domingo, 7 de mayo de 2017

Nueva columna de Liliana Colanzi sobre monstruos

Aliens




HACE 18 HORAS

Hay pocas cosas tan irresistibles como un monstruo. El monstruo está atrapado entre la naturaleza y la cultura, furioso, y nos confronta al mismo tiempo con el deseo y con la muerte. Los monstruos son una ventana a una época y por eso aparece la película Life: Vida inteligente (Daniel Espinosa, 2017), en un momento en que un proyecto como Mars One planea enviar la primera colonia humana a Marte. La película ofrece lo mejor del cine clase B: una premisa atractiva (astronautas que encuentran un organismo unicelular en una muestra de suelo marciano), acción trepidante, muchas decisiones estúpidas y un monstruo capaz de hacerte saltar en la silla cada vez que aparece. 
A diferencia de películas como Gravedad e Interestelar que muestran la épica (y toda la cursilería) del astronauta-héroe-todopoderoso, los astronautas de Life son tan tontos como cualquier hijo de vecino. Desde el momento en que el exobiólogo Hugh Derry se da cuenta de que está frente a un organismo extraterrestre vivo, la cadena de errores es imparable. Porque, se sabe, ese molusco alienígena que ha sobrevivido a la hostil atmósfera marciana y que crece velozmente en el laboratorio no puede ser otra cosa que un bicho mortífero. Pero Derry se entretiene acariciándolo como si se tratara de su perro, y toda la tripulación lo empieza a llamar por un nombre: Calvin. Es decir, los humanitos replican allá afuera lo que ha sucedido acá adentro: la domesticación de toda otra forma de vida hasta reducirla a la irrelevancia del jardín o del zoológico. Pero para que haya una mascota primero tiene que haber un amo. Y Calvin no tardará mucho en demostrar que él es la verdadera vida inteligente en esa nave espacial. 
Stephen Hawking ya lo ha advertido: encontrar vida extraterrestre inteligente podría resultar como el encuentro entre los indígenas americanos y Cristóbal Colón. “Y eso no acabó muy bien”, dijo el físico hace algunos años. El deseo de entrar en contacto con seres superiores, más avanzados y más sabios que nosotros está en el corazón de numerosas sectas, pero probablemente lo que haya allá afuera no sea muy diferente de nosotros: basta mirar a lo que hemos hecho con el ecosistema y con los otros seres humanos para dudar de la bondad (y de la inteligencia) de las criaturas inteligentes.
A pesar de sus tentáculos y de su extraordinaria capacidad para sobrevivir al fuego, a las temperaturas gélidas y a la ausencia del oxígeno del espacio exterior, Calvin es muy parecido a los hombres. Es curioso, se adapta con facilidad, arrasa con todo a su paso y terminará por aterrizar en otro planeta. “Calvin no nos odia”, dice el científico con admirable magnanimidad mientras el alienígena se lo está sirviendo de postre, “necesita matarnos para poder sobrevivir”. ¿No es exactamente lo que hacemos con el resto de las especies? No debe ser muy desatinado pensar que, para algunos animales, la proximidad de un ser humano provoque tanto terror y repugnancia como los que a nosotros nos genera un depredador como Calvin. 
Calvin es un monstruo efectivo, pero aporta poco a la imaginación sobre alienígenas: la figura del molusco cefalópodo ha sido usada ya hasta el cansancio para representar la otredad. Los bichos con tentáculos nos destruyen y a la vez quieren tener sexo con nosotros: está en el famoso cuadro de Hokusai, El sueño de la esposa del pescador, y también en la película Alien, en la que el alienígena embaraza a los humanos con sus crías. La fórmula del pulpo extraterrestre habla de nuestra incapacidad para imaginar lo verdaderamente alienígena: no se puede conocer aquello que está fuera de nuestros sentidos, y cada representación de un marciano no es otra cosa que una proyección nuestra. Solo podemos describir a un alienígena en nuestros términos, pero sus propias categorías nos resultan elusivas.   
Quizás la novela que haya reflejado mejor la imposibilidad de contacto con un ser extraterrestre sea Solaris, del escritor polaco Stanislaw Lem. En esta novela, un sicólogo llega a un planeta distante a estudiar la presencia de un ser viviente en las aguas del lugar. Al bombardear las aguas, el océano responde devolviendo a los intrusos imágenes de sus recuerdos más traumáticos, pero sin revelar nada de sí mismo. El alienígena de Solaris es tan radicalmente diferente del humano que cualquier intento de comunicación fracasa: lo que queda es el hombre contemplándose a sí mismo en una infinita regresión.
Life es menos sofisticada y carece de estas pretensiones filosóficas, pero el indestructible Calvin apela a los miedos atávicos. Y, por supuesto, va a acabar con la vida en la Tierra. No pude evitar pensar en Mars One y la colonización de otros planetas, y traté de hacerme una idea de lo que esto podría significar: la humanidad como un virus triunfante, poderoso y letal, a punto de saltar a las estrellas. 

martes, 11 de abril de 2017

Friki 3

(Todo el día)
Invitamos a la comunidad académica a formar parte del Frikiloquio 2017  "III Coloquio de Humanidades y Ciencias Sociales sobre Culturas y Consumos Freaks", que se realizará del 30 de agosto al 1º de septiembre de 2017 en el Centro Cultural "Paco Urondo"
Se trata de un encuentro dedicado a la reflexión respecto de prácticas y objetos culturales considerados "de culto", como comics, juegos de rol y de mesa, videojuegos, series de TV, cine y literatura fantástica y de ciencia ficción, anime, comunidades de fans, recreacionismo, etc.
La primera edición del Frikiloquio se realizó en el 2014, y contó con la participación de más de ochenta expositores/as y cientos de asistentes. El segundo encuentro, en 2015, demostró el creciente interés tanto de la comunidad académica como del público en general en pensar, debatir y poner en común diversas perspectivas sobre las culturas y consumos freaks.
Este año reabre la convocatoria a quienes tengan interés de participar, en diferentes modalidades (ponencias, mesas temáticas, actividades culturales, mitin ponis), en este nuevo encuentro donde promovemos el intercambio de experiencias, recursos, ideas y conocimiento, generando redes y comunidades en las cuales se combinen de manera novedosa miradas críticas con objetos de consumo. 

jueves, 6 de abril de 2017

Otra nota sobre Pórtico 3

Pórtico III: los villanos se apoderan de Ingeniería

Este viernes y sábado, la unidad académica de 1 y 47 será sede de la tercera edición del encuentro de ciencia ficción, que pondrá el acento en los malos del género. Entre las propuestas, se destacan exposiciones, proyecciones de cortos y largometrajes
Este viernes y sábado, los malos tomarán por asalto el edificio de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Será en el marco de la tercera edición del encuentro de ciencia ficción 
Pórtico, que este año hará foco en los villanos a partir de la figura del actor Hugo Weaving, recordado, entre otros trabajos, por interpretar en la película Matrix al agente Smith, el emblemático personaje de rostro adusto, pelo engominado, lentes oscuros y traje.
Entre las 10 y las 20 de cada jornada, aficionados, artistas, investigadores, estudiantes y público en general podrán participar de este evento en la unidad académica de 1 y 47, que abrirá sus puertas en forma gratuita. “Se buscará difundir la producción local, regional y nacional de ciencia ficción, como también fortalecer la relación que ésta tiene con el ámbito científico-tecnológico”, adelantó la ingeniera Juana Gallego, una de las organizadoras.
Impresos en pósters, los rostros de los malvados más famosos ambientarán la sede universitaria, en la que habrá taller de voces, charlas sobre los malos más emblemáticos y ponencias que abordarán interrogantes como “¿qué es el mal?” o ejes temáticos como “villanos, antagonistas y adversarios”.
Al igual que los encuentros anteriores, Pórtico III estará destinado a “personas de entre 12 y 199 años”, según ironizó Gallego sobre la pluralidad de la propuesta, al tiempo que aclaró las novedades de la nueva edición: “Habrá exposiciones de arte gráfico, performances artísticas, proyección de cortos y películas”.
También, lo popular y lo académico se fusionarán con material multimedia, feria de artículos relacionados con la ciencia ficción (remeras, juguetes, libros, etc), puestos de comidas y bebidas.


Nota en Diario Hoy de La Plata

Feria de ciencia ficción copó Ingeniería

“Pórtico” tuvo ayer su primera jornada, en la que aficionados y expertos se reunieron en torno a sus personajes favoritos. Hoy continúan las actividades
Ayer, los villanos coparon la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata, y permanecerán allí hasta hoy, en el marco de la feria de ciencia ficción denominada “Pórtico”, que celebra su tercera edición. 
Entre ponencias, charlas, editoriales literarias y coleccionistas, conviven en la sede de 1 y 47 personajes, monstruos y robots crea­dos por los aficionados que organizan la particular feria, que este año puso su foco en los villanos y la figura del actor Hugo Weaving, recordado, entre otros trabajos, por interpretar en la película Matrix al Agente Smith, el emblemático personaje de rostro adusto, pelo engominado, lentes oscuros y traje.
“Si bien tiene estructura de congreso, no todos quienes brindan charlas son académicos”, le explicó a este medio Chinchiya Arraquena, parte del staff organizador. “Este año, tratamos sobre los villanos, cómo se crean, qué significan y qué impacto tienen sobre un universo ficcional”, agregó.
Iniciada temprano en la mañana, a partir de las 10, y con continuidad hasta las 20, horario que se repetirá hoy, en la jornada de cierre, la iniciativa pretende “difundir la producción local, regional y nacional de ciencia ficción, como también fortalecer la relación que esta tiene con el ámbito científico-tecnológico”.
Al igual que los encuentros anteriores, la tercera edición de “Pórtico” está destinada a “personas de entre 12 y 199 años” y cuenta con exposiciones de arte gráfico, performances artísticas, proyección de cortos y películas. Además, fusiona lo popular y lo académico con material multimedia, feria de artículos relacionados con la ciencia ficción (remeras, juguetes, libros, etcétera), puestos de comidas y bebidas.
Hoy, los organizadores darán por finalizada la edición con un recital de rock, que coronará una tarde plagada de danza y propuestas musicales, según se informó.

Si hubiese sido posible la teleportación o de todo lo que sucedió en Pórtico III

6 abril, 2017
Entre el 31 de marzo y el 1º de abril tuvo lugar Pórtico – Encuentro de Ciencia Ficción III. Allí estuvimos. No pudimos estar todo el tiempo en todas partes: solo hubiese sido posible vía teleportación disfrutar de todas las maravillas ofrecidas durante esos dos hiperactivos días en la Facultad de Ingeniería de Universidad Nacional de La Plata. ¿Lo mejor? Imposible de resumir: deberás leer. Pero fue un evento tan primoroso que organizadores y participantes, en años venideros, no dudarán en redoblar la apuesta.
PORTICO-home
Solo en un encuentro de ciencia ficción argentino un asistente puede dedicar a otro un “Que la Fuerza te acompañe” con la tranquilidad de que el otro contestará “Larga vida y prosperidad”. La Grieta no corre en Pórtico. Esa buena onda puede parecer una paradoja, tratándose de fanáticos: al contrario de lo que sucede allá afuera, nerds, geeks, frikis y steampunks que forman parte del fandom criollo de la ciencia en envase fantástico, cada rincón es alcanzado por torrentes de camaradería, risas y reciprocidad. Es más, entre verdaderos aficionados a la ciencia ficción la contienda Star Wars vs. Star Trek no solo es bastante pavota sino que, si hubiese distintas opiniones, éstas nunca se van a dirimir pelando sables de luz o fásers.
Durante dos días, el solícito equipo de organizadores, enfundados en unas simpáticas tricotas que los identificaban como Overlords o Minions, corrieron de aquí para allá asegurándose de que los visitantes estuviéramos cómodos, que a los disertantes no les faltara nada (público, por ejemplo, ya que había mucho para disfrutar) y para reordenar las charlas ante los faltazos de último momento.
conversaciones-con-capannaLo que no podía faltar fue el homenaje a Carlos Gardini, fallecido el 1º de marzo pasado. El deceso de uno de los más reconocidos escritores y traductores del género en la Argentina fue un baldazo de agua helada. Gardini ganó importantes premios, uno de ellos con un jurado integrado porJorge Luis Borges y José DonosoQuienes no leyeron “Fábulas invernales”, “Vórtice” o “Sinfonía cero”, aún recuerdan sus críticas en la legendaria revista de ciencia ficción argentina El Péndulo. Apesadumbrado por el deceso de su gran amigo,Pablo Capanna se excusó de venir a la presentación del libro donde el periodista Marcelo Acevedo reúne las conversaciones que mantuvo con el autor de la precoz “El sentido de la ciencia ficción” (1966).
Las estrellas de la movida fueron tres sonrientes chifladas por la ciencia, el arte y la ficción, fáciles de reconocer por sus raros peinados de colores y sus serviciales despliegues coreográficos para asistir a los concurrentes: Chinchiya ArrakenaSofi När Luin Snow y Najla Noor. Ellas hicieron casi todo y además, cuando correspondía, se ocuparon de dirigir la mirada a los artistas -cosplays, bailarinas, cantantes, músicos- quienes contribuyeron a que Pórtico tuviera una dimensión diferente a la de un congreso, que no lo fue, o una Comicon minimalista, que tampoco. A ellas se les ocurrió trazar una línea azul para llegar a la Salón Millenium Falcon y otra roja, para dirigirse a la Sala Enterprise. Tuvieron la idea de convocar a María José Liuzzi para que cante la ópera que interpreta “la Diva” en la película de Luc Besson“El quinto elemento”(1997) y “Rocketman” (el clásico de Elton John y Bernie Taupin). O de convocar a una profesora de artes plásticas para un “Taller de caligrafía extraterrestre”, así los chicos recortaban y adornaban palabras con diseños estrambóticos mientras los padres chusmeaban revistas, libros o asistían a alguna conferencia. Ah: cuando entramos a ese taller con el amigo Patricio G. Bazán (con quien evidentemente esperábamos otra cosa), la seño estuvo a punto de endosarnos tijera, plasticola y cartulina: debimos ostentar carné de prensa para poder poner emprender retirada sin causar daños colaterales.
UNA STEAMPUNK CRIOLLA
Pórtico también mostró el tráiler de “Distopía: Argentia”, la primera serie steampunk realizada para la web en la región. La iniciativa fue de un cazador de sueños, Martín Cruz, y su socio, Guillermo Tellerchea, director y a su vez creador de los efectos de la serie, un proyecto que avanza a medida que recibe el apoyo de los fans por medio de crowdfunding.
Esta original serie de ciencia ficción hecha en la Argentina contará con tres módulos de seis capítulos de diez minutos cada uno. Como en “El Eternauta”, Buenos Aires es transformada… pero no destruida por una invasión alienígena sino convulsionada por un inesperado bucle del Tiempo, que es Otro Tiempo, a resultas de lo cual los guionistas desgranarán una ucronía retrofuturista donde la Guerra de la Triple Alianza (entre la Argentina, Paraguay y Brasil) devino en una guerra interminable que obligará al presidente de la Nación, Bartolomé Mitre, mandar a buscar al Mariscal Bandervere, un héroe de guerra retirado a quien convocan para comandar a su antigua nave, Argentia, para poner fin al conflicto.
Martín Cruz
Martín Cruz, guionista y protagonista de la saga.
En una presentación que colmó la sala de bote a bote, Cruz y Tellerchea exhortaron al público a sostener el proyecto aportando dinero a través de laplataforma Ideame, explicaron el proceso de realización, que comenzó como un “lo atamo’ con alambre”, y cómo fue que la cosa se disparó, aparecieron los primeros recursos y la colaboración de los integrantes de la Asociación Argentina de Steampunk, quienes pusieron el cuerpo como extras, prestaron sus artefactos o ayudaron en tareas varias. La serie, explicó Tellerchea, es totalmente autogestionada: “La hacemos en nuestro tiempo libre, cuando salimos del trabajo”. Cruz no solo es coautor del guión sino que su primer brote de fervor lo volcó confeccionando utilerías de lo más convincentes, como la ortopedia mecánica que sostiene su brazo o la estructura mixta de su prótesis ocular.
En Pórtico quedamos boquiabiertos por la calidad del tráiler, muy alta por tratarse de un proyecto que no cuenta con ningún apoyo institucional. ¡Enhorabuena! ¿La querés ver? A ponerse: gracias a tu aporte, te aseguras una butaca especial y te llevás un premio.
Catorce personas estuvimos en la presentación de “Conversaciones con Pablo Capanna”, del periodistaMarcelo Acevedo. Conté a los asistentes porque éramos tan poquitos, y es tan importante ese libro, que recoge aspectos biográficos, gustos, reflexiones e impresiones de nuestro amigo Pablo Capanna sobre el panorama de la ciencia ficción argentina e internacional, que me impuse el compromiso de difundir este trabajo indispensable dedicado al pensamiento del gran ensayista y teórico argentino de la ciencia ficción.
Andrés Dragowski presentó una gran ponencia que, con el permiso de Pórtico, me gustaría compartir con los lectores de Factor: “Historia y ciencia ficción, una lectura sobre los bordes de nuestras cosmogonías en 2001: Odisea del espacio”. Un trabajo deslumbrante porque, a estas alturas, no es fácil aportar algo nuevo sobre un film canónico y mucho menos conseguirlo.
YO SOY TU PADRE (Y TU MADRE TAMBIÉN)
Una mesa redonda coordinada por Chinchiya Arrakena captó la atención de un auditorio más poblado esta vez. Tema: el Mal en la ciencia ficción, la fantasía y el terror.
Chinchiya llegó disfrazada de Hiedra Venenosa o Poison Ivy. “Elegí este personaje para reivindicarla. Ella es científica y conoce las plantas, sus propiedades y toxinas. Es traicionada, usada para experimentar y luego tratada de ‘loca’ por ser ecologista. Ella solo quiere un mundo verde. No tiene el perfil típico del villano: tiene compasión por Harley Quinn y la cuida y la cura, ayudándola a salir de la relación enfermiza con el Guasón. Comete la peor transgresión: ser inteligente, compasiva y seductora al mismo tiempo”, explicó.
La atmósfera en Planeta Pórtico está impregnada de perfume de mujer. Laura Ponce, directora de la revistaPróxima y dueña de Ediciones Ayarmanot, enmarcó el abordaje del Mal desde lo fantástico y anotó que, desde la New Wave para acá, ya no es bidimensional. Ya había tomado carrera en una charla anterior, más sinóptica, sobre los villanos en la ciencia ficción, donde definió que hasta las malas redimidas buscan seducir al héroe (los prejuicios machistas también afectan a la ciencia ficción). Dio definiciones categóricas que prueban su amplio conocimiento del tema: a sus sentencias no te queda otra que clavarles el visto.
Néstor Darío Figueiras, músico y autor, entre otras recopilaciones de sus cuentos como “El cerrojo del mundo está en Butteler” (2016), argumentó cómo el Mal en la ciencia ficción viró desde la Era de Oro (cuando el villano no era protagonista sino una excusa para ver al héroe rescatar a la chica) hasta la actualidad, desde un Darth Vader que se devora a todos los buenos que tiene alrededor hasta las complejas entidades creadas por Philip K. Dick o los vampiros ni buenos ni malos de “The Strain” (2014), la serie basada en las novelas de la “Trilogía de la Oscuridad” de Guillermo del Toro y Chuck Hogan. Figueiras, un gran escritor, profesa la fe evangélica. Dijo que algunos devotos quedan espantados con sus monstruos. “La fe se alimenta de la duda”, apunta, porque“mi fe me permite jugar con lo que creo”. Hablar del Mal es hablar de nosotros. “¿De qué los disfrazo para seguir hablando de nosotros mismos?”. El malo sin su cáscara, sigue, es temeroso. “¡Somos nosotros!”, redondea. Cada uno, aclara Néstor, exorciza los demonios que puede: “Los héroes de Dick siempre huyen del Mal Absoluto, algo de lo que escapar es casi imposible”.
Por último, la narradora Claudia Cortalezzi recordó que durante la presentación de un poemario durante las pasadas celebraciones por el Día de la Memoria quedó conmovida por el dolor antiguo que percibió en la pareja de un desaparecido. La conversación derivó en el Mal en el Otro, en el criminal incapaz de reconocer la omnipresencia del Mal en sus propias acciones -teniendo en vista que la ciencia ficción facilita a la imaginación herramientas que otros géneros nunca podrían utilizar. Figueiras citó la serie “Lilith’s Brood” (o trilogía Xenogénesis) de la escritora norteamericana Octavia Butler (1947 -2006), donde unos extraterrestres con una estructura muy compleja como para confinar su moral en compartimentos simplistas sobreviven a un viaje al infinito y Más Allá, donde es fácil confundir el Mal con lo inconmensurablemente desconocido.
Los conferencistas, autores y panelistas en debates fueron tantos que a nadie le pudo resultar posible asistir ni al 30 por ciento de todas las actividades. En otras participaron Analía Pinto, Nicolás Viglietti, Ale Decurgez,Lucía Soledad Vazquez, Grendel Bellarousse, Pablo Martínez Burkett, Hernan Dominguez Nimo,Daniel Lanark, Rol Con, Vivi Albamonte, Martin Casatti, Carlos Feinstein, Ricardo Giorno, Sergio Bonomo, Germán Amatto, Néstor Toledo, Ale Molina, Carlos E. Ferro, y las editoras Mariana Kruk y Sole Blanco, de Peces de Ciudad Editores.
El cierre fue un show que preparó el multitask Figueiras con una banda armada para la ocasión: Verne XXI.
No iba a decir ni pío sobre otro asunto para no arruinar este dechado de armonía, pero no lo puedo aguantar: sepan que también dio la nota el inflamado ego de algún ponente a quien, cuando presentó su libro, se debió sentir Asimov. Su amor a sí mismo era inconmensurable y a lo mejor a él le hace bien, pero a mí me dejó sin ganas de leerlo.
A SACARLE PUNTA AL FÁSER
En años recientes, el evento más destacado sobre el género en Buenos Aires fue el I Encuentro Internacional de Literatura Fantástica, organizado por el Departamento de Letras de la UBA y la Biblioteca Nacional, del 9 al 13 de mayo de 2014. Ojalá nos equivoquemos, pero quizá no tendrá continuidad. El colectivo Pórtico no solo trajo sangre joven, por la garra se advierte que, además, aterrizó para quedarse y multiplicarse. En su tercer año, demostró talento para escoger temas atractivos, gran capacidad organizativa y una coraza que vuelve a cualquier cosa indestructible: los que participan son amigos con muchas ganas de seguir viéndose las caras. Al Encuentro le falta, quizá, movilizar más a los amantes del género (convocados a hacer aportes financieros desde Ideame) y reclutar auspiciantes que permitan traer a visitantes indispensables a estas alturas del siglo. Pienso en Pablo CapannaLuis SagastiAlejandro AlonsoEduardo CarlettiLuis Pestarini y Soledad Quereilhac y a muchos otros grandes escritores que han explorado el género, por citar algunos: Pedro Mairal,Leo OyolaDaniel Riera y Juan Terranova. No incluyo a Carlos Abraham por cuestiones de vecindad. 
NOTA: Marcelo Acevedo regaló un ejemplar de “Conversaciones con Pablo Capanna” a los lectores de Factor. En breve lo sortearemos entre quienes siguen nuestro muro en Facebook.
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sábado, 1 de abril de 2017

...que la vida de los guedenianos sería una “cruel amargura”, “una gran desdicha e infelicidad”, por no saber si van a convertirse en machos o hembras en el próximo kémmer...

LAS OTRAS: FEMINISMO, TEORÍA QUEER Y ESCRITORAS DE LITERATURA FANTÁSTICA

(Este artículo fue una comunicación presentada en el I Congreso Internacional de Literatura Fantástica y de Ciencia Ficción, celebrado del 6 al 9 de mayo de 2008 por la Universidad Carlos III de Madrid.
Podéis ver el video con mi conferencia en el vínculo que pongo a continuación, lo único que tengáis en cuenta de que somos tres conferenciantes y yo hablo la segunda, tras la investigadora griega que da su charla en inglés. El vínculo es: I Congreso Internacional de Literatura Fantástica y Ciencia Ficción: Mesa de comunicaciones “Literatura fantástica, de ciencia ficción y feminismos”: Agape Virginia Spyratou, Lola Robles Moreno, Elisa García McCausland.)

Hace unos meses cayó en mis manos la antología Obras maestras: la mejor ciencia ficción del siglo XX, seleccionada por Orson Scott Card (2007). Partiendo de la evidencia de que es imposible recoger en un solo volumen “la mejor ciencia ficción del siglo XX”, tuve la curiosidad de comprobar a qué autores había elegido Card, y cómo no, ya que llevo años tratando de estudiar la presencia de mujeres en la literatura fantástica, cuántas escritoras aparecían entre los seleccionados. No me sorprendí al comprobar que eran 4 frente a 24 autores varones: Ursula K. Le Guin, C.J. Cherryh, Karen Joy Fowler y Lisa Goldstein. Menos de un 15%. Sin poder creer que ese porcentaje correspondiera a la realidad, consulté la obra de Miquel Barceló (1990)Ciencia ficción: guía de lectura, una referencia para mí imprescindible. Allí constaté de nuevo que entre los 98 autores mencionados únicamente había 14 mujeres: ni un 15% tampoco. Repasé las autoras citadas por Barceló, todas pesos pesados: Marion Zimmer Bradley, Lois Mcmaster Bujold, Octavia Butler, C. J. Cherryh, Ursula K. Le Guin, Anne McCaffrey, Vonda McIntyre, Andre Norton, Joanna Russ, James Tiptree, Jr., Pamela Sargent, Joan D. Vinge, Kate Wilhem y Connie Willis.

Faltaban desde luego otras como Leigh Brackett, Suzy Mckee Charnas, Catherine L. Moore, Zenna Henderson, Judith Merrill, Sheri S. Tepper, Julian May, Suzette Haden Elgin, Chelsea Quinn Yarbro, Eleanor Arnason, Elizabeth Moon, Nancy Kress, Lisa Tuttle, Nicola Griffith, Angela Carter o Tanith Lee. Tampoco nombra Barceló (creo que con buen criterio, pues de hacerlo su labor hubiese sido mucho más ardua aún) a escritoras turistas en la ciencia ficción (en adelante CF), como Doris Lessing o P. D. James, o claramente dentro de la fantasía (tipo Margaret Weis, sus dragones y el largo etcétera de autoras similares que la siguió).

Curiosamente, y volviendo a la antología seleccionada por Scott Card, éste, pese a sólo recoger cuatro autoras, dice en el prólogo: “Me desconsuela la lista de escritores que no están representados: Bruce Sterling, Connie Willis, Lucius Shepherd, Lois McMaster Bujold, Norman Spinrad, Clifford Simak, Vonda McIntyre, Octavia Butler, David Wolverton…”. Curiosamente, digo, porque aquí menciona a 4 autoras frente a 5 escritores varones, prácticamente mitad y mitad.

Pero, aunque a quienes queremos recuperar a cuantas autoras han podido y puedan existir nos duela reconocerlo, hay una realidad empírica: las mujeres hemos sido una minoría, tanto escritoras como lectoras, en el género de CF. ¿Ocurre lo mismo con el resto de géneros fantásticos? Creo que no, que en la literatura de fantasía, fantástica clásica, gótica o de terror, ha habido más mujeres que la leen y escriben.

¿Por qué? Hay que repetir que la CF suele asociarse a obras sobre ciencia y tecnología, dominios hasta no hace tanto tradicionalmente masculinos. Sin embargo siempre ha habido una CF interesada por los temas sociales, políticos, humanos, lingüísticos, muy crítica con la realidad en la que vive, y que presenta alternativas a esa realidad. ¿Por qué tan pocas escritoras han aprovechado esas posibilidades?

Otra causa puede estar en que, desde fuera del género y por desconocimiento, se lo asocia a un cine en que predomina la acción y la violencia, y se entiende que más bien es literatura para jóvenes. Voy a añadir una hipótesis más, sabiendo que ninguna explica todos los motivos: la CF se vincula asimismo con la aventura, el viaje, la exploración espacial, la colonización de otros mundos, o incluso la guerra con otras especies. Son éstos terrenos que las mujeres, durante muchos siglos, apenas hemos podido ocupar, de igual modo que los libros de aventuras fueron escritos en su gran mayoría por varones. Sin embargo la literatura fantástica (clásico, terror, gótico), puede desarrollar sus acciones en espacios mucho más limitados que los de la aventura: edificios (castillos, sí, pero éstos tienen paredes), y ámbitos domésticos, límites a los que las mujeres hemos sido acostumbradas. En cualquier caso, hemos tenido más hábito de visitar los cementerios que de escalar el Everest.
Claro que eso ha cambiado para las nuevas generaciones de mujeres. La presencia de personajes femeninos con todo tipo de profesiones y actividades se va extendiendo (recuerdo como ejemplo la novela Marte rojo (1993), de Kim Stanley Robinson, cuyas protagonistas ocupan también ya el mismo espacio literario que los varones), y se hace patente esa salida del hogar y de los recintos. De las salidas del armario hablaremos más tarde.

«¿Hacia dónde se dirige un género que retrata con mayor verosimilitud a los extraterrestres que a las mujeres?», pregunta Nicola Griffith al comienzo de su artículo (2006) “Los nuevos alienígenas de la ciencia ficción”, publicado en la revista española Gigamesh. Luego de un repaso muy interesante sobre el tratamiento que la CF ha dado a los monstruos, Griffith recuerda también la visión acerca de las mujeres, incluidas las lesbianas, y de los homosexuales.

Realmente es curioso que la CF, que tanto interés ha mostrado en explorar las relaciones con el otro alienígena, extraño por fuerza, y ha usado esas historias como espejo de nuestro propio mundo, no haya sabido qué hacer, a lo largo de demasiados años, con las mujeres, y con las personas de sexualidad e identidad de género distinta a la normalizada. El resultado es desconocimiento = estereotipos = pobreza literaria.

La literatura fantástica tampoco escapa a la marginación, silenciamiento y olvido de muchas escritoras, pero por diversas razones parece haber tenido más éxito que la CF entre las lectoras; según José Antonio Navarro seleccionador de la antología (2007) Venus en las tinieblas: relatos de horror escritos por mujeres:

“La literatura fantástica y de terror consiguió rápidamente un puesto destacado entre los gustos literarios de las mujeres –junto a los melodramas románticos y las novelas históricas–, porque las trasladaba a lugares exóticos y misteriosos, les hacía vivir aventuras increíbles sin correr riesgo y, además, alimentaba su fascinación por lo sobrenatural y lo macabro, oponiendo lo imposible a la razón. O, como señala Julia Kristeva, las enfrentaba con aquellos elementos que se encuentran en el límite de los inconscientes, nuestro lado tenebroso y primigenio no del todo reprimido u oculto. Era una forma de vulnerar las rígidas estructuras patriarcales que han delimitado sus funciones como esposas y madres.”

Desde esa otredad que nos ha definido mucho tiempo a las mujeres, ha habido que esperar a que nosotras mismas, y sin duda algunos varones con más apertura mental, escribiéramos todo tipo de literatura fantástica.

Puede ser muy valiosa la existencia y publicación de antologías de escritoras; en nuestro país se han publicado algunas que recogen fundamentalmente a anglosajonas: Mujeres y maravillas (1977); Desde las fronteras de la mente femenina(1986); Relatos de fantasmas: escritoras del siglo XX (1988); La piel del alma: relatos de terror femenino (1992); La Eva fantástica: de Mary Shelley a Patricia Highsmith(2001); Venus en las tinieblas: relatos de horror escritos por mujeres (2007).

Lo que me sorprende es que no haya habido una antología de creadoras fantásticas que escriban en castellano, pues, aunque en España no sería fácil encontrar suficientes autoras para ella, sí las habría incluyendo a las latinoamericanas. Pero tal vez habrá que esperar. Después de tres años impartiendo un taller sobre literatura fantástica en el que he tratado de incluir autoras de diversas nacionalidades y estilos, especialmente en español, todavía no me he acostumbrado a que me pregunten: ¿pero vas a continuar con ese tipo de literatura?, como si fuera una excentricidad que algún día, tras recapacitar debidamente, abandonaré para volver a la literatura seria.

El problema no está ni mucho menos en que las autoras no gusten, sino en una especie de prejuicio anti-fantástico del que es difícil liberarse. El trabajo de difusión de estas escritoras debe hacerse pues no sólo para dar a conocerlas, sino para reivindicar el género en sí mismo.


¿Feminismo = subversión en la narrativa fantástica escrita por mujeres?
Hago esta pregunta porque, en contra de lo que, me temo, suele suponerse, las escritoras feministas que abordamos los géneros fantásticos solemos ser extraordinariamente educadas y pacíficas, incluso en nuestra radicalidad. Pocas veces nos dejamos llevar por la ira o el exceso verbal, y ni mucho menos por el deseo de venganza. Nombres como Ursula K. Le Guin entre las anglosajonas, o Angélica Gorodischer en América Latina, encabezan a un buen número de autoras de CF que plantean los conflictos entre mujeres y varones, pero desde una perspectiva que subjetiva y metafóricamente llamaré luminosa, por su racionalidad.

Hay muchos otros ejemplos: obras que son revisiones de un pasado más o menos histórico: Marion Zimmer Bradley en Las nieblas de Avalon, o Jean M. Auel en la larga serie iniciada con El clan del oso cavernario, antiutopías como El cuento de la criada, de Margaret Atwood, o Lengua materna, de Suzette Haden Elgin, o parodias comoConsecuencias naturales, de Elia Barceló. Asimismo, la española residente en México Blanca Martínez, o la cubana residente en USA Daína Chaviano, han creado universos ficcionales en los que el protagonismo femenino es fundamental, donde recuperan y rehabilitan a las brujas en su antiguo papel de sanadoras, o donde lo mágico y las fuerzas sobrenaturales son un elemento más de la realidad.

Dentro de este amplio espectro, incluyo también a una autora como Joanna Russ, y su ya clásica obra feminista de CF El hombre hembra, de 1975, muy cercana al ensayo, que trata sobre el conflicto entre géneros en varias sociedades patriarcales, incluyendo un mundo alternativo en el que sólo viven mujeres, topos de la CF que merecería una exploración más detallada y aparece también en “Houston, Houston, ¿me recibe?”, de 1976, de Alice Sheldon-James Tiptree, Jr. Tanto Russ como Tiptree-Sheldon pertenecen a una generación de feministas que llegó a plantearse que una sociedad sólo de mujeres tal vez no tendría los errores y problemas del mundo conocido por ellas. Sería muy interesante asimismo hacer un estudio de las diferentes visiones que han tenido escritoras feministas según y dentro de la generación en la que han nacido: no puedo dejar de mencionar aquí a la reciente premio Nobel Doris Lessing, quien en su obra de CF Los matrimonios entre las Zonas Tres, Cuatro y Cinco, de 1980, plantea los conflictos entre mujeres y varones, desde una postura me atrevería a decir conciliadora.

Todas estas autoras han escrito con visiones feministas críticas y subversivas del orden patriarcal, pero vuelvo a hacer incidencia en su falta de auténtica mala leche; no hay para nada el vitriolo de las visiones misóginas.

Si he hablado de unas autoras fantásticas luminosas, ello conlleva el polo opuesto, lo oscuro, ya que la luz es la mano izquierda de la oscuridad. Pienso que la CF suele tender siempre hacia la claridad, lo racional (con excepciones como el ciberpunk), pues es una literatura de ideas, de especulación imaginativa. Dentro de lo fantástico clásico, lo gótico y el terror, es más fácil desde luego encontrar afición hacia lo oscuro, y hasta fascinación por lo perverso, lo que supone muchas veces trasgresión al ser un desorden, una ruptura con lo debido. Por ejemplo en damas refinadas, cultas y ricas como Daphne Du Maurier, quien, más allá de sus famosas novelas, escribió unos relatos que dejan un poso de inquietud, desasosiego, que es el mejor regusto de lo gótico y lo fantástico.

También son británicas otras dos autoras que quiero destacar en este lado oscuro: Angela Carter, quien en La cámara sangrienta, de 1979, reescribe al modo gótico cuentos de hadas y tradicionales, deconstruyendo su contenido latente (sobre todo, la formación de la identidad femenina) y subvirtiéndolo. La escritura de Carter es muy elaborada, densa, barroca, con imágenes muy poco convencionales de una belleza extrema, y con un juego de motivos literarios muy complejo y polisémico.

Y Tanith Lee, de la cual recomiendo la lectura de El Señor de la Noche, de 1978, eHijos de lobos, de 1981, magnífico relato sobre la marginación social, en el que se demuestra que los licántropos no son ni mucho menos las criaturas más peligrosas dentro de una comunidad humana. La prosa de Lee es también deslumbrante en sus imágenes, y su ironía, su placer al jugar con el mal y lo perverso, y la crítica social que va entreverando, me recuerdan a la española Pilar Pedraza, la mejor entre las/los escritores fantásticos en nuestro país. Su obra es a la vez divertida y un bocado de gourmet; ajena a intereses comerciales, y especialmente dedicada a lo extraño, lo cruel, lo ambiguo, macabro, monstruoso, transgresor.

También es transgresora, por su radical subjetividad, sus visiones surrealistas, alucinadas a la vez que bellísimas, una obra como Hielo, de Anna Kavan. Hielo parece una antiutopía de CF, una epopeya apocalíptica, en la que hay una clara visión antipatriarcal, antimilitarista y ecologista, pero es al tiempo una alegoría donde se encriptan otros contenidos, otras historias (¿sobre la imposibilidad de un amor auténtico? ¿sobre la demencia? ¿sobre la droga, a la que Kavan fue adicta durante gran parte de su vida? ¿sobre el mundo como una realidad hostil que nos machaca a los humanos, pero del cual la autora, en la ficción, puede vengarse, aniquilándolo?) A través de una lectura perturbadora, Hielo nos lleva a «una zona de extrañeza total».


Híbridos, ciborgs, hermafroditas, trans, monstruos, menstruos: escritoras fantásticas y teoría queer

Aquí he de repetir que me sigue sorprendiendo que géneros como los fantásticos, que desafían la concepción normal, racional y natural de la realidad, hayan obviado tan sistemáticamente el tema de la identidad sexual humana. En general, la sexualidad no ha tenido nunca un papel destacable en la CF, no sé si debido a que mucho de su público lector ha sido juvenil, aunque siempre ha existido una CF para adultos. Con el resto de géneros fantásticos hay que hacer un planteamiento diferente, ya que muchas obras de terror y góticas (desde relatos de vampiros a un clásico como Otra vuelta de tuerca, de Henry James), presentan y juegan con oscuras pulsiones sexuales. Eros y Thanatos, por supuesto. Lo que se echa de menos es un cuestionamiento de las identidades establecidas y normativas de género y sexo. La aparición de personajes transexuales, transgéneros, andróginos, intersexuales, hermafroditas, es casi una anécdota. ¿Por qué ocurre esto? La androginia, el hermafroditismo y la sexualidad han inspirado a la mitología desde el principio de la historia humana. Oscuro, profundo deseo humano también, el romper los esquemas binarios impuestos no por la naturaleza sino por el propio hombre.

Los vampiros son criaturas que se debaten entre su vida especial, la no-muerte, y la tumba; asimismo se saltan esas leyes de vida-muerte los zombis. Los licántropos rompen la frontera entre el humano y la bestia; no son los únicos híbridos, léase si no la novela de Pilar Pedraza Piel de sátiro. En esta autora pueden encontrarse muchas rupturas de esas categorías vida-muerte, humano-bestia, bien-mal, y también hay algunos personajes que cambian de sexo, como Adrián-Adriana, de Las joyas de la serpiente. Los monstruos de Pedraza, en sí mismos, simplemente por serlo, por su otredad y su carácter de «criaturas contra el orden de la naturaleza», que es la definición que da el diccionario de monstruo, son transgresores, mestizos, cuestionan ese orden presuntamente natural.

Los ciborgs, híbridos humano-máquina, son en la CF el equivalente al monstruo de lo fantástico: seres más allá de lo que somos nosotros los de carne y hueso, su transgresión puede ser penada o, por el contrario, devenir en otro tipo de existencia, tan válida como la nuestra. Hay dos magníficos relatos sobre ciborgs escritos por mujeres: “La nave que cantaba”, de Anne McCaffrey, y “Ninguna mujer nacida”, de C. L. Moore.

¿Pero dónde están los híbridos de sexo y género? Antes de continuar, voy a tratar de hacer una breve introducción a la teoría queer.

«Queer es un insulto, un término cargado de estigma. Corresponde a lo que no se ajusta a la norma sexual, lo que es raro, extraño, desviado: en castellano traducciones comunes son marica o bollera.», explica Gracia Trujillo Barbadillo en un artículo aparecido en la obra El eje del mal es heterosexual: figuraciones, movimientos y prácticas feministas queer.

El activismo queer nace en Estados Unidos a finales de los años ochenta, y «supone una ruptura (auto)crítica, desde dentro pero desde los márgenes, del movimiento de gays y lesbianas y su defensa de la normalización e integración de las minorías sexuales» (Trujillo Barbadillo)

Integrando el anarquismo, el anticapitalismo, antimilitarismo y antirracismo, el movimiento queer cuestiona la idea de una identidad de género y sexo estables y naturales, y niega las categorías dicotómicas, los dualismos: mujer/varón, femenino/masculino, heterosexualidad/ homosexualidad, por considerarlas construcciones culturales e ideológicas. Frente a esos binarismos, lo queer reivindica la multiplicidad, la flexibilidad, y a la vez lo raro, lo inapropiado, la parodia para hacer visible que el género es una perfomance, la marginalidad, la incorrección política y la malsonancia (la reapropiación con orgullo de los insultos hacia los diferentes, por ejemplo), la provocación, y asimismo la producción de un saber propio que nos haga sujetos del conocimiento.

«Lo hacen sin tabúes, de manera irrespetuosa, sin necesidad de vistos buenos […]; sin perseguir que se les entienda, ni que se les acepte. Lo que quieren es contarse a sí mismos y […] denunciar la normalidad que les rodea y que les construye como pecadores, perversos, peligrosos.» (Trujillo Barbadillo). Monstruos, pues, que quieren serlo.

La teoría queer tiene como referencia el pensamiento y la obra de autoras como Teresa de Lauretis, Monique Wittig, Judith Butler, Michel Foucault, Donna Haraway, y en España Beatriz Preciado.
En su Manifiesto cyborg, de 1985, Donna Haraway dice por ejemplo: «el mito de mi cyborg trata de fronteras transgredidas, de fusiones poderosas y de posibilidades peligrosas que gentes progresistas pueden explorar como parte de un necesario trabajo político.» Haraway pretende un mundo en que la gente no tenga miedo de «su parentesco con animales y máquinas ni de identidades permanentemente parciales ni de puntos de vista contradictorios

Tras definir el ciborg como “un organismo cibernético, un híbrido de máquina y organismo, una criatura de realidad social y también de ficción.”, o “una criatura en un mundo postgenérico”, explica asimismo que “la ciencia ficción contemporánea está llena de cyborgs -criaturas que son simultáneamente animal y máquina, que viven en mundos ambiguamente naturales y artificiales.”. Y añade:

Ciertos dualismos han persistido en las tradiciones occidentales; han sido todas sistémicas para las lógicas y las prácticas de dominación de las mujeres, de las gentes de color, de la naturaleza, de los trabajadores, de los animales, en unas palabras, la dominación de todos los que fueron constituidos como otros, cuya tarea es hacer de espejo del yo. Los más importantes de estos turbadores dualismos son: yo/otro, mente/cuerpo, cultura/naturaleza, hombre/mujer, civilizado/primitivo, realidad/apariencia…”

Prefiero ser un cyborg que una diosa”, es la frase con la que termina Haraway su Manifiesto, en el que cita como autores de ciencia ficción «técnicos del cyborg» a Joanna Russ, Samuel R. Delany, John Varley, James Tiptree, Jr., Octavia Butler, Monique Wittig y Vonda McIntyre.

Teniendo en cuenta que lo queer no sólo se refiere a un contenido sino a un enfoque lector, yo pondría de ejemplos desde autoras como la estadounidense Nicola Griffith o la española Conchi Regueiro Digón, en cuyas obras aparecen con normalidad lesbianas y homosexuales, a feministas como Angela Carter y su La pasión de la nueva Evaqueer avant la lettre, pero hay que entender que la teoría queer también parte del feminismo y es, en mi opinión, un camino de avance para éste.

Y desde luego a mí también me encanta considerar queer a Alice Sheldon-James Tiptree, Jr., ya que ella fue capaz de jugar con los géneros sexuales haciéndose pasar durante años por escritor varón; y fue creída, de ahí la famosa anécdota en que Robert Silverberg, prologuista de una colección de cuentos de Tiptree, dijo de ella/él: “se ha sugerido que es una mujer, teoría que encuentro absurda porque hay para mí algo ineluctablemente masculino en sus narraciones”. Uno de los cuentos incluidos en el libro citado se titula “Las mujeres que los hombres no ven”. Y mientras todo el mundo pensaba que James Tiptree, Jr. era realmente un hombre, Alice Sheldon escribía relatos radicalmente feministas, con otro seudónimo, éste femenino: Raccoona Sheldon: “Carne de probada moralidad”, un estremecedor texto sobre el aborto, o “El eslabón más débil”, curiosísima historia acerca de lo que hoy llamamos feminicidio. Esta mujer que planteó temas sexuales como pocos autores, obsesionada con la muerte (algo muy poco habitual en la CF, más allá de los cadáveres acribillados a tiros), muerte como fin, desaparición de un ser humano, una raza o especie, un mundo, y que se suicidó (junto con su esposo) a los 72 años, que siendo feminista no pudo sin embargo evitar ese militarismo que autores como Scott Card o Heinlein llevan a un espeluznante máximo, ni ese miedo a los otros, los extranjeros, los monstruos alienígenas anónimos, sin individualidad, conciencia ni sentimientos (según aquellos que les temen, claro) tan característico en la CF estadounidense (y por desgracia, en la política de su gobierno también), esta mujer ha dado nombre a un premio, el James Tiptree, Jr., que se concede a las obras de CF o fantasía que sirven al entendimiento entre géneros. No hace mucho se publicó en castellano una interesantísima biografía sobre esta autora, escrita por Julie Phillips (2007)

Existen dos interesantes antologías de CF específicas sobre el tema sexual:Extraños compañeros de cama, de 1972, y Sexo alienígena, de 1990. La primera tiene algunos relatos muy buenos: “El mundo bien perdido”, de Theodore Sturgeon, y “El doctor pájaro-ratón”, de Reginald Bretnor, cuento este último para mí muy queer.

Y también, para quien quiera indagar más en este tema, hay dos artículos muy interesantes a consultar: “Ciencia ficción y teoría queer”, de Wendy Pearson, donde nombra a autores que pueden ser leídos desde la perspectiva queer, por ejemplo Eleanor Arnason, Marge Piercy, Melissa Scott, Samuel Delany, Theodore Sturgeon o John Varley. Y “Cyborgqueers, o de cómo deshacer al homo sapiens”, del libro Teoría queer: políticas bolleras, maricas, trans, mestizas; en él, Desiré Rodrigo y Helena Torres, además de explicar la relación entre CF y teoría queer, señalan como autoras muy a tener en cuenta, además de Joanna Russ, Le Guin o C. L. Moore, a la afroamericana Octavia Butler y a la chicana Gloria Anzaldúa.

Pero del mismo modo que la realidad, frente al deseo, muestra que las mujeres escritoras de ciencia ficción han sido y son todavía minoritarias, igualmente, por mucho que tratemos de forzar las cosas, lo cierto es que la ciencia ficción, pese a sus ciborgs, sus mutantes, monstruos y aliens, es, ante tantas posibilidades de contacto entre especies, de identidades nuevas, plásticas por cambiantes, de géneros libremente elegidos, conformados, deseados, es y ha sido un espacio tan poco explorado como lo son aún en la realidad las galaxias lejanas.

Publicada en 1969 en inglés (The left hand of darkness) y en España en 1980, La mano izquierda de la oscuridad, de Ursula K. Le Guin, es una de las escasísimas obras de ciencia ficción que puede entenderse claramente como queer. Genly Ai, el narrador, terrestre, varón, relata su misión en el planeta Gueden, Invierno, al que ha llegado como enviado del Ecumen, una Federación de mundos. La gente que habita el planeta son ambisexuales, andróginos, aunque durante determinados días entran en la fase delkémmer, en la que devienen sexualmente activos y pueden convertirse en hembra o macho indistintamente, sin que sepan de antemano qué serán, ni esa vez ni las sucesivas. En el caso de las parejas, hay una complementariedad: si una adopta un sexo, la otra parte se convertirá en el otro (subsiste pues en la novela la heterosexualidad como norma, pero en fin, tal vez no se puede pedir que una obra incluya todas las posibilidades alternativas). Esta circunstancia supone la inexistencia de dominación patriarcal (o matriarcal) ya que si cada individuo puede convertirse en hembra o macho, mujer o varón, en determinados momentos, y en otros no es ninguna de las dos cosas, desaparece la oposición jerárquica que ha regido nuestro mundo terrestre. Existen en la historia, eso sí, otras opresiones y diferencias sociales, porque sin duda la autora no quiso caer en la ingenuidad de plantear un mundo perfecto y feliz por no existir en él patriarcado.

Criticar el “dualismo que domina el pensamiento humano”, en palabras extraídas del propio texto, y hacer ese crítica mediante la presentación de una construcción biológica y social alternativa, la de Gueden, no implica que dentro de nuestro mundo no pueda haber alternativas también: las diferencias no tienen por qué conllevar opresión, y más aún, el sexo puede entenderse como una categoría conformada por lo social y cultural más que por lo biológico. Esta idea puede ser difícil de aceptar y de asumir por muchas personas. No resulta extraño. Lo mismo ocurre con el libro de Le Guin: hay prejuicios que impiden comprenderlo. Que un autor de la talla de Stanislav Lem, capaz de inventar un mundo como Solaris para hacernos ver que nuestra concepción de la realidad –la de los humanos bípedos terrestres– no es la única posible, haya dicho, en relación con La mano izquierda de la oscuridad, que la vida de los guedenianos sería una “cruel amargura”, “una gran desdicha e infelicidad”, por no saber si van a convertirse en machos o hembras en el próximo kémmer, resulta francamente alucinante… (Para más detalles acerca del debate entre Lem y Le Guin, véase el magnífico prólogo de Pamela Sargent a la antología Mujeres y maravillas.)

La propia autora ha explicado su dificultad a la hora de referirse a los guedenianos, ya que el inglés tiene división genérica. También en castellano al leer el libro por primera vez cuesta hacerse a la idea de que se está hablando de individuos andróginos, puesto que se usa para ellos el masculino. Un buen ejemplo de la falsedad del pretendido uso del masculino como neutro.

La mano izquierda de la oscuridad es un intento serio, profundo y complejo de subvertir la visión dicotómica de los sexos-géneros humanos. Supone la creación literaria de un mundo completo; es una historia de amor y amistad entre dos seres, Genly Ai y Derem Har rem ir Estraven, que han nacido en planetas muy distintos; es la narración de un viaje inolvidable.

Este artículo ha sido sólo una aproximación a un tema (feminismo, teoría queer y escritoras de literatura fantástica), del que me gustaría saber mucho más, por lo que agradeceré cualquier aportación.

Lola Robles, mayo 2008

(Podéis encontrar más información sobre las autoras citadas en este mismo blog (ver ETIQUETAS) así como sobre sus obras en la Bibliografía de escritoras fantásticas)

Referencias bibliográficas:
– CARD, Orson Scott (comp.) (2007): Obras maestras: la mejor ciencia ficción del siglo XX, Barcelona: Ediciones B.
– GRIFFITH, Nicola (2006): “Los nuevos alienígenas de la ciencia ficción”, en Gigamesnh, núm. 43, pp. 19-25.
– (1998): Río lento, Barcelona: Ediciones B.
– HARAWAY, Donna (1995): “Manifiesto cyborg: Ciencia, Tecnología y Feminismo Socialista a finales del siglo XX”, en Ciencia, ciborgs y mujeres: la reinvención de la naturaleza, Madrid: Cátedra.
– NAVARRO, Antonio José (comp.) (2007): Venus en las tinieblas: relatos de horror escritos por mujeres, Madrid: Valdemar.
- PEARSON, Wendy (2006): “Ciencia ficción y teoría queer”, en Gigamesh, núm. 43, pp.55-68. - PHILLIS, Julie (2007): Alice B. Sheldon: la doble vida de Alice B. Sheldon, James Tiptree, Jr., Barcelona: Circe.
- RODRIGO, Desiré, y Helena Torres (2005): “Cyborgqueers, o de cómo deshacer al homo sapiens”, en Teoría queer: políticas bolleras, maricas, trans, mestizas, Madrid,: Egales, pp. 187- 211.
- TRUJILLO BARBADILLO, Gracia (2005): “Desde los márgenes: prácticas y representaciones de los grupos queer en el Estado español”, en El eje del mal es heterosexual: figuraciones, movimientos y prácticas feministas queer, Madrid: Traficantes de Sueños, pp. 29-44.