miércoles, 22 de enero de 2014

Empezaron a crecerle ojos en las manos

CORTINAS



José Luis Zárate




A la señora Salas empezaron a crecerle ojos en las manos.

Mi abuela preparó una gelatina y fuimos a dejársela.

La casa olía a medicina, a encierro, a sal, a silencio, a lágrimas.

Esperamos mientras la señora Salas bajaba a saludarnos.

Alguien había retirado los cuadros y cubierto el televisor con una sábana. Un foco roto pendía aún del cable.

Escuchamos unos pasos arriba, un golpe sordo, cuchicheos. Una risa que no iba de acuerdo con todo lo demás: con las flores pudriéndose en un florero, con el deslizarse de gatos de los parientes.

Pasos, firmes y rápidos. Unas piernas vendadas, un vestido amplio, la señora Salas bajando con las manos cubiertas con guantes.

Saludó a mi abuela con un beso, puso un instante su palma en mi mejilla. No sentí en ese breve roce un parpadear.

Hablaron de nada importante.

Al final hubo un atisbo de que no sólo habíamos ido por la gelatina.

−¿Tu…? –murmuró mi abuela dejándolo todo en suspenso.

−No pasa nada –dijo la mujer, tirando un poco de la punta de los guantes, como si le apretaran–. Ellas que se preocupan…

A los 45 minutos bajó una sobrina a decir con voz neutra que era hora de la medicina. Se hizo a un lado cuando la señora Salas pasó a su lado.

Alguien más nos ofreció desinfectante antes de irnos.

−No entiendo cómo está tan calmada– murmuraba mi abuela al alejarnos.

Media calle más allá pude escuchar de nuevo la risa cristalina. Miré sobre mi hombro la casa. Todas las ventanas estaban cubiertas con cortinas. Menos una, abierta e iluminada.

La señora Salas se asomaba lo más posible por ella.

La risa era suya, y tenía las manos desnudas abiertas, tratando de abarcar el cielo.

Supe entonces que, efectivamente, no pasaba nada. El único drama estaba en ellas, quienes fueran, que trataban de meterla, de cerrar las ventanas, de correr las cortinas, todo a un mismo tiempo.



Tomado de http://imaginacionmx.tumblr.com/post/74184066581/jose-luis-zarate