sábado, 13 de febrero de 2016

Cuándo lo no dicho es real

Algo más (Marcelo Cohen, 2015)



POR GONZALO BUSTOS


La política ya no es lo que era. Trascendió sus límites rígidos, los que por momentos parecían reducirla a congresos, organismos específicos, personas determinadas. La política se ha masificado; incluso, hasta podría decirse que se ha puesto de moda. Hoy la vemos en todas las esferas de la vida social. Cualquier decisión es política, defender una idea, ser fiel –o no– a un modo de entender las cosas, cómo actuar y relacionarse. Hoy todo se ha vuelto político.
intratables
A ese modo de entender la política responde el último libro de Marcelo Cohen, Algo más, editado por Paprika. La historia comienza con un pueblo, el de la Isla Krump (ubicada en un mundo imaginario llamado Delta Panorámico), pidiendo la cabeza de su gobierno (“aunque no sabe para qué la quiere”) que ha entrado en crisis económica licuando los ahorros de sus habitantes tras años de prosperidad. En medio de esa protesta se encuentran dos jóvenes, Gaco y Tamastú, que iniciarán una relación ad eternum que se irá fortaleciendo por las ansias de conocimiento, de algo más: por las ganas de entender el mundo.
En la búsqueda que llevan a cabo irán atravesando diferentes actividades y nutriéndose de teorías para apoyarlas . Irán haciendo política desde el arte, el turismo, la actividad agrícola, la producción, la educación. Todo ese recorrido, fogoneado por textos largamente perdidos y que parecen no interesar a nadie, se ve atravesado por la una sola idea: la de comprender y modificar los injustos sistemas políticos en que viven, aunque terminen sabiendo que siempre sucumbirán ante esa maquinaria. Pero antes de llegar a ese punto probarán diferentes estrategias de cambio y harán un camino basado en prueba, triunfo y error.
Otro atractivo que tiene Algo más, más allá de sus ¿coincidencias? con el mundo actual, es que se trata de una novela de ciencia ficción. Es una fabula en un mundo futuro con una organización y un lenguaje propios (la palabra “novia”, por ejemplo, es anticuada). En ese mundo creado, en cómo se da la organización político-territorial y en el tratamiento de los subtemas que giran en torno a la historia central, hay un acercamiento aLos juegos del hambre; y desde un punto de vista más netamente político, con el foco puesto en la vigilancia-control ejercida por el gobierno, hay un acercamiento a 1984 de George Orwell. Así, mezclando política e imaginación futurista, Cohen estira los límites de los géneros literarios creando un texto que fluye, se complejiza y atrapa.
La historia de Cohen es también una pregunta por el lenguaje. Por cuánto influye en las personas el modo en el que se le cuentan las cosas, cuánto de lo no dicho es real —o si sólo es real lo que se dice—, cuántos modos hay de poner en palabras las ideas. Y, sobre todo, si es posible auditar el lenguaje: Cohen parece tener algunas intuiciones valiosas.