lunes, 13 de enero de 2014

Sobre tres novelas de Ballard


Trascendencia y religión en la obra de J.G. Ballard


por Manuel Winocur (*)
max-ernst-europeMi objetivo para este trabajo es hacer un análisis y una evaluación de las temáticas de la trascendencia, el mesianismo y la religión en la obra de J.G. Ballard. Para eso me voy a referir a las novelas The Crystal World (1966), The Unlimited Dream Company (1979) y The Day of Creation (1987). Para mi análisis tendré en cuenta los análisis de Mike Holliday en “A Home and a Grave” (2007), de Warren Wagar en “J.G. Ballard and the Transvaluation of Utopia” y de Pablo Capanna en su ensayo J. G. Ballard, el tiempo desolado.
En las tres novelas hay una fuerte presencia del componente trascendental, una búsqueda y una transformación que permitiría a los protagonistas el acceso a una realidad por encima de la realidad[1]. A su vez esa forma de trascendencia se contrasta a menudo con el discurso religioso y también con el discurso de los medios. La pregunta que busco responder es cuál es la valoración que hace cada novela respecto de estos elementos, y cuál es entonces el trasfondo de esta trascendencia. Es mi intención dilucidar si se trata de una verdadera propuesta superadora o una crítica velada al mesianismo. Warren Wagar en el artículo antemencionado intenta defender lo primero, postulando que la narraciones topográficas de Ballard son efectivamente utopográficas, que hay una utopía de fondo aunque transvaluada[2] es decir, desplazada en sus valores fundamentales. Por su parte Mike Holliday presenta una lectura donde sospecha de la validez de esta utopía. Él lee The Unlimited Dream Company como una reflexión velada de la psicología fascista, a través de un narrador poco confiable, megalomaníaco y paranoide. Es posible extender esta lectura a las otras dos novelas que nos ocupan y ubicarla en el polo opuesto al de la de Wagar. Mi intención es, a través del análisis de las novelas, demostrar que ambas lecturas se socavan la una a la otra y reponer la tesis de Capanna que nos permitiría superar esa contradicción y sostener las dos lecturas en una suerte de dialéctica negativa.
¿Qué forma toma la trascendencia o “utopía transvaluada” en la obra de Ballard? Como señala Capanna, se trata de algo más allá de las formas tradicionales de la virtud religiosa o la utopía. Es una suerte de búsqueda de una unidad primordial con el mundo. Cito de Crystal World:
There the transfiguration of all living and inanimate forms occurs before our eyes, the gift of immortality a direct consequence of the surrender by each of us of our own physical and temporal identities. However apostate we may be in this world, there perforce we become apostles of the prismatic sun. (Ballard, 1966: 88).
Retomaré esta cita más adelante pero deseo extraer de momento que no hay una coincidencia entre las virtudes de la fe y el estatuto frente al prismatic sun, símbolo de la trascendencia propuesta por el autor.  Podemos poner esta cita a la par de esta otra de The Unlimited Dream Company:
Acaso los vicios de este mundo sean metáforas de virtudes en el otro. [For all we know, vices in this world may well be metaphors for virtues in the next](Ballard, 2009: 82).
Vemos de entrada lo que la fe ya no es vehículo válido para obtener la trascendencia. Podemos sintetizar aquí entonces el rol de la religión en estas novelas: se trata de un conjunto de virtudes caducas, una búsqueda de trascendencia que no puede superar su propia historicidad. Si la cristalización es la superación del tiempo, la cruz enjoyada derrite el cristal por su exceso de tiempo, de historia. Los apóstatas de Ballard, el padre Wingate y el padre Balthus, dan cuenta de esa caída de la fe, de su incapacidad para alcanzar la unidad que persigue la utopía propuesta. El padre Wingate está en retirada: mueve los bancos y despeja la iglesia, abandona la sotana y los libros, porque ante la visión del Blake renacido no puede sino cerrar la iglesia, declarar caduca su fe. Dice el padre Wingate: “Créame Blake, desde ayer tengo una sensación incómoda: no es que usted esté vivo, sino que nosotros estamos muertos.” (Ballard, 2009: 81-82). La muerte es la vida burguesa suburbana. El buen cristianismo y el tedio al que Blake[3] no puede adecuarse al principio de la novela, y que su divinización pagana viene a dejar caduca. La religión, en fin, es cosa del pasado, del tiempo, y de la muerte. ¿Cuál es la trascendencia que propone Ballard entonces? Capanna rastrea el misticismo de Ballard en ciertas corrientes neopaganas. Dice al respecto:
Siguiendo la mejor tradición del gnosticismo y el hermetismo, (…) Ballard aspira a la unidad de los contrarios. Busca reconciliar las divisiones fundamentales de luz y sombra, cielo y tierra, tiempo y espacio, en la posible fundación de un tiempo arqueopsíquico.” (Capanna, 1993: 90).
Esto apoyaría la tesis de Wagar: presentar una utopía distinta, con nuevos valores que entran en conflicto con la utopía política burguesa. Wagar lo sintetiza de esta manera:
In a moral cosmos, thanks to the postmodern sensibility- where good and evil no longer exist, where life and death are the same, where the past and all its prescriptions are dust-the pilgrim cannot pick and choose among his delights. Everything becomes delightful,  without exception. (Wagar, 1991: 54).
Moralmente hablando, el personaje de Ballard viene a desplazar la noción de virtud por una nueva sensibilidad que tendrá distintas variantes en cada una de las novelas.
unlimited_detailEs notable que en la novela más tardía, The Day of Creation, plagada de analogías bíblicas, se sustituya a estos curas apóstatas por un representante del mundo de la televisión. En esta novela, la fama es como la religión: un falso medio para una falsa trascendencia. Sanger le promete a Mallory una forma de trascendencia adecuada a su tiempo, algo tangible, la posibilidad de convertirse en “(…) a messiah for the age of cable television.” (Ballard, 2006: 280) Pero Sanger es sólo otro falso profeta y su película fracasará. En las otras obras el discurso mediático también reaparecerá para demostrar una vez más su incapacidad de dar cuenta de una realidad mucho más compleja que la reducción de la pantalla de la televisión. Se trata, para Ballard, de un discurso sentimentalista, condensado y simplificado, procesado para el cómodo burgués sentado frente a la pantalla.
Entonces Blake y Mallory serán como mesías paganos, y el espacio a su alrededor parecería retroceder hacia una etapa de unidad anterior, una “primordial soup…” (Ballard, 2006: 279) o mundo pre-cristiano donde no se ha efectuado todavía el divorcio de los opuestos. Puede hablarse de un jardín de Eden, un “Maiden world” (Ballard, 2006: 115) donde la gran escisión entre el bien y el mal todavía no tuvo efecto; o una naturaleza exuberante y fértil que retoma el animismo pagano. El agua, si seguimos la tipología de Pringle[4], nos remitirá al pasado. En cambio, la trascendencia de The Crystal World está en el eterno presente que supera al tiempo.
La superación de la temporalidad es una temática que se repite, pero que está desarrollada esencialmente en The Crystal World. El tiempo está ligado a las debilidades corporales, a la enfermedad y la decadencia. Suzanne Clair es una de las que se deciden por esta forma de trascendencia cuando empieza a sufrir los síntomas de la lepra, enfermedad representativa de la degradación y la entropía. El cristal permite detener el avance de la muerte y de la decadencia del cuerpo, como dice la cita anteriormente referida: “….the gift of immortality a direct consequence of the surrender by each of us of our own physical and temporal identities” (Ballard, 1966: 88). Pero no todos los personajes aceptan esta entrada a la eternidad, porque esta significa la no vida. El protagonista curiosamente no ingresa al modo mesiánico de inmediato como en las otras dos novelas, sino que se ubica en una posición de duda, hasta el final de la novela. Comentan Gomel y Weninger en su artículo “Romancing the Crystal…”:
Those who voluntarily enter the crystalized forest do so because they suffer the pain of corporeal existence. Lepers and the walking wounded flock to the enchanted domain to fuse with the gemstones of this deadly New Jerusalem in a culmination, which combines the terrors of the tribulations with the deceptive allure of the millennium (Gomel y Weninger, 2004: 83).
No se puede decir que sea una utopía unívoca sino más bien una mezcla entre el deseo y la posibilidad del cuerpo congelado y eterno, y el apocalípsis de la decadencia y la entropía del universo. Por su parte Capanna habla de una reunificación de las coordenadas de tiempo y espacio, en un paraíso primordial donde la escisión entre las dos coordenadas no se ha efectuado, y en ese lugar sin tiempo no hay muerte porque la muerte es consecuencia del tiempo. Estos personajes viven en una suerte de tiempo mesiánico, y no olvidemos que en Ballard, tanto el tiempo como el espacio son a su vez una reflexión sobre el sujeto:
En vez de tratar al tiempo como una especie de exaltado tren en miniatura, me gustaría que se lo usara por lo que es, una de las perspectivas de la personalidad, y que se elaboraran conceptos como zona de tiempo, tiempo profundo y tiempo arqueopsíquico.” (Ballard: 2001, 3).
Si bien sostiene la ambigüedad entonces sobre la validez universal de estas formas eternas o primordiales de temporalidad como utopía comunitaria o entrada al modo mesiánico de un sujeto en particular, yo me inclino por la segunda opción.
Las nociones de espacio interior y espacio exterior que funda Ballard en su artículo “Cuál es el camino al espacio interior” (2001) resultan fundamentales para entender la manera en que los protagonistas de Ballard se relacionan con el medio y para detectar los significados detrás de las transformaciones topográficas. The Crystal World será desde mi punto de vista la novela más utópica porque la relación entre la transformación del espacio y el personaje de Sanders es desde afuera hacia adentro: el entorno, el apocalipsis de lo eterno transforma radicalmente al protagonista y le presenta la simbiosis con ese espacio como una posibilidad de trascender al tiempo y a las debilidades del cuerpo. Al respecto, dice Capanna: “En The Crystal World, donde tanto lo viviente como lo inerte se cristalizan para siempre, se detiene el tiempo y se alcanza la eternización de lo mudable, superando todas las contradicciones.”(Capanna, 1993: 80). Mientras que  Holliday en su lectura fascista invierte esta relación de simbiosis con el espacio en el caso de Blake, el personaje de Unlimited Dream Company: “There is a resulting confusion between the inner and outer worlds; intimate experiences may be interpreted as hostile (…) The paranoid individual ‘overflows and fades away at one and the same time. [The paranoid mind] invests the outer world boundlessly with its own content.’[5]” (Holliday, 2007: 5-6). La relación con el espacio va desde la manía interna hacia el afuera. Y este ejemplo, evidentemente, se reproduce enThe Day of Creation, donde se insiste en que el río es una creación de Mallory, un fragmento de sus propios sueños que él busca destruir. Entonces, en este sentido, la relación topográfica varía a lo largo de la obra del autor, desde una primera posibilidad de simbiosis entre el espacio exterior y el interior, hacia una confusión y una relación de rebalse de la subjetividad dominante del protagonista. Tanto Blake como Mallory cuestionarán a menudo esta relación que establecen con el espacio transfigurado, se preguntan si acaso las transformaciones pertenecen al ámbito de sus sueños personales, a sus propias obsesiones. Blake se pregunta si acaso no habrá muerto ahogado en la cabina del Cessna. Y yo me pregunto entonces si el espacio de Ballard es tanto una hiperrealidad donde confluyen el mundo onírico y el real, o si se trata de un espacio confundido, mediado por la subjetividad enferma de un obsesivo. Muchas pistas nos llevan a pensar en esta segunda posibilidad. Las que marca Holliday por ejemplo en laUnlimited Dream Company: las relaciones de violencia que establece Blake con los demás personajes, el hecho de que muchas de las cosas que suceden se le sugieren previamente (por ejemplo la doctora Saint Cloud le sugiere que tal vez se esté volviendo un dios pagano). Es notable cómo en las tres novelas se cruzan la obsesión por el sexo y por la violencia, por el ansia de dominar al otro, a Noon, al Río, a la niña inválida, a la mujer leprosa. Holliday lleva su lectura al extremo para decir que la novela presenta a un personaje fascista, una característica que pienso puede aplicarse particularmente a Mallory. Para tender un puente con los motivos religiosos de la obra, recupero un pasaje de las sagradas escrituras en el que se lee “Y los bendijo, diciéndoles: «Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los seres vivientes que se mueven sobre la tierra»” (Génesis, 1:28). Aquí observo una codificación originaria de estas relaciones de dominación y sometimiento. Tal vez, entonces, Mallory y Blake no trasciendan en verdad la moral religiosa, puesto que siguen poniendo en juego las mismas relaciones de dominación y violencia que caracterizan a esos grupos religiosos en apariencia caducos.  Los dos personajes buscan fecundar y someter al resto de los personajes, se refuerza el cruce del sexo y la violencia.
Todo esto nos lleva a pensar que la trascendencia que presenta Ballard no es tan unívoca. A la luz del comentario de Holliday, ciertos planteos de Wagar parecen flaquear. Wagar insiste sobre el aspecto comunitario de la utopía de Ballard, sobre la formación de “células utópicas” que atraviesan esa transformación. Pero si rastreamos las formas de la violencia y coerción con que los personajes mesiánicos mantienen relaciones con otros personajes nos resulta imposible sostener esta idea. Noon fluctúa siempre en relación a Mallory, como objeto de deseo y espíritu de la obsesión por el río. No tiene autonomía en su propia trayectoria. Lo mismo sucede con los grupos comunitarios: los leprosos, o los vecinos de Shepperton, o los guerrilleros de Harare. Estos colectivos sólo existen como ganado para el mesías, como cuerpos que alimentan su propia obsesión y su propia trayectoria, y aquí es cuando la utopía se desmorona. “The women clutched at my arms, pointing to their stricken infants, hoping that I might find some medicine for them” (Ballard, 2006: 259) Los enfermos de The Day of Creation buscan en Mallory y en su río la cura para sus enfermedades y no la encuentran. Mallory fracasa como mesías donde Blake parecería haber tenido éxito, pero como ya establecimos no podemos confiar en su punto de vista. Lo que resulta inequívoco es que la transformación de la gente de Shepperton es parte de la trascendencia del mismo Blake, de su propia condición de pastor pagano que engulle y luego expele a los vecinos. En este punto Holliday desarma la concepción de una utopía comunitaria. En el mejor de los casos, las narraciones de Ballard son formas de trascendencias individuales e internas. En el peor de los casos son reflexiones sobre falsos mesías, violentos y megalomaníacos. ¿Cuál es cada caso? Imposible decirlo con seguridad. Por su parte Holliday omite reconocer la moral desplazada de Ballard y condena a los personajes por sus actos “malvados”, cuando, dentro de la brújula moral de Ballard, sería imposible pensar la violencia, la egomanía, y la obsesión con el sexo y la enfermedad como valores negativos. Holliday no se deja llevar por la posibilidad de una moral nueva donde todo puede ser objeto de placer, y se queda con ciertas categorías burguesas de virtud y bondad que no parecen pertinentes. Pero no podemos dejar de lado sus indicaciones, al fin y al cabo el vicio es “metáfora” de la virtud; es decir, mera representación mental de la virtud.  El icónico comentario del padre Wingate, “For all we know, vices in this world may well be metaphors for virtues in the next” (Ballard, 2009: 82), guarda en sí esa ambivalencia irreconciliable.
Pero en todo caso las tres novelas no son iguales. Difiero de Capanna cuando dice que Ballard escribe una y otra vez la misma historia. En las novelas que vengo abordando los tópicos planteados se despliegan de diferentes formas, y las lecturas que las novelas admiten, pueden coexistir en un marco de contradicción. En The Crystal World se pondrán en juego dos lecturas sobre la utopía del mundo eterno de cristal: coexiste la posibilidad de interpretar una lectura crítica de la utopía idealista, que es la utopía de los enfermos y los heridos, o una lectura más directa de la posibilidad de trascendencia a través de la abolición del tiempo. El foco ya no es el mesianismo de un narrador en primera persona, sino que Sanders es más bien testigo de las diferentes formas en que los individuos y los colectivos enfrentan la cristalización del mundo. En The Day of Creation se problematizará la relación de Mallory creador con su creación, la posibilidad de dar vida al Sahara contrastando con su obsesión por la destrucción y el dominio del río que él ha creado. En este caso nos inclinamos más al fracaso del deseo trascendental por la resolución del conflicto que termina con un río desecado, aguas estancadas llenas de insectos y malaria, y la imposibilidad de establecer una relación con Noon, el objeto de deseo y personificación del río. Y finalmente la novela intermedia, The Unlimited Dream Company, será probablemente la más ambigua y la más difícil de leer.
Para finalizar y dar un ejemplo de esta ambigüedad, deseo mencionar los primeros capítulos de esta novela donde el protagonista habla de sus años de formación. Allí se van planteando los diferentes puntos de la obsesión de Blake que luego se realizarán a partir del choque. Como marca Wagar, el momento de la trascendencia se encuentra cerca del principio de la novela, pero revela de entrada las características de su imaginario utópico: la fertilidad exacerbada, el vuelo de propulsión humana, el “complejo de flautista de Hamelin”, es decir, el deseo de guiar a la multitud hacia esa nueva utopía, de ser el líder y padre fundador de un nuevo culto. Luego de enumerar una serie de fracasos en su intento de vivir en el mundo real el narrador Blake dice: “…a pesar de todos estos fracasos conservaba una fe obstinada en mí mismo: mesías aún sin mensaje que alguna vez se construiría una identidad única con este rompecabezas incompleto.”(Ballard, 2009: 13). De nuevo surge la duda: ¿esta secuencia funciona como manifiesto de una utopía desplazada como pretende Wagar, o, como dice Holliday, revela una mentalidad obsesiva y megalomaníaca que proyectará todos estos deseos en su espacio imaginario?
Mi conclusión es que lo más justo es aplicar la misma lógica de Ballard para reconciliar estas dos lecturas de su obra, sin reconciliarlas en verdad. Prefiero entonces pensar la trascendencia en estas obras como las bodas entre la esperanza y el nihilismo, entre un Ballard “integrado” y uno “apocalíptico” (según las categorías de Eco que retoma Capanna). Cito a continuación la tesis en la que Capanna realiza una prolija síntesis:
(…) Ballard entiende que el mal y el bien son tan solo dos aspectos de lo mismo, y que por ambos caminos se llega a la gnosis, el saber absoluto; eso hace posible que sea a la vez apocalíptico e integrado, nihilista y humanista” (Capanna, 1993: 90).
Considero que las valoraciones de sus personajes son lo suficientemente críticas como para pensar un Ballard capaz de crear utopías neopaganas que constantemente se socaven a sí mismas, como si desconfiara de su propia espiritualidad; es capaz de fundar una moral novedosa y cuestionarla una y otra vez, hasta presentar su fracaso, o un éxito relativo, incómodo. Propongo entonces leer estas obras en su doble emergencia, como propuestas de utopía (o utopografía) y críticas de la falsas nociones de lo trascendental; ambas posiciones coexisten en una suerte de dialéctica negativa. La siguiente afirmación de Capanna es resume esta posición estética: “Esa ambivalencia, que oscila entre la condena y la delectación, es lo que más nos inquieta.” (Capanna, 1993: 10).
Bibliografía
Ballard, James Graham, 1966, The Crystal World, London: Jonathan Cape.
Ballard, James Graham, 2001, “¿Cuál es el camino al espacio interior?”, publicado en revista Artefacto n. 4, en http://www.revista-artefacto.com.ar/revista/nota/?p=101, consultado el  13 de enero 2014.
——————————- 2009, Compañía de Sueños Ilimitados, trad. Enrique Pezzoni y Marcial Souto, Barcelona: Mondadori.
——————————- 2006, The Day of Creation, London: Harper Perennial.
Capanna, Pablo, 1993,  J. G. Ballard: el tiempo desolado, Buenos Aires: Almagesto.
Gomel, Elana y Weninger, Stephen, 2004, “Romancing The Crystal: Utopias of Transparency and Dreams of Pain”, en Utopian Studies, vol. 15, n. 2 pp. 65-91.
Holliday, Mike, 2007, “A Home and a Grave”,  publicado en www.ballardian.com  (consultado el 17 de julio de 2013).
La Biblia, 1981, trad. Armando J. Levoratti y Alfredo B. Trusso, Madrid: San Pablo.
Wagar, Warren. W., 1991, “J. G. Ballard and the Transvaluation of Utopia”, en Science Fiction Studies, Vol. 18, No. 1, pp. 53-70

* Manuel Winocur es estudiante inicial de la Carrera de Letras (UBA), con seis materias aprobadas.
[1] Hiperrealidad o superrealidad si se quiere.
[2] La palabra no existe en español ni tampoco su equivalente en inglés, por lo que propongo el neologismo.
[3] Los puentes que se puedan tender entre Ballard y William Blake exceden el alcance de este trabajo pero en todo caso el texto mencionado de Holliday trata el texto de Ballard en relación con El libro de Urizen de William Blake.
[4] Referida en el texto de Capanna p. 35, que asocia en Ballard los elementos del agua, la arena, el cemento y el cristal con el pasado, el futuro, el presente y la eternidad respectivamente.
[5] Cita de Dialectic of Enlightment de T. Adorno en el texto de Holliday.



Tomado de http://litinglesa.wordpress.com/2014/01/13/trascendencia-y-religion-en-la-obra-de-j-g-ballard/