luunas-ciencia-ficcion_0_1388661150.html
TERESA LÓPEZ PELLISA - Actualizado el 5 de enero de 2014 a: 12:00 a.m.
Ursula K. Le Guin considera que la ciencia ficción es una metáfora de nuestro tiempo. Para ella, la ciencia ficción funciona como una herramienta que puede prestarse a extrapolación, sátira, predicción, mensaje, exageración, denuncia o advertencia, como una metáfora en infinita expansión. La antología “ Lunas en vez de sombras” y otros relatos de ciencia ficción se presenta como un universo de seis relatos en infinita expansión.
Esta recopilación de relatos costarricenses sigue a las antologías Posibles futuros: Cuentos de ciencia ficción (2009) y “Objeto no identificado” y otros cuentos de ciencia ficción (2011), publicadas por la Editorial Universidad Estatal a Distancia (EUNED). Es sin duda encomiable la labor de esta editorial, junto al trabajo de diversos escritores y amantes del género, por afianzar, sistematizar y visibilizar la producción de la ciencia ficción tica.
Los relatos de esta antología supeditan la tecnología a la temática social y emocional, asumiendo un contenido filosófico y de crítica social que inició H. G. Wells con su obra, y que caracteriza, de algún modo, la mayoría de la producción de ciencia ficción latinoamericana.
Wells proponía una nueva disciplina de estudio para las universidades con el nombre de “ecología humana”, dedicada a la investigación de la proyección social de las consecuencias biológicas, intelectuales y económicas que podrían ocasionar los cambios científicos y tecnológicos para el ser humano en cada época.
Podríamos afirmar que esa ecología humana es la que practica la ciencia ficción a través de la proyección, especulación y ensayo de diversas hipótesis de mundos posibles, para reflexionar sobre el mundo en el que vivimos y en el que querríamos vivir. En esta antología, esa especulación ficcional se cristaliza a través de temáticas como la creación de seres artificiales, mundos paralelos, viajes en el tiempo y escenarios apocalípticos.
“Yo, la Criatura” es una secuela de Frankenstein o el moderno Prometeo (1818), de Mary Shelley. José Ricardo Chaves lleva hasta sus últimas consecuencias el concepto de cíborg propuesto por Donna Haraway, al descubrirnos que el ser artificial creado por el médico Victor Frankenstein estaba conformado por fragmentos de ambos sexos.
“Joyería mental”, de Jessica Clark, es una delicada pieza de ficción especulativa. Cada joya es un artefacto de ingeniería sensorial que puede inducir diferentes emociones, e introducir la idea de haber tenido esa experiencia en el cerebro del receptor, modificando físicamente su manera de pensar y sentir.
“Sofía” es el nombre de la protagonista de Daniel González Chaves. El relato se centra en el tema de los multiversos y la posibilidad de transitar entre ellos. David vive en un mundo del futuro muy similar al nuestro (A), pero Sofía habita un mundo paralelo (B), en el que todo parece ser una versión diferente de A.
El relato de Ericka Lippi Rojas, “Lunas en vez de sombras”, es el que da nombre a esta antología, para hacernos reflexionar sobre nuestra responsabilidad frente a los avances de la tecnología y la creación de seres artificiales.
Iván Molina Jiménez nos hace viajar al pasado con “Por tierra firme”. En este cuento, el profético Ezekiel, gracias a la tecnología de la empresa Elementary Particles, Inc., viaja en el tiempo para recuperar un manuscrito extraviado, Por tierra firme, de la célebre escritora costarricense Yolanda Oreamuno.
“Abel”, de Anacristina Rossi, podría enmarcarse en lo que se conoce como ciencia ficción feminista. Este es el relato que cierra la antología y está ambientado en un escenario postapocalíptico tras las inevitables consecuencias del cambio climático, recuperando la preocupación del género de ciencia ficción por los problemas ambientales de la Tierra.
Los seis relatos de esta antología muestran una riqueza temática y una variedad estilística que nos permiten acercarnos a la diversidad del género de ciencia ficción en Costa Rica. Tras su lectura podríamos afirmar que, en el siglo XXI, la ciencia ficción tica se está consolidando gracias a una notable producción de calidad que combina la tradición del género con la preocupación social, política, religiosa y ambiental. Son seis historias extraordinarias, que podríamos ubicar en cualquier punto del universo para deleitar a cualquier lector interplanetario.
Tomado de http://www.nacion.com/ocio/artes/antologia-cuentos-luunas-ciencia-ficcion_0_1388661150.html
Ideas simplonas
"Una cosa es la idea y otra cosa muy diferente es el desarrollo de esa idea. Tener una buena idea por una inspiración no significa nada. Pero absolutamente nada de nada. ¿Sabés cuántas buenas ideas vi durante mis años de talleres literarios? Y la mayoría moría ahogada en la orilla. Lo que vale no es “la idea”, lo que vale es el desarrollo. Y lo digo convencido, por más que muchos ahora estén pataleando.
Te doy ejemplos de ideas medianamente simplonas que, gracias a su gran desarrollo, resultaron exitosas:
Un capitán de barco persigue a una ballena con resultados catastróficos: Moby Dick.
En una galaxia muy, muy lejana, una minoría monárquica inicia una revolución con final exitoso: Star Wars.
Una nave interestelar de carga descubre una especie desconocida que nos toma como huésped en su estado larvario: Alien, el 8vo. pasajero.
Una nave extraterrestre pasa por el sistema solar: Cita con Rama.
Y puedo seguir un rato largo."
Ricardo Giorno (¡Porticano de la primera hora!!!) en entrevista de Eduardo Poogi.
Ver en http://axxon.com.ar/rev/2013/11/entrevista-a-ricardo-giorno-eduardo-poggi/
Y después ver número completo de Axxón dedicado a Giorno.
http://axxon.com.ar/rev/248-2/
Te doy ejemplos de ideas medianamente simplonas que, gracias a su gran desarrollo, resultaron exitosas:
Un capitán de barco persigue a una ballena con resultados catastróficos: Moby Dick.
En una galaxia muy, muy lejana, una minoría monárquica inicia una revolución con final exitoso: Star Wars.
Una nave interestelar de carga descubre una especie desconocida que nos toma como huésped en su estado larvario: Alien, el 8vo. pasajero.
Una nave extraterrestre pasa por el sistema solar: Cita con Rama.
Y puedo seguir un rato largo."
Ricardo Giorno (¡Porticano de la primera hora!!!) en entrevista de Eduardo Poogi.
Ver en http://axxon.com.ar/rev/2013/11/entrevista-a-ricardo-giorno-eduardo-poggi/
Y después ver número completo de Axxón dedicado a Giorno.
http://axxon.com.ar/rev/248-2/
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