viernes, 17 de enero de 2014

Todas las autopistas tienen accesos de emergencia a otros niveles

viernes, 1 de julio de 2011

Haruki Murakami, 1Q84


Palabras mágicas



La nueva novela de Haruki Murakami, 1Q84, comienza en abril de 1984 y en una autopista. Aomame, la protagonista, debe llegar a tiempo a una cita relacionada con su trabajo; el taxi que la lleva, sin embargo, se ve detenido por un embotellamiento. Como la pasajera empieza a impacientarse, el taxista le explica que todas las autopistas tienen accesos de emergencia a otros niveles (se trata, claro está, de una autopista elevada) y que si baja por cierta escalerilla y accede al nivel del suelo podrá caminar hacia una estación de tren cercana y no llegar tarde a su cita. Pero, le advierte, si lo hace, podrán pasar cosas extrañas. Un movimiento así no es “normal”, le explica; no es parte del modo en que se dan a diario los eventos en el mundo. Romper ese orden podrá tener efectos indeseados.
“Cuando se hace algo así”, dice, “el paisaje cotidiano tal vez parezca un poco diferente al de siempre”, y después añade: “pero no se deje engañar por las apariencias: realidad no hay más que una”.
Aomame sigue el consejo del taxista y baja por la escalera; al hacerlo activa el mecanismo que propulsa esta novela; de hecho, más adelante la chica –que, de hecho, es una asesina a sueldo, y la cita de trabajo a la que no podía llegar tarde era una de sus misiones– descubre que los uniformes de la policía han cambiado y que ahora portan armas automáticas. Ella no recuerda que algo así hubiese sido anunciado por la prensa, asi que, asombrada, comienza a investigar los cambios en el armamento de la policía japonesa y descubre una serie de acontecimientos de fines de la década de 1970 y principios de la de 1980 relacionados con comunas ecologistas y sectas religiosas que incluyeron una serie de atentados violentos. Es, en cierto modo, un mundo que ella desconocía, un mundo que no recordaba o que recordaba diferente. Pero las cosas se complican aun más: un día, al mirar al cielo, encuentra dos lunas: la de siempre y una más pequeña, de color verdoso. Nadie parece haber reparado en el cambio, como si fuera algo normal, como si ese mundo (al que la chica empieza a llamar 1Q84, aprovechando que el sonido de la letra q –y en cierto modo su grafía– en japonés es parecido al del número 9) fuera el único real.
La historia de Aomame ocupa los capítulos impares de 1Q84. Los pares son dedicados a Tengo, un profesor de liceo que fue un niño prodigio de las matemáticas y un judoka promisorio, pero que, llegado el momento, no siguió ninguno de esos caminos y optó por la docencia como modo de ganarse la vida. Pero también es escritor, inédito hasta el momento pero en buenas relaciones con algunas editoriales, para las que hace trabajos periodísticos y de corrección de estilo. Un día uno de estos editores lo convoca a una reunión. Tengo asiste y descubre un plan que no termina de convencerlo: una chica llamada Fukaeri ha presentado a un concurso literario especialmente importante (al que Tengo se ha presentado varias veces sin obtener jamás otra cosa que menciones) con una novela fantástica; el libro está pésimamente escrito, pero algo en la historia contada lo vuelve fascinante, de hecho incluso obsesionante. La misión de Tengo, si decide aceptarla, es reescribir el libro y convertirlo en una novela válida, una novela “bien hecha”. El producto de esa “colaboración” ganará el concurso, será serializado en una revista y luego editado en formato libro. Además, Fukaeri tiene 17 años y es hermosa, lo cual lleva al editor a ver todo el asunto como un negocio seguro. Tengo tiene sus reservas, pero acepta. Se sumerge en La crisálida de aire, el texto de Fukaeri, y entiende a qué se refería el editor. La trama es de verdad fascinante e involucra lo que Tengo lee como un universo paralelo, en el que una niña toma contacto con una suerte de duendecillos o elfos llamados the little people (la gente pequeña), que (nos vamos enterando a medida que avanza la historia de Tengo en 1Q84) son ubicuos, incontables (como las piedras del cuento “Tigres azules”, de Borges) y quizá omniscientes. En el mundo de la novela, además, hay dos lunas en el cielo…

Un par de modelos

El entrelazamiento de las historias de Tengo y Aomame sugiere cierta conexión estructural con El clave bien temperado, de Johann Sebastián Bach. Divulgada su primera parte en 1722 y su segunda en 1742 (y publicadas como libro impreso recién en 1801), El clave… incluye preludios y fugas para todas doce tonalidades musicales en modos mayores y menores (es decir, a un preludio en Do mayor sigue una fuga en Do mayor; luego un preludio en Do mayor, una fuga en Do menor, un preludio en Do sostenido mayor, una fuga en Do sostenido menor, y así sucesivamente). 1Q84 fue publicada en Japón originalmente en tres libros (la edición castellana de Tusquets recopila los dos primeros y promete el tercero para un futuro cercano), cada uno de ellos con veinticuatro capítulos, los impares dedicados a Aomame (los preludios) y los pares a Tengo (las fugas). El modelo binario y el número de capítulos elegido –además de algunas referencias en la ficción– es la manera elegida por Murakami de apuntalar El clave bien temperado como modelo estructural de su obra, y se introduce así en una tradición de diálogo entre la literatura y la música que incluye al Raymond Queneau de Ejercicios de estilo, inspirado en Las Variaciones Goldberg, también de J.S.Bach, y al Douglas Hofstadter de los diálogos entre Aquiles y la Tortuga en el imprescindible Escher, Gödel, Bach, que remeda La Ofrenda Musical, otra de las obras centrales del inagotable Bach.
Otra referencia obvia es 1984, la novela de George Orwell. Además de ser aludida directamente (de hecho con mayor insistencia que la obra citada de Bach), es posible leer en la siempre vigilante “little people” una referencia al “gran hermano” orwelliano; además, la historia de los protagonistas Tengo y Aomame (que se habían encontrado en la infancia fugazmente y enamorado el uno del otro, en lo que asoma como un recuerdo constante a lo largo de las dos historias) esconde algunos guiños a los Winston y Julia de la novela de Orwell, así como también gran parte de lo que podríamos llamar uno de los “artificios principales” de 1Q84, el juego (bastante parecido al proceder de Philip K. Dick en “We can remember it for you wholesale”, cuento que inspiró a los guionistas de la película Total Recall, conocida en castellano como “El vengador del futuro”) de la memoria reiniciada y el mundo que se reconfigura a partir de un desplazamiento mínimo, aunque en 1984 esto sucede por obra de un sistema totalitario y en 1Q84 es –al menos hasta lo que puede saberse por los dos primeros libros– un pasaje más cercano a lo “sobrenatural”. En cualquier caso, los hechos “mágicos” que configuran el mundo de 1Q84 (aquí me refiero al mundo ficcional, no a la novela de Murakami) tienen una fuerte conexión con la política y la sociedad japonesa de las últimas décadas del siglo XX, lo cual da un perfil más orwelliano a la obra.

Fantasía y metaficción

Hacia el principio del segundo libro el lector puede armarse un modelo en el cual el mundo de 1Q84 existe en una novela que los personajes leen en el “verdadero” 1984; Aomame, que hasta ese momento no tiene conexión alguna con Tengo (de eso nos enteramos más adelante, aunque, por supuesto, lo sospechamos desde las primeras páginas), se habría desplazado desde el 1984 “real” al “ficticio” 1Q84, que existe únicamente dentro de la novela La crisálida de aire. Pero pronto esta manera de orientarse se revela como insuficiente: primero, porque el narrador repite una y otra vez que Tengo, al leer el texto de Fukaeri, no deja de sentir que, por la manera en que son presentados los hechos, todo lo contado debió de alguna manera “sucederle de verdad” a la chica; pero también porque nos enteramos que la persona que contrata a Aomame para sus trabajos de asesina está determinada a ayudar a las víctimas de una secta religiosa a la que habría pertenecido el padre de Fukaeri, lo cual urde una conexión más íntima entre el mundo de la asesina y el de la “autora” de la novela. Esto vuelve más difícil separar los ámbitos de “ficción” (la novela firmada por Haruki Murakami) y “ficción dentro de la ficción” (los hechos de Aomame y/o la novela escrita por Fukaeri y Tengo), lo cual logra complejizar todavía más el ya un poco gastado mecanismo de la metaficción. Porque se trama aquí “otra vuelta de tuerca” sobre los procedimientos consagrados por ejemplo por Jorge Luis Borges (ver su ensayo “Magias parciales del Quijote”, en Otras inquisiciones para una genealogía de esos artificios), Ítalo Calvino (Si una noche…) y, más recientemente, David Mitchell (El atlas de las nubes). Lo interesante de la novela de Murakami, además, es que estos juegos conceptuales están presentados con sobriedad y elegancia, disueltos en una prosa de apariencia sencilla y elevado poder sugestivo. En este sentido, 1Q84 es más interesante que otras novelas que se plantearon el desafío de complejizar el modelo metaficcional, entre ellas la desprolija La noche del oráculo, de Paul Auster.
Pero la imaginación fantástica (la little people puede leerse como una referencia al clásico de la fantasía “El pueblo blanco”, de Arthur Machen) y los procedimientos metaficcionales no son el único punto de interés de 1Q84. La reconstrucción de época atendiendo a la política y la religiosidad japonesas de los años 80, el retrato de dos solitarios en busca de un significado para sus vidas que puedan sentir como más profundo y satisfactorio y las reflexiones sobre la música y el arte, vuelven a la última novela de 1Q84 uno de los textos más interesantes publicados en cualquier idioma en los últimos años. El universo parte real (bueno, tan “real” como puede serlo la “realidad” “retratada” en una novela) parte fantástico hecho aparecer por las palabras mágicas de Murakami es tan rico en detalles e historias que tolera (y exige) múltiples relecturas, y permite (casi diría “obliga”) al lector ponerse a teorizar e imaginar explicaciones, un poco como pasaba con la serie Lost. Lo cierto es que, además, terminado el libro segundo es muy difícil no pedir a los dioses que derramen sobre rocas hirvientes la sangre de la gente de Tusquets por imponernos la espera (esperemos que no muy larga) de la publicación del tercer y último tomo. Y, como pasaba también en Lost, es un poco difícil ver cómo se las arreglará Murakami (aunque el autor de Kafka en la orilla merece por lo menos un poco de confianza) para ofrecernos un final a la altura de lo propuesto por los dos primeros tercios de su libro.

Publicado originalmente en La Diaria, viernes 17 de junio de 2011





1Q84 libro 3, Haruki Murakami

¿Y qué pasó con la crisálida?



Como El Señor de los Anillos, 1Q84, de Haruki Murakami (Kioto, 1949), es en realidad una extensa novela dividida en dos libros (como en la edición española a cargo de la editorial Tusquets) o en tres (como la edición japonesa original). Y, en cierto modo, la espera que se impuso entre el primer volumen en español (que incluía los libros 1 y 2) y el tercero (con el libro 3) jugó un poco en contra al balance final de su lectura. Quizá porque había elevado considerablemente las expectativas, apuntando a una serie de elementos intrigantes que incluían misteriosos cuasi-duendes, sectas, desplazamientos entre mundos paralelos y una compleja mitología; no es que todo eso no aparezca en el libro tres, ni que se arruinen las posibilidades que ofrecían los dos primeros… lo que sucede, en rigor, es que se esperaba más: más complicaciones, más situaciones, más información sobre el (o los) mundos de la trama. En ese sentido, el libro tres de 1Q84, leído casi un año después de los dos primeros, llega a ser un poco desilusionante, en tanto da la sensación de que no pasa gran cosa, que lo sugerido en los dos primeros libros no es explorado ni desarrollado lo suficiente.
Leídos los tres libros sin quiebres (en una hipotética edición de un solo volumen, por ejemplo), en cambio, la perspectiva podría cambiar. La novela tiene claramente un nudo, un pico de complejidad, ubicado entre la mitad y el final del segundo libro; a ambos lados de ese núcleo, como si Murakami hubiese acometido deliberadamente la escritura de un libro esencialmente simétrico y equilibrado, las cosas se simplifican, se disuelven, y en ese sentido el desenlace parece justo, ni forzado a una supernova espectacular ni rebanado arbitrariamente. En rigor, es cierto que tanto el principio como el final se las arreglan para ser intrigantes; lo que sucede, de todas formas, es que en el libro uno sabemos que la cosa va a complicarse más, mientras que avanzado el tres es fácil que el lector comience a calcular cuantas páginas le faltan y a preguntarse si el autor podrá arreglárselas para resolver las variadas situaciones en la extensión que le queda a su libro. Esta pregunta llega a impregnar demasiado la lectura, y en esas circunstancias parece harto difícil pensar un desenlace enteramente satisfactorio.

El mundo de las dos lunas
Es inevitable un breve resumen de la trama: en los libros uno y dos asistimos a las historias intercaladas de Tengo, profesor de matemática a nivel liceal y escritor frustrado, y Aomame, masajista profesional y asesina a sueldo, en Japón y en el año de 1984. Ambos, en distintos puntos de su historia, acceden a un mundo que difiere del “real” en varios puntos intrigantes incluyendo la presencia de dos lunas en el cielo y la existencia de algo llamado “crisálida de aire”, que permite que los seres humanos se comuniquen con la “little people”, una suerte de criaturas feéricas que recuerdan al magistral El pueblo blanco, de Arthur Machen. La secuencia principal de Tengo incluye su labor como escritor o corrector “negro” para una editorial; el libro que reescribe se llama, justamente, La crisálida del aire, y su primera y desprolija versión fue escrita por una chica muy misteriosa que se hace llamar Fukaeri. Terminado el trabajo y publicado el libro, Tengo descubre que ya no vive en el mundo real sino que se ha trasladado involuntariamente al de la novela. La historia de Aomame incluye la misión de asesinar al líder de una secta, quien luego entendemos que es el padre de Fukaeri; la asesina a sueldo accede al mundo de 1Q84 en el primer capítulo de la novela, cuando hace algo inesperado y fuera de lo que parecería el orden natural de la vida en Tokio.
Tengo y Aomame, además, fueron compañeros de clase en la infancia y después se separaron; a medida que avanzan los dos primeros libros, el deseo de encontrarse de nuevo empieza a dominar sus acciones, hasta que, para el final del libro dos, este cometido es, ya, el centro de sus vidas, de modo que el reencuentro se propone como el punto al que tiende la narración. Ambos libros están divididos en capítulos relativamente breves, que van intercalando el punto de vista de la narración entre Tengo y Aomame: los capítulos impares para la masajista asesina y los pares para el escritor y profesor.
El tercer libro aporta a Ushikawa (que había aparecido brevemente ya en el libro dos), un investigador profesional y otro personaje que aporta su punto de vista; los capítulos ahora pasan a ordenarse en grupos de tres y siguen la pauta Ushikawa – Aomame – Tengo. La misión de Ushikawa, contratado por la secta, es dar con Aomame. Su labor de investigador le permite reconstruir bastante de la historia, de modo que un tercio de los capítulos en rigor no prolongan gran cosa la trama, en tanto narran los descubrimientos de Ushikawa, que en rigor sólo aportan información que el lector ya maneja. Desde Tengo la única derivación importante está en los días que este pasa junto a su padre en estado comatoso, que permiten una pequeña historia de fantasmas bastante interesante pero, a la vez, un poco trunca. En cuanto a Aomame, la encontramos refugiada en un apartamento y ocupada en leer a Proust y en reflexionar sobre su vida; pronto descubre que está embarazada y alcanza la certeza –que parece desafiar la lógica– de que el padre es Tengo. Cuando las tres historias se encuentran, en el último cuarto del libro, el desenlace cristaliza. Pero –un poco a la manera de Lost– lo que de alguna manera termina no es el adentrarse del lector en el mundo paralelo (y su creciente conocimiento de este, como pasaba en Lost en relación a la Isla y sus misterios) sino la peripecia de los personajes: ambos han cambiado desde los solitarios un poco grises del primer libro, como si el contacto con el mundo fantástico y misterioso les encendiese la proverbial chispa en su interior; sus vidas se verán drásticamente alteradas y, en más de un sentido, un nuevo mundo se les abre en el futuro. Pero, claro, es inevitable sentir que todo el asunto de la crisálida del aire y la little people era al menos igualmente interesante (si no más) que las historias de Tengo y Aomame, y, en ese sentido, el final de la novela deja gusto a poco.
También es cierto que Murakami ha encontrado en 1Q84 lo que bien podría ser la altura máxima de sus poderes como narrador. La trama es llevada con un pulso impecable, y el estilo en apariencia simple (habría que preguntarse un poco por la traducción, que aquí y allá –en ciertas expresiones idiomáticas– sugiere que el traductor Gabriel Álvarez Martínez se ha inspirado quizá demasiado en la versión en inglés) termina, por acumulación, convertido en la manera idónea de construir este mundo paralelo, fantástico-pero-no-tanto, en lo que podríamos entender como una delicada y a la vez inquietante modulación de la fantasía, lo fantástico y la ciencia ficción.

Publicada en La Diaria el 29 de agosto de 2012



Tomado de Lecturas rasantes